De cara

Ahora Cesc no entendía a Guardiola

Cesc se echa personalmente la culpa, lo aclara al final, pero en el camino la deja botando en el tejado de Guardiola, su anterior entrenador. En realidad, le señala. Y de paso agasaja con piropos a su nuevo jefe, Tito, que, como le conoce desde niño, va a rescatarle del laberinto en el que metió su antecesor. No, no ha quedado muy bien el centrocampista azulgrana (falso delantero centro, según Del Bosque) en su enunciado de propósitos para el nuevo curso.

Puede que Cesc no mienta, que incluso tenga la razón en su lamento. Pero si “con Guardiola no terminaba de entender bien el sistema”, ya que “venía de otro fútbol y coger todo lo que él quería tan rápido era complicado, porque los demás ya lo tenían asumido”, y de interior le costaba porque necesita “tener más movilidad” y no es “rápido en los primeros metros”, ¿por qué no se lo dijo al propio Pep cuando  lo tenía al lado?, ¿por qué no se sinceró como ahora ante los medios?, ¿por qué esperó a soltarlo a que el afectado ya no estuviera? Son de esas cosas habituales en el fútbol (y en el caso concreto de Guardiola, que se reproducen con mucha frecuencia) que cuestan aceptar y comprender. Echan arena sobre el recuerdo grandioso del entrenador del mejor Barça de la historia, pero su desahogo tampoco les deja en buen lugar. Ni a Ibrahimovic, ni a Etoo, ni a Bojan, ni a Touré, ni a Keita (que al menos luego se desdijo y criticó a los que esperan a marcharse para atizar al técnico), ni esta vez a Cesc.

No está mal la confianza en el nuevo preparador (“yo soy yo y necesito mi movilidad, participar más; ahora intentaré recuperar mi fútbol y este año estoy seguro de que todo irá mejor. Tito me conoce desde pequeñito, ya estuvimos juntos cuando yo tenía 13 años. Sabe lo que tiene que sacar de mí y yo también. Necesito recuperar esto y espero aportarlo”), pero Cesc olvida en su alegato que Tito Vilanova ya estaba en el Barcelona el curso pasado. ¿Por qué no lo rescató entonces? ¿Por qué no le tradujo al jugador las complicaciones del sistema? ¿Ha recordado justamente ahora cómo era el futbolista a los 13 años?

Y más. ¿Ha cambiado Tito de repente de opinión?. Porque según su propia declaración, durante estos años, “el que hablaba era Guardiola, pero todas las decisiones estaban consensuadas” con el ayudante Vilanova. No se entiende ese optimismo repentino de Cesc por un relevo que, al menos en lo táctico, se ha vendido más como continuidad que como cambio. ¿O es que ahora se trata de desmarcarse? Convendrá escuchar la versión de Tito al respecto.

Lo mismo es el de Cesc un comentario bienintencionado, más cercano a un examen de conciencia (“la culpa fue mía porque intenté hacer lo contrario a lo que soy yo”) que a la pulla ventajista sobre el antiguo jefe, pero ciertamente no suena a eso. En el mejor de los casos, el futbolista no ha estado afortunado. Y confirma una tendencia: a Guardiola le va a costar mantener intacta su memoria. La amenaza procede del mismo Barça.  


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