De cara

Nostalgia del partido único

Un provocador anuncio promocional de la Copa ha animado más el cotarro que la propia Copa. Algo que habla bien de la ocurrencia propagandística del Córdoba, pero sobre todo muy mal de la competición. El corazón del aficionado apenas ha sufrido sobresaltos en los partidos, rasgo característico y diferenciador de un torneo definitivamente venido a menos. La ida de los dieciseisavos de final, ya con los equipos de la máxima categoría por el medio, no ha sido generosa en sorpresas e incertidumbre. Los grandes no se han dejado molestar. Y la configuración del campeonato, reconstruida expresamente hace poco para protegerles, les ha ayudado a evitar arañazos. Han ganado los intereses, pero el aficionado ha perdido el interés. El partido único se echa de menos.

El gran problema es que el fútbol español ya lo probó y lo disfrutó. Y ahora cuesta renunciar a su encanto. Las eliminatorias a partido único en campo del equipo de menor categoría dejaron unos años de apasionante montaña rusa, con desenlaces inesperados, resbalones de los clubes más poderosos y sueños contagiosos de los menos dotados. Emoción, nervios y máxima atracción. Todo eso se perdió en una perversa negociación en la que las televisiones tomaron el mando y los clubes agacharon la cabeza: los grandes a cambio de facilidades y los pequeños por un pellizco de euros. Se renunció al partido único y se estableció un sorteo dirigido a doble encuentro, la ida en casa del equipo de inferior categoría, y con un cuadro programado y dirigido de principio a fin. Se compró la supervivencia de los fuertes para las rondas finales a costa de asumir el aburrimiento.

Es verdad que hasta el Madrid o el Barcelona se toman al fin muy en serio la Copa, pero la propia estructura de la competición les favorece. Y al tiempo que España bostezaba stos días con su ronda copera, Inglaterra, cosida a la tradición del partido único y el sorteo puro, disfrutó con unas rondas cardiacas a todo o nada rebosantes de goles y emoción. El Arsenal remontó un 4-0 al Reading y le acabó eliminando por un 5-7. El Chelsea se cargó al Manchester United por 5-4. El contraste generó a este lado del fútbol una indisimulada envidia.

El Eibar y el Melilla animaron ayer un poco la jornada, como el Córdoba, el Almería o Las Palmas, que anunciaron algo de enigma para los encuentros de vuelta, pero en general la Copa supo a desigualdad y trámite. La tesis es clara: se rebaja el atractivo del primer tramo a costa de asegurar el de la fase final. No es una novedad, casi todos los torneos van en esa línea. Eso ocurre por ejemplo en la Liga de Campeones y la Europa League. Pero contra la Copa juega su propio recuerdo. Está demasiado reciente la otra fórmula, la del partido único, como para olvidarla. Se la extraña y mucho. Es una urgencia recuperarla.    


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