De cara

Falcao se pone gallito

Falcao no es todavía Falcao. Sigue en ese misterioso proceso de hibernación que ya cumplió la temporada pasada. Una caída en los goles y en el rendimiento que coincide puntualmente con los meses de invierno y frío. Y aunque oficialmente ya ha llegado la primavera, el colombiano todavía no se ha dado por aludido. Ante el Getafe volvió a mostrarse vulgar y fallón, blando e impreciso en el remate de ocasiones que en sus buenos tiempos siempre acaban dentro de la caja.

No hay problema. El Atlético está dispuesto a esperarle. No tiene prisa. El calendario está vacío de interés competitivo para los rojiblancos hasta la fecha de la final de Copa del Rey ante el Madrid. Fuera de la Europa League (por incomprensible voluntad propia) y sin mucho que hacer en la Liga BBVA (el título lo tiene demasiado lejos y el objetivo de entrar en Champions, ya sea como segundo, tercero o cuarto, más que garantizado), a los madrileños sólo les queda a la vista ese duelo vecinal con trofeo al fondo del 17 de mayo.  Falcao puede tomárselo con calma. Es entonces, como en la dos finales que ya ganó, cuando los del Calderón confían en que el colombiano se reencuentre con su mejor versión. Entre medias, le toca a Simeone resolver si el bajón de su estrella es sólo un asunto estacional o también consecuencia del nuevo matiz ‘diegocostacéntrico’ en el que ha caído el juego de su equipo.

Pero más allá del momento de forma de Falcao y de la merecida bula que sus gestas pasadas le conceden (aunque no volviera a jugar nunca bien, su actuación en esos momentos importantes ya le otorgan al nueve un lugar importante en la historia del club), lo que no puede permitirse la estrella es entrar en falta con la afición. Ya lo hizo el curso pasado cuando se revolvió contra los murmullos del Calderón por su mala racha: hizo un gesto ofensivo hacia la grada tras marcar al fin un gol. Y lo ha vuelto a repetir ahora tras leer en Twitter un comentario crítico de un seguidor rojiblanco.

“Y yo quiero que vuelvas a jugar decentemente… que parece que ya piensas en otro equipo machote”, le escribió el espectador colchonero (@Pajarolokovk). Y Falcao, o el que en su nombre escriba en las redes sociales, se rebrincó: “En las malas se conoce un buen hincha. Tú de eso…”. No puede quejarse precisamente el colombiano del trato que le dispensa su actual parroquia. Y aunque irrespetuoso y quizás desafortunado, tampoco fue tan grave el ataque puntual de este twittero. En cualquier caso, un futbolista, por divo que sea, no puede bajar a enfangarse en ese barro.

El combate no pasará a mayores. Apenas trascenderá. Se difuminará al calor del próximo gol del nueve. Pero como síntoma es preocupante, desvela el actual nerviosismo del jugador. Y lo enreda además en la trampa de su propio discurso: lo que muestra exactamente el incidente es cómo se las gasta el colombiano en las malas, cuando a su lado suenan reproches en vez de aplausos. Se siente intocable. Y no, Falcao, así no vale. Hasta los dioses (y Radamel lo es en el Manzanares) tienen un límite.


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