De cara

La Roja y el riesgo de los caprichos

No es plan de perderle la fe a esta selección por un par de resultados negativos. Pero tampoco tiene mucho sentido esa tendencia tan extendida de negar cualquier espíritu de crítica o reproche al combinado nacional y a las decisiones de su máximo responsable. Ha ganado mucho La Roja, con Del Bosque lo ha ganado todo, pero incluso cuando lo hace, acumula puntos o matices discutibles. Y lo curioso es que es el propio seleccionador el que mejor acepta la discrepancia. El elegido mejor entrenador de 2012 (salvo mejor opinión de Mourinho) asume las opiniones contrarias con mucha más normalidad que su encendido ejército mediático de aduladores.

Y por ahí una de las costumbres menos defendibles de don Vicente (aunque ya saben, mayoritariamente comprendida, que la moda es no rechistar) es la de hacer jugar a los internacionales por paisanaje. Una concesión diplomática que se entiende, si acaso, en los compromisos amistosos, pero que no resulta muy justificable en los de calado oficial. Y que curiosamente está siendo penalizada. No hay una conexión necesaria entre esta práctica y los inesperados resbalones de la selección, pero el caso es que han coincidido.

España jugó en Gijón ante Finlandia y Del Bosque entendió que debía corresponder a los anfitriones, y viceversa, con la presencia en el equipo de todos los asturianos. Villa y Cazorla, de principio, y Mata (ovetense, aunque natural de Burgos) más tarde. Poco después de saltar al campo el futbolista del Chelsea, los nórdicos empataron. ¿Existió alguna relación causa-efecto entre el resultado y la decisión? ¿Era la sustitución que demandaba el partido o fue simplemente un guiño al respetable?

No es la primera vez. En el encuentro de la primera vuelta ante Francia, el seleccionador dio entrada en los últimos minutos del partido a Fernando Torres. El encuentro se jugaba en el Vicente Calderón, la casa sentimental del hoy futbolista del Chelsea. Al rato empató Francia. ¿Existió alguna relación causa-efecto entre el resultado y la decisión? ¿Era la sustitución que demandaba el partido o fue simplemente un guiño al respetable? En esta ocasión, ante una pregunta directa al respecto, el seleccionador admitió que ambas cuestiones tuvieron que ver en la medida.

Del Bosque le quita importancia. Cuidar el factor ambiental del público y el plus emocional de los jugadores que juegan en casa le parece beneficioso. Está claro que si lo viera nocivo para la selección, no se dejaría llevar por ello. Pero tal vez convenga revisar la tentación. Ese tipo de sustituciones delatan un exceso de confianza, invitan a pensar que el entrenador da el partido por concluido. Estar más pendiente de lo lateral (los homenajes) que de lo central (el partido) afecta al equipo, que recibe el mensaje y subconscientemente se relaja.

Ha pasado ya dos veces: justo después de esos cambios políticos o caprichosos (insisto, no necesariamente como consecuencia de ellos), La Roja ha dejado escapar puntos que tenía ganados y controlados. Pero aunque los guiños no tuvieran que ver con el resultado, aunque la selección ganara a partir de ellos, también sería recomendable ahorrárselos. Se agradece la buena intención del técnico, pero no es serio que una selección campeona decida la composición de su equipo en función de la proximidad afectiva de algunos futbolistas al escenario donde se juega. No, no lo es.


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