De cara

El Barça mide los galones de la Federación

El chico estaba ilusionado. Ya lo estaba en el Valencia, cuando Milla le ofreció por primera vez la posibilidad de prolongar su presencia en la Eurocopa con la de los Juegos. Y lo reiteró el martes, con el cansancio de su despliegue por Polonia y Ucrania aún caliente, cuando vio su nombre en la convocatoria para Londres. Pero ayer jueves, vestido por primera vez como jugador del Barça, ya le obligaron a Jordi Alba a contener su entusiasmo. El Camp Nou no es Mestalla. Así que el futbolista reculó al instante a la voz de “lo que diga el Barça”.

Y el Barça dice que no le gusta que vaya a los Juegos. Desde el mismo día que Milla dio la lista, está enredando para evitar que su futbolista sobrecargue aún más su calendario. Y ayer ya lo anunció de forma pública a través de Zubizarreta. El Barça va a tratar de convencer a la Federación para que desconvoquen a su nuevo lateral izquierdo.

Atendido individualmente, el recelo del Barcelona por la convocatoria de Jordi Alba es hasta comprensible. Se ha pegado la paliza del siglo en la Eurocopa y si acude a Londres no va a dejar de correr. Los azulgrana temen recogerlo a finales de agosto con la lengua fuera. Y reclaman un trato de favor que, y por ahí queda invalidada su propuesta, no tiene ningún otro equipo.

El Barcelona, además, se ha ganado la condición de sospechoso. Ya se movió con previsión para que Busquets, que también había pregonado sus ganas de acudir a los Juegos, no fuera convocado. Es que el chico lleva muchos kilómetros a cuestas, decían como si fuese el único. Y se salieron con la suya. Como otras veces han conseguido que Xavi gozara de permiso o de descanso en las citas internacionales de la absoluta, lo mismo que Puyol. O que Iniesta se perdiera, parte en mano, la Confederaciones. La sensación que da es que el Barça opera a sus anchas en los asuntos de la selección. Civilizadamente, puede que hasta razonadamente, pero a sus anchas.  

Poco tiempo después de anunciar sus intenciones en el caso Alba, el Barça comunicó en su web que Thiago Alcántara, lesionado en una tibia (como Villa en la Eurocopa, que renunció a ir antes de que Del Bosque se pronunciase), no recibiría el alta antes de llegar a los Juegos. Hablaron sus médicos, no los de la Federación. Los asuntos de la medicina son complicados de rebatir.

Pero en el caso Jordi Alba no hay prescripción clínica que imposibilite su presencia en Londres. Es tan sólo una petición. La misma que hace tres años el propio Milla le negó a Asenjo cuando el Atlético le pidió que, con la Liga empezada, no se lo llevara al Mundial sub 20. La misma que sí concedió en cambio por esas fechas al entonces azulgrana Bojan. El Barcelona no trabajó con sigilo esta vez el descarte de Alba porque no era futbolista suyo sino de los Valencia. Y por eso ahora, recién fichado, actúa con prisa y descaro. No lo quiere en Londres. La Federación ya lo sabe. Otra vez la han puesto a prueba. Se miden sus galones. Tiene todos los ojos encima, curiosos de saber si esta vez decide o simplemente obedece.


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