El asunto comenzó con cosas del tipo La Crisis Ninja,  de Leopoldo Abadía, al que le siguieron títulos como Dónde está mi dinero.  Estábamos en el año 2008. La ficción no se sobreponía de la orgía editorial de la novela histórica –ya fuera sobre la Guerra Civil Española o la de Korea-. Los lectores se atragantaban con bestsellers de santos griales, códices calixtinos y números de Fibonacci mientras lo más cercano a una vanguardia literaria en España se hacía llamar como una chocolatina.

Han transcurrido cuatro años desde entonces, ahora Leopoldo Abadía ha escrito un libro llamado Economía para dummies, a la corriente de los divulgadores de la apocalipsis se sumaron los compromisarios y teóricos de la indignación consiguiendo, incluso, que un ensayo –Indignaos, de Hessel- se convirtiera en un bestseller durante la Feria del Libro de Madrid de  2011.

Este 2012 ha marcado sin embargo un giro notable. La crisis parece tener al fin quienes la piensen, al menos con la intención de hacer o decir algo sustancioso sobre ella. Así lo ha demostrado la reciente publicación de  ¡Acabad ya con esta crisis! (Crítica, 2012), del Premio Nobel de Economía Paul Krugman.

Según comenta la crítica, en este ensayo, Krugman se plantea la claridad sin faltar al rigor ni a la ironía; siendo fiel a su teoría de que hemos subestimado las recesiones pensando en paquetes de medidas únicas como si las crisis fuesen todas asuntos uniformes. En este nuevo libro La decisión de adoptar una moneda común parece ahora un error fatídico

Reafirma Krugman que las élites estaban tan embelesadas que desoyeron las advertencias;  sostiene que el gran engaño es creer que la crisis se deba a la irresponsabilidad fiscal. “Naciones ricas en recursos, talento y conocimientos–los ingredientes necesarios para alcanzar la prosperidad y un nivel de vida decente para todos- se encuentran en un estado de intenso sufrimiento”.

 ¿Cómo llegamos a esta situación? Y, sobre todo ¿cómo podemos salir de ella? Krugman plantea estas cuestiones con su habitual lucidez y nos ofrece la evidencia de que una pronta recuperación es posible, si nuestros dirigentes tienen “la claridad intelectual y la voluntad política” de acabar ya con esta crisis.

En la ficción, o casi ya en la parodia, se encuentra El enredo de la bolsa y la vida, la nueva novela de Eduardo Mendoza, protagonizada por el célebre detective loco de sus novelas El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas  y La aventura del tocador de señoras y que podría leerse como una «sátira» sobre la Europa de nuestros días.

El anónimo detective regresa a la acción en tiempos de crisis. Y contra su voluntad, es decir, movido por la amistad y sin un euro en el bolsillo, vuelve a ejercer de sabueso en la Barcelona de hoy en una carrera contrarreloj por desarticular una acción terrorista antes de que intervengan los servicios especiales de seguridad del Estado.

Sobre la historia,  en la que planea constantemente el tema de la crisis, declaró hace poco Mendoza al diario El País: “Empezaba a escribir otra cosa y me salió esto. La idea me vino cuando pasaba por una callecita de Barcelona. Había un local con dos letreros. El primero decía: Centro de Yoga Jardín de la Perfecta Felicidad; en el segundo: Se traspasa. Eso es lo que está pasando”. Y lo que está pasando es: “Con la crisis hemos recuperado algo que no debimos olvidar, que este es un país pobre y cutre”.

En otro registro, está el del periodista y escritor Juan Sardá en su segunda novela Taksim. Está ambientada en el año 2080, más de 60 años después de una guerra mundial provocada por la crisis económica. El mundo está dominado por las multinacionales. Los países y las ciudades se llaman como marcas: Coca-Cola Light BCN (la antigua Barcelona) o Mar Red Bull (el Mediterráneo). Taksim se erige como una metáfora de nuestro tiempo narrada en primera persona por una periodista de guerra víctima del terrorismo y conocedora de las cloacas del sistema.

En la operación voluntariosa, algo moralizante –totalmente a la inversa que Mendoza, por ejemplo- Taksim plantea un futuro muy presente dominado por la cultura de los famosos y la precariedad de las relaciones sentimentales donde se suceden los agentes secretos y las conspiraciones. En este contexto, Jakob, el protagonista, un afamado productor de cine, deberá aprender a asumir que su matrimonio con otro hombre ha sido un fraude. Contundente alegato contra cualquier tipo de violencia, Taksim cuenta, con modos de novela filosófica de aventuras, cómo la incapacidad de amar y el exceso de interés en lo financiero vuelve a las personas, o a las sociedades, enfermas.

No existe una literatura de la crisis -como no existen muchas otras, inventadas de oídas, con la prisa, el descuido o las ganas de que así sea-. Existe quizás una bibliografía, una variopinta biblioteca llena de irregulares volúmenes cuya única condición o crecanía sobre tal crisis no debería ser sólo su condición de manuscrito legible sino tener la sustancia resultante de pensamiento y la otra necesaria para provocarlo.


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