De cara

Bolt sigue limpio a estas horas

El velocista que iba a su izquierda, el que llegó a dominar los primeros metros de la carrera, dio positivo por testosterona en 2006. Ya había tenido un episodio anterior de dopaje en su etapa universitaria y esa reincidencia en la trampa le debía haber condenado a dejar las pistas de por vida. Justin Gatlin, campeón olímpico en Atenas 2004 y mundial en Helsinki 2005, sorteó el castigo mayor por confesarse culpable y comprometerse a colaborar en adelante con la justicia en la lucha contra el doping. Acató la sanción de ocho años que le impuso inicialmente la agencia estadounidense y a los cuatro ya estaba otra vez galopando. Unos meses antes de ser desenmascarado había igualado el récord del mundo de los 100 metros (entonces en poder de Powell) con una marca de 9,77. Su registro fue invalidado.

Con ese tiempo precisamente fue con el que Usain Bolt, pese a la intensa lluvia en contra que le sorprendió durante la prueba, se colgó este domingo el oro en la final de los 100 metros. No hubo récord mundial, su vicio personal, pero sí victoria autoritaria. Otra exhibición portentosa del jamaicano con la que recuperó la corona que perdió dos años antes en Daegu al ser descalificado por una salida en falso. Otra sesión inolvidable marcada por el mismo ritual previo (sus bromas, sus gestos y sus posados), el mismo guión de carrera (peor en la salida, majestuoso en la remontada final) y casi las mismas celebraciones posteriores.

El atleta que corría a su izquierda, que terminó segundo, se acercó el primero a felicitarle. Pero es precisamente ese rehabilitado Gatlin (y tantos otros compañeros de oficio a los que se les han detectado sustancias prohibidas, como los recién descubiertos Gay y Powell), el responsable de que tras las emociones que se desatan al contemplar a Bolt se guarde siempre un punto de recelo y desconfianza. ¿Será verdad el relámpago? Ésa es la pregunta inevitable que surge en plena  tentación de dejarse llevar por el entusiasmo.

Todavía quedan dos pruebas en Moscú, los 200 metros y el 4x100, para que el personal pueda deleitarse con las zancadas animales de Bolt. Las dos carreras con las que el mejor atleta de la historia pretende refrendarlo convirtiéndose en el de mejor palmarés de los Mundiales. Ahora aún lo posee Carl Lewis, precisamente uno de los deportistas que ha jugado a sospechar en alto de la veracidad del jamaicano. Y a Usain le molesta. Porque asegura que se mantiene limpio y que hace todo lo que está en su mano para mantener limpio su deporte. Nadie ha podido demostrar lo contrario. Ni un solo control le ha afeado sus triunfos. Bolt es a día de hoy una verdad absoluta. Pero por culpa de tipos como el que en Moscú esprintaba a su izquierda lleva puesta la duda. La excepción es no doparse.


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