De cara

De esta España se hablará siempre

No es lo mismo ganar que ganar así. A las vitrinas les da igual, aceptan de la misma manera una copa entre bostezos que después de una exhibición. Pero a la memoria no. La Roja será recordada más que por lo que ganó, esa secuencia Eurocopa-Mundial-Eurocopa que nadie había alcanzado, por cómo lo ganó todo. También esta vez (después de un trayecto discreto aunque eficaz por el torneo), gracias a su portentosa y arrolladora final. España al fin se desmelenó y jugó el último día a la altura de su leyenda, de la admiración que ha despertado por medio mundo su deliciosa generación de futbolistas, la mejor que se recuerda.

Mucho tuvo que ver Xavi en el cambio de imagen. Porque Xavi al fin fue Xavi. El jefe del estilo, el futbolista determinante, posiblemente el máximo responsable del juego sublime de esta selección de época. Xavi resucitó, apareció al fin, y La Roja recuperó la velocidad y la profundidad en su bendita y fiable circulación de balón. Iniesta ya estaba, ha sido el mejor del equipo. Y también se habían asomado en días anteriores Silva, Xabi y Cesc, éste teniendo que descorchar su fútbol asociación sin nadie por delante. Y hasta Jordi Alba, el bajito que se ha sumado a la fiesta. Pero España no había alumbrado hasta ayer. ¿Qué le pasará a este equipo cuando Xavi se acabe?

Lo cierto es que a España le estaban valiendo los resultados para subir peldaños en la Eurocopa y plantarse en el final, pero no para sujetar su reputación. Un murmullo de insatisfacción se había apoderado de la crítica a este lado y al otro de la frontera. España llegó a no divertir, a sacrificar el buen gusto por las precauciones, a parecer vacía, pero su actuación memorable en el día de la verdad devuelve su consideración a lo más alto. No es sólo que venció, es sobre todo la forma en la que lo intentó.

Y lo hizo sin apearse Del Bosque (la digestión natural de la crítica, pese al histerismo de sus fieles, ha sido su mejor virtud) de sus teoremas. Sin el nueve puro, con Xabi y Cesc juntos y sin correr riesgos, con seis tipos pendientes de los asuntos defensivos y desventaja numérica frente al rival en los de ataque. Cabe deducir que el problema no era tanto de dibujo como de desarrollo del mismo. Con ese traje también se podían hacer maravillas. Las hizo España en Kiev. La diferencia está más en los futbolistas que en los planteamientos. La Roja puso de rodillas a Italia con un par de acciones de dos contra cinco. Y ganar así no puede interpretarse como consecuencia del plan, sino del talento infinito de los jugadores. No pasar apuros en defensa, acabar la Eurocopa con un solo gol en contra, sí deja bien el montaje.

Pero esta España ha nacido para deleitar y no ser olvidada. Por eso es importante que gane, pero sobre todo que gane como en esta final, como lo había hecho en Viena hace cuatro años y en Suráfrica, a veces, hace dos.  Con hambre y buen gusto, deslumbrando, dejándose de anestesias y componiendo música de un partido de fútbol. De esta España se hablará siempre. De Casillas, de Ramos, de Alonso, de Xavi, de Iniesta, de Cesc y del Niño Torres. Los siete tipos que han vivido, ganado y maravillado en las tres finales. La historia de fútbol más hermosa jamás contada.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba