De cara

Mourinho ensucia, el Madrid calla

Que un deportista le pida explicaciones a un periodista por una información o trate de averiguar en vano las fuentes que la sujetan no es un suceso extraordinario, ni siquiera muy criticable. Ocurre con frecuencia, eso sí, generalmente en términos civilizados. Lo inhabitual en estos encuentros, lo censurable en el caso que ha dominado el fin de semana, el careo del cuerpo técnico del Real Madrid con Antón Meana (periodista de Radio Marca), son las fórmulas de intimidación empleadas y las palabras desagradables pronunciadas por Mourinho.

Los gritos de Silvino Louro, el preparador físico del Madrid al que los jugadores consideran un espía del técnico (según la noticia dada por Meana que originó el conflicto), ya estuvieron de más. Pero fue peor la intervención de Mourinho, su amenaza velada (ya veremos qué pasa cuando no sea entrenador del Madrid y nos crucemos, le vino a decir al redactor) y la frase que ha dado ya la vuelta al mundo: “En el mundo del fútbol yo y mi gente somos top y en el mundo del periodismo tú eres una mierda”.  Una afirmación que retrataría al entrenador aunque estuviera cargada de razón, que airea en cualquier caso sus ínfulas, pero que además se autodesmiente con su propio comportamiento: si fuera tan insignificante Meana (al que Mourinho ya había criticado por sus preguntas “siempre negativas”) no le darían importancia.

Es verdad que el retraso del redactor en contar lo ocurrido, que hubiera que esperar a leerlo en Marca al día siguiente (dando así el medio la sensación de querer sacar rendimiento comercial al asunto con tratamiento de exclusiva), no procedía. Y que el periodismo en general no quedó tampoco muy bien al no abordar el domingo a Mourinho con el asunto (ni una pregunta sobre el particular en la conferencia de prensa tras el partido). Pero esos detalles no mejoran la posición del entrenador.

El episodio empeora un poco más la imagen ya de por sí lastimada del luso y sobre todo de la institución para la que trabaja, que sin embargo ha decidido cruzarse de brazos. Pese a su querencia a los comunicados oficiales, siempre para proteger a los suyos de los charcos en los que se meten, esta vez no se ha pronunciado. Ni para aclarar, ni para conciliar, ni para excusarse. Mudo. Como si los excesos de su entrenador en nombre del club no fueran de su incumbencia.

El Madrid, quizás como terapia a su situación clasificatoria, ha decidido que el periodismo es el enemigo. Ya lo dejó claro el presidente Florentino Pérez en su intervención matutina del sábado ante los socios, en la que señaló a Mourinho como una víctima de los ataques injustos y la manipulación de los medios de comunicación. Y con un método mucho más brusco y el silencio del club como respaldo, el técnico portugués y sus ayudantes incidieron en esa línea horas después tras la conferencia de prensa previa al duelo del Espanyol. No se sostiene, pero las redes sociales dan fe de que el madridismo ha dado por bueno el mensaje.


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