De cara

Abidal espera una llamada

El mismo día que Sandro Rosell anunciaba su intención de renovar como presidente del Barça, su decisión de presentarse a la reelección dentro de tres años, Eric Abidal dejaba caer su descontento porque todavía no sabe si va a poder prolongar su continuidad en el club a partir del mes de junio. Recordaba que acaba contrato y que su deseo es seguir, que para eso ha luchado contra su enfermedad durante todos estos meses, pero que los directivos aún no le han dicho nada. “Y si no hablan conmigo, ¿qué hago yo?”, afirmó a mitad de camino entre la decepción y la impotencia. No se recuerda tanta antelación para anunciar una presencia en unos comicios ni semejante retraso para resolver un asunto de máxima sensibilidad que se cae por su propio peso. El Barça ha vuelto a enredarse con su imagen.

Que los azulgranas tienen que renovar a Abidal no aguanta ni diez segundos de debate. Como futbolista o como embajador, lo que decida el jugador o lo que salga entre las partes de una conversación más humana que profesional. Aunque el defensa no pudiera volver a jugar más (está decidido a seguir en activo), el gesto debería ser ofrecerle un contrato. Pero el Barça, o los directivos que ahora lo gobiernan, ha perdido la oportunidad de hacerlo de forma natural, por iniciativa propia, como dios manda. Ahora, cuando se ponga (porque cuesta pensar que no lo vaya a hacer), ya va a parecer que lo hace con retraso, a la fuerza, después de haber sido afeado en público hasta dos veces (la semana pasada ya soltó una indirecta similar durante la presentación de un libro solidario) por el propio interesado.

Quizás el futbolista se ha precipitado en su petición pública, en exhibir su nerviosismo. La gente está tan centrada en verle con vida, y en celebrarlo, que no repara en su situación laboral. Pero cuando Abidal actúa así y además por dos veces (el Barça se podía haber dado por aludido tras la primera) es que realmente, pese a las emocionantes e indiscutibles muestras de cariño que ha recibido durante todo su proceso tumoral, no se siente bien tratado en esto por el club azulgrana. Y que lo que él está entendiendo como largas por parte de la entidad, le duelen. Y que pese a que algún directivo afirmó con rotundidad que iba a ser renovado automáticamente por una temporada, el francés no se fía.

Lo cierto es que un caso tan conmovedor y aglutinador como ha sido la noticia del cáncer de Abidal, su ejemplarizante lucha contra la enfermedad con el aliento de todos como motor, no merece contaminarse de mal gusto ahora por una negociación de un contrato, un regateo o una limosna. Y lo peor es que a estas horas, después de escuchar al jugador afectado, es exactamente lo que parece.  


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