De cara

Obama y los miserables

Volvió a ocurrir. El Atlético revalidó el título en el torneo internacional infantil de Arona y Salomón Obama, como hace seis meses en Benalmádena, esta vez junto a su hermano Fede (negros, fuertes y altos los dos, mucho más que los chavales de su edad), tuvo que escuchar los sucios y vergonzosos gritos procedentes de una grada plagada de padres de niños rivales de 12 años como ellos que tratan de hacerle pagar con el desprecio de sus alaridos las dimensiones desproporcionadas de su físico. Como si fuera delito su tamaño, como si él tuviera la culpa de lo que mide. Así es la sociedad en la que le toca vivir desde que abandonó Guinea y así es incluso en categoría infantil el fútbol en el que sueña conquistar la prosperidad.

Los Obama llevan tiempo de sobra jugando y ganando en el fútbol base español. El suficiente como para que alguien con atrevimiento o interés hubiera resuelto su desconfianza por la edad de los chicos en algún tribunal o comité deportivo. Pero no ha sido así. Lejos de eso, las federaciones pertinentes han validado sus fichas. Salomón y Fede juegan en la categoría a la que le dirigen sus documentos nacionales de identidad (4-2-2000), como también estudian en los cursos escolares correspondientes. Pero a un precio muy alto, el de soportar constantemente el insulto y la mofa vejatoria de sus elegantes adversarios.

Sus dimensiones son un tema socorrido e incontrolable de conversación en las redes sociales, donde el ingenio de algunos se mezcla con el mal gusto de la mayoría. Una cuenta falsa de twitter a su nombre (@ObamaSalomon) lo presenta así: "Nací en Guinea Ecuatorial, en mi pueblo era carpintero, tenía mujer y tres hijos. Vine a España y ahora juego en las categorías inferiores del Atlético de Madrid". Otros muestran menos gracia. Y al linchamiento bajan incluso futbolistas profesionales, como Ander Herrera: "Viendo el torneo alevín de fútbol7, qué bonitos eran estos torneos cuando jugaban (y jugábamos) niños de un físico similar entre ellos". Salomón no replica que qué bonitos eran los Juegos Olímpicos cuando los deportistas no ocultaban una lesión para poder acudir y salir en la foto. Nunca contesta. Se limita a desahogar a través de su cuenta verdadera (@SalomonObama) su felicidad por las victorias que obtiene sobre el césped y sus aprobados en el colegio.

No se sabe lo que deparará el futuro a Salomón y a su hermano Fede. Es evidente que no competir contra físicos similares desvirtúa su realidad futbolística y posiblemente perjudica su evolución, pero a cambio están recibiendo un curso acelerado de digestión del mundo hooligan. Tampoco se sabe dónde llevará el destino a esos adversarios pequeñitos que hoy sufren la superioridad de los atléticos. Lo que es seguro es que ellos, lleguen donde lleguen, recordarán ya siempre con vergūenza los gritos, las onomatopeyas (algunas especialmente denigrantes) y los insultos que sus propios padres regalaron con saña a unos niños rivales simplemente porque eran más corpulentos que sus hijos y les ganaban. Todo un ejemplo de deportividad y valores. Pocas conductas pueden llegar a ser tan miserables.


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