De cara

Mister Xavi

Xavi manda o Xavi quiere mandar. Ése es el matiz enigmático que queda tras la revelación (de Toni Grande) con la que la selección ha decidido echarse sombras encima. España gana y seduce, ésa sigue siendo la certeza. Pero no se sabe gracias a qué. Si a que Del Bosque escucha o a que se planta. O hasta dónde hace cada cosa. Se desconoce igualmente si lo que impone el futbolista más importante de La Roja (también en tiempos de Luis), o trata de imponer, son nombres propios o simplemente el estilo. Si sus sugerencias se refieren a que salgan del once Torres o Xabi Alonso (que es a lo que apunta la confidencia), a que vaya convocado Víctor Valdés (lo que ya era conocido) o a que el equipo juegue con nueve verdadero o mentiroso o con un pivote o con dos.

¿Es de recibo que un futbolista pretenda influir en decisiones que exceden de su competencia? ¿Es debilidad o inteligencia que un entrenador se deje aconsejar? Como el asunto afecta al poder de una de las dos partes en las que ha quedado dividido el mundo (Madrid o Barça) en un espacio compartido por ambos, el revuelo está garantizado. Pero el fenómeno, que ni siquiera es nuevo (Xavi también hablaba mucho con Luis Aragonés, la época en la que empezó todo, y Del Bosque también se dejaba asesorar mucho en su Madrid victorioso), igual explica las razones de un éxito todavía vigente.

La mano izquierda, la diplomacia en la toma de decisiones, no es sólo una característica en el proceder de Del Bosque. Más bien se le reconoce como su mejor virtud. Y lo mismo se puede decir del afán por tomar partido de Xavi, sin duda el futbolista más capacitado para velar como guardián por La Roja, que es un bien protegido, patrimonio de la humanidad. Que la selección huele al Barça (a Xavi) por los cuatros costados es una evidencia, pero Del Bosque ha cuidado a cambio el ecosistema con concesiones hacia el Madrid (a costa, eso sí, de algún damnificado reincidente).

De modo que aunque como principio lo que Enrique Marín ha bautizado como ‘Xavigestión’ no se sostiene, las saludables consecuencias de la misma invitan a dejarlo estar. A diferencia de Villa, que con sus gestos (el último negarle la mano a Mata tras un gol por darle el pase a Torres en vez de a él) airea que sobre todo piensa en su propio bien, Del Bosque y posiblemente Xavi dan a entender que piensan en el bien de todos (o dejémoslo en consiguen). Lo inoportuno, y probablemente perjudicial, es la confidencia. Es al hacerse oficiales cuando los secretos a voces se vuelven indigestos.


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