De cara

La Roja le debe la vida al Chelsea

Fernando Torres llega fresco y entero. Pletórico de velocidad, potencia y físico. Lo ha demostrado en el partido completo que ya lleva jugado en esta Eurocopa (la suma exacta de los 17 minutos frente a Italia y los 73 ante Irlanda). Con mayor o menor puntería, pero rápido, vivo, ganador y constante. El Niño recuerda físicamente al de sus mejores días. El peor curso de su historia, desposeído de minutos y protagonismo en su club de origen, infeliz por confesión propia pese a la conquista de la Champions, el sueño que motorizó su vida, condicionó su carrera y justificó sus deserciones, ha servido paradójicamente para entregarle a la selección su mejor versión. La desconfianza del Chelsea en su fichaje más costoso ha resultado finalmente una bendición para La Roja.

La temporada le ha dejado a Torres con el depósito lleno, lo que le pone en ventaja sobre sus marcadores y en paz consigo mismo, con unas prestaciones particulares que van muy asociadas a lo físico. Además le ha desatado el hambre. Y a última hora la confianza en una suerte, la del gol, que le ha llevado durante muchos meses, cuando no marcaba, al filo de la obsesión y la depresión.

Lo que no va a ganar Torres ahora es precisión, que en su caso nunca ha sido una garantía. Sus goles, que reunidos dan una sabrosa media, algunos elevados a la categoría de golazos, siempre han caminado sobre el alambre. Su definición no es una ciencia exacta, pero en su cabeza la portería vuelve a tener el tamaño grande. Los tres errores ante Italia amenazaron con devolverle al diván (de hecho, en varias acciones ante Irlanda, contaminadas de una generosidad mal escogida, se dejó afectar por el recuerdo de sus malas decisiones frente a Buffon), pero cuatro minutos le bastaron ante Given para recuperar el ánimo y la fe en sí mismo. Se nota suelto, fuerte y ya también importante. 

La Roja ha encontrado un nueve. Ya pueden retirarse a sus cuarteles de invierno los detractores, que siguen siendo multitud y acompañan desde el primer día al Niño con el rifle apuntando, porque ya nada le va a bajar de esta Eurocopa. Del Bosque jugó al debate y al escondite, decidió llevarse tres nueves puros a Polonia para no utilizar de salida a ninguno, pero entre lo que escuchó y lo que durante dos días le ha contado el propio Torres se ha quedado sin partida. Es verdad que la dimensión del último adversario no permite un sonido excesivo de campanas, pero a estas horas da lo mismo. El Niño ha recuperado el nueve, la felicidad y los galones. Nada le va a mover ya de ahí. Fernando Torres ha vuelto. 


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