De cara

Nadal está otra vez aquí

Ganó el último tanto del partido, una bola que Del Potro devolvió fuera, y Nadal se dejó caer al suelo de espaldas, con los brazos extendidos y los puños bien apretados. Estaba celebrando su victoria en Indian Wells con rabia, con la emoción de un primerizo. Era su cuarta final desde que reapareciera después de siete meses de baja y dudas por una lesión de rodilla, su tercer triunfo, pero el primero en un Master 1000, ya una cosa seria. Y el mejor tenista español de todos los tiempos, posiblemente el mejor deportista, con 600 triunfos individuales como profesional a sus espaldas, ni quiso ni supo sujetarse. “Ha sido una de las victorias más emotivas de mi carrera”, dijo a Televisión Española nada más terminar, “por todo lo que significa y por venir de donde vengo”.

A Nadal le costó ganar. Dos horas y media. Tuvo que tirar de su poderío mental para aplicar una de sus célebres remontadas tras ceder el primer set. Y también de su desesperante liturgia en el saque y sus innegociables costumbres casi esotéricas. Ese viaje con la mano derecha (culo, hombro, hombro, nariz, oreja, nariz, oreja, y a veces pantalón como remate) que precede siempre a su primer servicio como fórmula para la concentración. Si el tenista falla el primer saque, en el segundo sigue el mismo guión pero sin tocarse ya el hombro. Cuando se sienta a reposar tras los juegos impares, el tenista español abre una botella de agua, bebe, la cierra; abre otra, bebe, la cierra, y luego coloca las dos ordenadamente, separadas apenas por unos centímetros. Cada vez parecen más sus manías, pero el juego empieza a ser el de siempre. Falló más de la cuenta al principio, pero acabó con su agobio característico sobre el rival, su seguridad y su decisión casi patológica de no rendirse nunca.

El manacorí fue el primer sorprendido de su último rendimiento. Del físico sobre todo. Ni por asomo esperaba encontrarse tan bien a estas alturas de reaparición, con la rodilla izquierda resistiendo todo, incluidas las continuas carreras de lado a lado a las que Del Potro le condenó. Aún así, por recomendación médica, casi orden, Nadal parará otro rato. No acudirá al Master 1000 de Miami. Se va a tomar unas semanas de freno hasta que reaparezca de nuevo en Mónaco.

Pero Indian Wells ha cargado de optimismo al personal. No sólo ha disparado el entusiasmo del propio Nadal. En realidad, su actuación ha puesto en pie a todos sus seguidores. Tras siete meses de convalecencia y misterio alrededor de su lesión, de obligar a ponerse en lo peor, a creer que su dolencia pudiera ser irreversible, el campeón vuelve otra vez a parecerlo. Nadal no se acaba nunca.


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