De cara

Tito cambia el paso a Mou

Tito no va a poner la otra mejilla. Eso ya está claro. No es Guardiola. Si hay un charco a la vista, lo pisa. Si alguien le ataca, no se defiende, contraataca. Y no pregunta mucho, no espera; si le citan con la muleta, embiste. El Clásico sirvió como prueba definitiva. En la sala de prensa alguien le contó al técnico con maldad que Mourinho había hablado del arbitraje, que se refirió a las acciones en el área del Barcelona pasadas por alto, y a por él que se fue Vilanova: “Si hablamos del arbitraje, hablamos de todas las jugadas, no sólo las que le interesen a él”. Luego le relataron que Pepe había llamado teatrero a los azulgranas y a por él que se fue: “Podemos hacer un vídeo con todas sus acciones y sus patadas”. El sucesor de Pep no huye de la confrontación ni del cuerpo a cuerpo. Nada grave, pero sí novedoso. 

Tito no se corta ni con los suyos. A diferencia de la complicidad mostrada por el propio club, el entrenador del Barça, dio también en la previa su opinión, sensata, crítica y quizás impopular en su casa, sobre el uso del clásico que pretendió hacer el agitado movimiento independentista catalán con el tifo de la estelada y los gritos del minuto 17. Vilanova se desmarcó de la contaminación antes de que se produjera: “Esto es un partido de fútbol, nada más. Lo demás, si algún día hay que discutir de temas políticos, se hará en otro sitio”.

Es la novedad de los clásicos, cuyos actores son los mismos que siempre y los papeles también. Menos Tito, que es primerizo en el cargo. No parece que salga a provocar, pero tampoco se va a callar. Toda una revolución con respecto a los tiempos moderados y angelicales de Guardiola. Y el caso es que es esa forma de actuar del actual entrenador culé la que tiene más sujeto a Mourinho, que apenas habla ya de los demás. Sus discusiones son ahora con la prensa o con su propio vestuario. Pero el luso no parece estar dispuesto a subir al ring con su nuevo y más enconado adversario, al que saluda y se refiere de forma caballerosa. Un arrebato de señorío o quizás de descolocación. El caso es que con Vilanova, como respetuosamente le llama ahora,  Mou no quiere pelear. Sabe que si al final lo hace, Tito contestará. De eso ya no hay duda.


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