De cara

Marta y los martistas

De su última relación conocida con el dopaje, los indicios inequívocos que aparecían en la Operación Galgo (trama sepultada finalmente por la jueza por matices técnicos), Marta Domínguez sacó un puñado de homenajes, la consideración universal de víctima mayor, el abrazo de cientos de periodistas y políticos, la cabeza de un director de periódico y hasta una plaza de senadora. Las redacciones y los aficionados de este país festejaron como una victoria que los procedimientos empleados para descubrir que la atleta se dopaba fueran declarados irregulares. Para los creyentes, que en España son multitud con estas cosas, saber si realmente la deportista consumió sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento siempre fue lo de menos. Lo de más fue y es salvar y celebrar el honor patrio. Así que es muy posible que vuelvan ahora las condecoraciones y las muestras de apoyo, incluso que alguien ofrezca una línea editorial a cambio de una buena entrevista.

Porque Marta Domínguez vuelve a estar en una situación comprometida. Una información, publicada ayer domingo por Carlos Arribas en El País con detalles demoledores, vincula presuntamente de nuevo a la palentina con prácticas dopantes, como cliente de Eufemiano Fuentes al menos desde 1997. La noticia procede de la documentación que consta en la Operación Puerto, cuya vista se está celebrando estos días en Madrid. La atleta desmiente a través de su abogado cualquier relación con el médico imputado, pero el plan de extracciones y reinfusiones de sangre que aparece en la información mencionada pregona lo contrario.

Es muy posible, porque así está el patio ahora, que durante los próximos días el debate se desenfoque y se concentre en el mensajero, en quién y con qué intención le ha facilitado la información, en por qué cuenta lo que cuenta… Ya pasó cuando Juan Gutiérrez consiguió para el AS la brutal confesión de Manzano (que ahora repite ante el juez) sobre las prácticas de Eufemiano Fuentes con su equipo ciclista. Es muy posible que otra vez se hable de conspiración y envidias y que salgan voces poderosas a poner la mano en el fuego por la sospechosa. Pero el deporte español necesita saber de una vez la verdad, si su mejor atleta de todos los tiempos era como parece una tramposa o no. Y actuar en consecuencia con intolerancia y determinación. Para sonrojo de los que siempre escogen mirar hacia otro lado.


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