De cara

Falcao y la mujer del César

Alguno de los periodistas que acostumbran a interrogar (aunque incomode) sobre lo que interesa han perdido estos días su puesto de trabajo. La sangría en los medios se reproduce casi a diario desde hace meses. Y los que sobreviven no se han acordado de preguntar. Así que el Atlético no se ha visto obligado a responder por la noticia que sin foto adelantó Hugo Jiménez el pasado viernes en este diario digital. Tampoco lo ha hecho por iniciativa propia. Ni el Madrid. Ni Florentino Pérez. Ni Jorge Mendes. Ni por supuesto Falcao. Todos ellos han visto las puertas abiertas para huir de la sacudida con un socorrido silencio. El delantero colombiano almorzó en un comedor privado con el presidente del club más rival, se supone que a espaldas de la entidad que le paga, y nadie ha recitado un desmentido, una explicación, un reproche o una disculpa. Ni una palabra. Bueno, fue en octubre.

Quizás es lo inteligente, mirar hacia otro lado, para no romper la felicidad que aúpa a los rojiblancos estos días: campeón vigente de la Liga Europa y de la Supercopa, segundo clasificado de la Liga BBVA con números históricos y el Madrid siete puntos por debajo y con vida aún en los dos torneos por eliminatorias en los que participa. Una alegría que se prolongó ayer con un nuevo y convincente triunfo ante el Zaragoza. El Calderón no le echó en cara a Falcao su imprudente, torpe y desleal visita al restaurante, pero tampoco le regaló las entusiastas canciones que sonaban como homenaje antes de que trascendiera el desafortunado episodio. El ‘Radamel, Radamel’ no se escuchó esta vez y eso que el protagonista marcó un gol y ofreció al graderío sus recientes trofeos como mejor jugador de 2012 y como integrante del once ideal de la FIFA. También es verdad que el colombiano no jugó su mejor partido. Actuó mejor Arda Turan, que tampoco escuchó su canción aunque igualmente no recibió murmullos por sus ofensivas y recientes declaraciones a propósito de la grandeza que pretende conquistar y a la que el Atlético en su opinión no llega.

El ciudadano del Atlético está de lo más tolerante. No parece dispuesto a que ninguna portada o indiscreción le amargue su buen año. Deja pasar las ofensas. Se concentra en su dios Simeone, al que corea con reiteración y júbilo extremo, y aplaude a ráfagas a los demás jugadores en función de lo que dictamina el rumbo y el juego. Pero el cielo en el que vive estos días el club rojiblanco no rebaja la gravedad de esa reunión clandestina de su máxima estrella con el pretendiente menos querido en esa casa. Falcao se irá del Atlético, eso lo tienen asumido sus seguidores, pero sigue obligado a guardar las formas. Como Leo Batistao, cuya visita ayer al palco del Calderón tampoco sonó muy oportuna por muy claro que sea su futuro y pequeña la rivalidad existente entre Vallecas y el Manzanares. De Falcao depende el cariño que se lleve del Atlético, el que conserve cuando se vaya. Y aunque todo depende del nombre del destino, sí parecía moverse el colombiano en sus declaraciones con el cuidado que no muestra su padre y que semana a semana la prensa pone en entredicho con algún jugoso titular. Aunque más desde la ambigüedad que desde la rotundidad, Radamel había conseguido sortear todos los tragos, sujetar los besos excesivos de la afición colchonera. Y así sigue también esta vez, pese a que su traición ha sido descubierta y no negada. Pase lo que pase, la reunión con Florentino Pérez evidentemente sobraba. La mujer del César no habría salido airosa de una comida así.


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