De cara

Messi no admite comparaciones

La cultura del y tú más, que sirve como coartada para que cada cual se desentienda de las feas acciones y malos comportamientos de los suyos sin que nadie les ponga freno, ya sean aficionados o profesionales (le ocurrió ahora a Simeone, que pasó de largo por las incorrecciones de Diego Costa en la semana omitiendo reproches públicos y regalándole halagos), contamina también de alguna manera ese debate artificial que no se sostiene alrededor de Messi. Es el mejor futbolista del mundo, costaría desmontar incluso su condición de mejor jugador de la historia, pero un día tras otro se le intenta poner frente a Cristiano Ronaldo en un pulso imaginario.

Aquí sería el “y yo más”. Es tal la necesidad por enfrentar al Barcelona con el Madrid, equipos a los que ha quedado reducido el universo mediático, que cada virtud o defecto de uno precisa de una réplica exacta en el otro. No hay análisis que logre desvincularse de este peaje. Ni siquiera la trayectoria descomunal de Messi, que ayer volvió a pulverizar una nueva marca universal, la del número de goles en un año natural. Pero da igual, siempre asoma alguien para restarle importancia o sentenciar: “como Cristiano”.

Incluso los que se resisten a aceptar el empate a méritos tienden a elevar los de Cristiano. De hecho, consideran al portugués una víctima del argentino. Su único problemas es haber coincidido en el tiempo con él, dicen. Pero es justo lo contrario. Su gran ventaja es precisamente haber compartido época, uno en el Barça y otro en el Madrid. Porque así la comparación es obligatoria y parece que las opiniones están condicionadas por los colores. La versión de uno contra la del otro. La realidad, sin embargo, ubica mucho más abajo al portugués. Más cerca de los resto de jugadores, de otros mortales como el Kun o Iniesta, que de esa Pulga sideral e inalcanzable.

Más allá de en el juego del equipo (no está tan claro que el Barça lo haga necesariamente mejor a sus pies), la influencia de Messi es indiscutible en los resultados. No hay nadie con semejante capacidad para resolver acciones o partidos por su cuenta, para hacerlo descubriendo socios que otros no saben ver, para desbordar tantas veces a tantos rivales de golpe. Es el mejor y lo demuestra día a día, con exhibiciones deliciosas para la vista que asustan por su regularidad. Y sólo tiene 25 años.

Hay quien puede presumir de puntuales actuaciones individuales a su altura (como el propio Cristiano cuando se cruza con el Atlético) o de haber tenido un 2012 mejor en función de los títulos conseguidos o del nivel de la compañía (como Falcao en el ámbito de este Balón de Oro), pero nadie le aguanta de verdad una conversación. A veces un penalti suyo fallado puede dejar a su equipo sin la Champions, como sucedió en la semifinal contra el Chelsea, y de vez en cuando reproduce episodios de mala conducta que no le dejan muy bien, pero es el mejor se pongan como se pongan. Compone maniobras que nadie es capaz de reproducir. Y lo hace todas las semanas.

Messi es el mejor del planeta. No es cuestión de gustos. Decir otra cosa simplemente es mentir.


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