De cara

Adán o lo que tiene escupir hacia arriba

El final del mourinhismo en el Madrid está resultando feo y sangriento. Combates y enemistades, pulsos y broncas, filias y fobias, encuestas y reuniones, egoísmos varios y posiciones interesadas. Filtraciones de unos y otros que luego niegan otros y unos, que hasta Florentino se anima a desmentir en voz alta (su currículum no le protege demasiado en estos actos en cuanto a credibilidad). Confusiones habituales a la hora de localizar al enemigo, que sospechan postizamente fuera (el periodismo, por supuesto, ese socorrido rival imaginario que tan fácilmente compra la hinchada) pero que está bien dentro. El Madrid se deshace en una lucha cainita que se daba por segura en cuanto se puso en manos del entrenador portugués, cuya trayectoria se rige invariablemente por un guión de horas felices y abruptos finales. Ya lo advirtió Valdano, víctima ilustre de este periodo, era sólo cuestión de tiempo esperar este desenlace.

Pero mientras el mourinhismo se consume, el Madrid conserva aún calientes parte de sus obligaciones futbolísticas. Y es ahí, en un momento crucial de los dos torneos en los que mantiene sus únicas esperanzas, donde ha asomado un contratiempo mayor que las últimas turbulencias sobre el distanciamiento entre Mou y su plantilla (las portadas de Marca) han desenfocado: la lesión de Casillas casi por dos meses. Todo un problema. Un macabro guiño final del destino al episodio con el que, quién sabe si intencionadamente o no, Mourinho empezó a edificar su defunción en el club.

La idea que el entrenador portugués puso en marcha y con  la que se echó al Bernabéu encima, la injustificada suplencia de Casillas, deja ya de ser un asunto de debate para convertirse en una certeza inevitable. Después de no pocos episodios surrealistas en el desarrollo del caso, Iker ya no está. Adán tendrá que jugar sí o sí contra el Barcelona en la Copa y el Manchester en la Liga de Campeones, lo que pone un nudo en la garganta de profesionales y aficionados. Un inconveniente verdadero que se vuelve inesperadamente contra los que decidieron escupir hacia arriba.

Cuando el personal tildó de barbaridad la presencia de Adán en detrimento de Casillas, el causante del incendio y otros comensales se escudaron en lo de siempre, la prensa y su perversidad, para lavarse las manos y desviar el tiro. Han faltado al respeto a Adán, concluyeron como si no fuera con ellos la cosa, por dudar de sus prestaciones. Ahora son Mourinho y el Madrid los que deben demostrar de verdad si confían en el guardameta o jugaron a la hipocresía.

La tentación es fichar una alternativa, un remedio puntual para salir del paso o alguien con garantías que pueda quedarse ya el curso que viene para hacer competencia al santo Iker cuando esté de vuelta. Pero si lo que llega, si llega, pasa por delante de Adán, sus teóricos defensores quedarían muy retratados. Lo cabal sería que los blancos pusieran su futuro a corto plazo en las manos inseguras de Adán. Sería la única forma de sostener que guardan por el portero ese respeto que según sus gritos recientes no le tuvieron los de fuera. O quizás también lo desmientan… Al destino a veces le da por carcajear.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba