De cara

Valdano acepta el disfraz

Contando la verdad, Jorge Valdano se ha puesto un poco más en contra al madridismo. Si ya estaba abiertamente señalado por esa numerosa y ruidosa escisión que Mourinho ha conseguido arrancar de la idiosincrasia clásica del club, con sus últimas declaraciones a Eurosport el ex director general ha agrandado la fractura. Ahí está uno de esos presuntos disfrazados, el principal,  al que aludía hace unas semanas el entrenador portugués.

Posiblemente las palabras de Valdano haya que contextualizarlas precisamente como respuesta a las acusaciones de su antagonista. Una forma contundente de decirle “no me vas a callar”, de exhibir su predisposición a resistir el combate dialéctico. Su defensa de la cantera blanca, la reivindicación de Guti, Raúl y compañía, es un desmentido en toda regla a la revisión histórica que Mourinho ha pretendido hacer recientemente del esqueleto del club. Y por ahí el hispano argentino hasta se habrá ganado adeptos.

Pero con sus encendidos elogios a Guardiola y Messi, ciertamente indiscutibles, Valdano sí ha conseguido escocer a una horquilla mayor del madridismo. Es verdad que siempre había mostrado su admiración por ambos rivales, pero nunca en esa proporción de desempate con respecto a los representantes de Chamartín. ¿Lo habría dicho con tal rotundidad estando a sueldo del Madrid? No. ¿Era el cargo lo que le impedía expresar semejante reconocimiento en sus tiempos de asalariado o es el despecho hacia Mourinho lo que le mueve ahora en sus intencionadas reverencias a los méritos del adversario?

Valdano tira de currículum en la entrevista, como jugador, como entrenador, como directivo y como socio abonado, para rechazar que un recién llegado le pueda venir a estas alturas a dar lecciones de madridismo. Y también recurre a la sinceridad, a pronunciarse con la frialdad que lo haría cualquier aficionado neutro, para desahogar su particular sensibilidad del fútbol y de la vida. Incluso con su brillantez habitual en las comparaciones (“Guardiola es el Steve Jobs del fútbol”). Pero a los madridistas, tanto a los modernos mourinhistas como a los clásicos disfrazados, su discurso les ha sentado muy mal. Y eso es lo que quizás no ha medido.


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