De cara

La Roja se gana enemigos

España se pegó un tiro en el pie. La Federación se lleva a la selección de gira popular por todos los rincones de España y del mundo con el único fin, además del de engordar sus arcas, de proyectar su saludable imagen de campeona. Y llegada la hora de la verdad va, se esconde y se pone estupenda. Y claro, lejos de ganarse la simpatía de la gente acaba conquistando su desprecio. Ayer lo que sonó a su alrededor durante un buen rato no fue el previsto “campeones, campeones” sino un estruendoso “fuera, fuera”.

España jugará hoy un amistoso en Pasarón, el campo de Pontevedra. Allí la llegada de los campeones del mundo y de Europa constituye el acontecimiento del año. No sólo en la ciudad, en toda la provincia. No se había congregado nunca tanta gente en el aeropuerto de Peinador, en Vigo. Cientos y cientos de entusiastas aficionados para acoger a la Roja. Las fotografías sobrecogen. Pero el recibimiento acabó en ‘Bienvenido Mister Marshall’.

La selección fue desalojada de forma clandestina en una autobús desde la misma pista de aterrizaje, no fuera que la multitud la importunara con su algarabía. Así que lo que se compuso como fiesta acabó en enfado, bronca y abucheos. “Fuera, fuera”. Algo similar sucedió luego en el hotel de concentración en Alcabre. Nada, los futbolistas blindados y la hinchada abandonada. Quizás fue por seguridad, pero no lo explicaron.

A estas horas no se conoce aún al responsable de tamaña contracampaña de marketing. Está por descubrir. Pero en pleno periodo de expansión de la marca España y exhibición de Príncipes de Asturias, el tipo se cubrió de gloria. Silva justificó luego el plantón en que debían concentrarse en preparar el partido, lo que enfanga aún más el despropósito, y Del Bosque lo sorteó recordando lo que también fue verdad, que el entrenamiento vespertino fue a puerta abierta y con una multitud contemplándolo.

El caso es que España se subió a un avión para darse un baño de masas en una plaza de las no habituales con un partido amistoso y menor como excusa y acabó repudiada. Dando la espalda a los mismos aficionados que trataba de seducir, desatando su indignación. Por una vez antipática. Una escena innecesaria, evitable y poco habitual que no conviene repetir. Ser la campeona de todo, el espejo de los niños, también obliga. No es sólo jugar con la pelota. Para ganarse enemigos y afearse a sí misma no se va de gira.  


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