Cultura

¿Qué hace un joven novelista plantando cactus en Silicon Valley? ¡Pues fracasar!

El escritor Rodrigo Muñoz Avia retoma la senda humorística de su primera novela 'Psiquiatras psicólogos y otros enfermos' (Alfaguara) en 'Cactus', una historia donde emprendimiento, parodia y épica sirven para componer una bonita corona de espinas para una generación aniñada.

Rodrigo Muñoz Avia (Madrid, 1967) retoma en 'Cactus' el humor de su primera novela 'Psiquiatras psicólogos y otros enfermos' (Alfaguara)
Rodrigo Muñoz Avia (Madrid, 1967) retoma en 'Cactus' el humor de su primera novela 'Psiquiatras psicólogos y otros enfermos' (Alfaguara)

Más claro no puede decirlo el novelista Rodrigo Muñoz Avia: en el lugar donde está prohibido fracasar, el protagonista de su nueva novela lo consigue... Se trata de Agustín, el personaje principal de Cactus (Alfaguara), una historia tan deprimente como hilarante. Que con las espinas se podría hacer una corona bien apretadita a este hombre.

Rodrigo Muñoz envía a su personaje a “Estados Unidos, el paraíso de los emprendedores, el lugar donde está prohibido fracasar”.

Agustín, el personaje creado por Rodrigo Muñoz Avia, es un hombre que a sus 37 años continúa viviendo en casa de sus padres, su novia le ha abandonado y acaba de ser despedido de su trabajo como profesor de Literatura. Para retomar la senda de su vida, decide matricularse en la Universidad de Stanford, en California, para seguir un curso sobre cactus. Sí, sí: eso un curso sobre cómo plantar algo tan fecundo y útil para un literato como un cactus.  Ese es, a grandes rasgos, el argumento de la novela.

Quizá por maldad o porque se la pasa muy bien enredándole la vida a sus creaciones, Rodrigo Muñoz envía a su personaje a “Estados Unidos, el paraíso de los emprendedores, el lugar donde está prohibido fracasar”, tal y como explica el autor de Cactus. “No está muy claro si lo de Agustín es un viaje o algo que se le parece bastante. Lo que sé es que desde el primer momento rehuí la idea del viaje transformador”, asegura Rodrigo Muñoz Avia.

"Lo que sé es que desde el primer momento rehuí la idea del viaje transformador"

Rodrigo Muñoz Avia nació en Madrid en 1967. Estudió Filosofía en la Universidad Complutense y se formó como escritor durante tres años en la Escuela de Letras de Madrid. Tras la publicación de Vidas terrestres en 200, vuelve ahora con Cactus,  quien retoma la senda humorística de su primera novela Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos (Alfaguara), acogida con notable éxito por los lectores y reeditada en múltiples ocasiones.

-Agustín es un personaje que responde o coincide con ese larga adolescencia que muchas veces se alarga hasta la treintena. ¿Por qué eligió este personaje?

-Creo que la inmadurez de Agustín es la inmadurez, en muchos sentidos, de nuestra sociedad. Su pasividad, su falta de ambición, su hedonismo conformista es un retrato triste, pero realista, de muchos de nosotros. Este es el motivo por el que escogí este personaje, tan paradigmático de nuestro tiempo, y también el motivo por el que decidí confrontarlo con un lugar completamente contrario: Estados Unidos, el Silicon Valley, el paraíso de los emprendedores, el lugar donde está prohibido fracasar.

- ¿Qué representa literariamente Agustín? ¿Es un hijo bastardo de Ignatius Reilly, entre lo patético y lo hilarante?

-Leí hace muchos años La conjura de los necios y no recuerdo bien a Ignatius Reilly, aunque sí sé que me reí con él. A pesar de todo lo que te he dicho del protagonista de mi novela hace un momento, yo no lo veo muy patético (el lector puede discrepar, por supuesto). Aparte de la ironía y del humor, con los que se protege y con los que nos divierte a todos, creo que Agustín tiene una dignidad y una entereza que le alejan del posible patetismo de Ignatius Reilly. De hecho, es un tipo al que todo el mundo acaba queriendo.

"La inmadurez de Agustín es la inmadurez, en muchos sentidos, de nuestra sociedad".

-A juzgar por las peripecias de su protagonista, no siempre el viaje propicia la transformación personal. ¿O sí?

-No está muy claro si lo de Agustín es un viaje o algo que se le parece bastante. Lo que sé es que desde el primer momento rehuí la idea del viaje transformador o purificador, porque sabía que el propio Agustín no se dejaría, y que cualquier intento en ese sentido resultaría inverosímil. Dejemos que sea el lector el que saque sus conclusiones al leer la novela, pero he intentado cualquier cosa menos ser simplista o moral.

-Incluso, la propia idea del curso de Cactus sugiere la total desconexión del personaje consigo mismo y con la realidad práctica. ¿Marcharse tan lejos para estudiar algo prácticamente inaplicable?

-Eso me encanta, irte hasta la Universidad de Stanford para hacer un curso absurdo de cactus. Esta "desconexión" con la realidad práctica, que tan certeramente mencionas, es una elección importante en la novela. Y también la desconexión con nosotros mismos, que evidentemente yo he llevado al extremo. Hay muchos relatos en nuestra vida actual (el trabajo, la tecnología, el consumo o incluso nuestro concepto de ocio) que nos impiden ser conscientes de lo que somos, o ser conscientes, simplemente, de qué somos.

Ir a Stanford para hacer un curso absurdo de cactus... Esta "desconexión" con la realidad práctica.

-¿Qué continuidad literaria marca Cactus con respecto a su novela Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos?

-Hay mucha continuidad, porque más allá de todo lo que estamos diciendo, Cactus, como también lo era Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos, ¡es muy divertida! En ambos casos la novela se tiñe por completo de la mirada muy irónica de un personaje , en el fondo, optimista. La diferencia está que enPsiquiatras... había motivos para tal optimismo, pero en Cactus quizá no, lo que deja un poso agridulce en la novela. Un optimismo infundado puede ser algo bastante triste.

-¿En qué registro se siente más cómodo: en la literatura juvenil o en la novela para adultos?

-Cuando escribo para niños me imagino a niños inteligentes leyéndome, cuando escribo para adultos me imagino a adultos inteligentes leyéndome. Las dos imágenes me gustan. Lo único que lamento es que sean dos mundos tan disociados. El mercado editorial (o quizá yo mismo), me divide en dos autores incomunicados. Hay días que me toca vestirme de autor de infantil y hay días que me toca vestirme de autor para adultos.

-¿Tiene ‘moraleja’ Cactus o algo que se le parezca?

-Claro que tiene moraleja: nunca plantes los cactus en lugares sombríos y húmedos. Se pudren. Ruego que los lectores dejen mi cactus al sol y no se molesten en regarlo. Los cactus son autosuficientes. Si tiene tienen que crecer o tienen que dar flores, ya lo harán ellos solos.


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