De cara

Mourinho no olvida una cara

El último combate de Mou es viejo. Sigue el luso la línea trazada esta temporada de enzarzarse en pulsos dialécticos con los de su propia casa, no con los rivales, pero recupera, o más bien hace personalmente público, uno del curso pasado que dejó inacabado. El que inició con el entrenador del filial, Alberto Toril, a quien pretendió expulsar en verano de Valdebebas. Lo evitó el brillante ascenso a la Liga Adelante del Castilla, pero eran evidentes las desavenencias entre ambos. O más bien, desobediencias del que está por debajo en el escalafón.

Porque las alineaciones del curso pasado en el filial las decidió Toril contradiciendo las instrucciones explícitas de su superior respecto a algunos jugadores. Por ejemplo, dejando en el banquillo al portugués Pedro Mendes, con quien Mourinho comparte representante. El técnico del Castilla, a quien incluso le impidieron la entrada a los entrenamientos del primer equipo, salvó la cabeza por los buenos resultados. El desencuentro no quedó resuelto. A la vista está.

El desahogo de Mourinho en la conferencia de prensa del sábado, afeando que el jugador Nacho juegue en el filial como central cuando él ha dejado claro que lo quiere como lateral derecho, trasladó a la calle el conflicto. Toril sigue haciendo con el filial lo que cree conveniente, no lo que estima su superior. Y ni siquiera rehúye el cuerpo a cuerpo con el manager general del Madrid, o sea Mourinho. Ayer lo contestó, se permitió discrepar en público de su denuncia.

El fondo de la cuestión es delicado. A los técnicos les piden resultados, también a los de la cantera, pero un filial está fundamentalmente al servicio del primer equipo. Así que si Mourinho recomienda que se foguee a Nacho como lateral derecho, el entrenador del B debería contemplarlo decididamente. No es el primer caso (le está ocurriendo a Alfredo Santaelena en el Atlético B con el incomprensiblemente ninguneado Óliver Torres) de conflicto intereses entre el primer y el segundo equipo.

Pero generalmente hay un orden de prioridades, una jerarquía. El técnico del primer equipo manda más que nadie. Incluso en casos tan flagrantes como éste, en el que el preparador principal ni atiende ni sigue ni cuida las categorías inferiores, ni cuenta con ellas (por mucho que ayer casualmente hiciera un guiño repentino a Morata). Ya lo dijo Schuster el lunes: “Lo de la cantera es mentira. Cuando estás en el Madrid tienes tanta presión que no te acuerdas de ella”.

La forma de esta pelea es lo que no tiene sentido. No es de recibo que en el Madrid se discutan estos temas en alto, a través de la prensa. Sobre todo, porque es de suponer que a Mourinho le bastaría con levantar un teléfono para que sus instrucciones se cumplieran en cualquiera de los puntos cardinales del club. O para, en caso contrario, actuar en consecuencia. ¿Por qué el luso quiere airear la rebeldía de su teórico subordinado? ¿Se ve tan débil por dentro que necesita el apoyo de la opinión pública? ¿Por qué Toril se envalentona incluso respondiendo en alto? El pulso suena desigual, innecesario y muy raro. ¿Quién gana con esto? El que pierde, como de costumbre, es el Madrid. Y su imagen.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba