Cultura

Pérez-Reverte o el caso del escritor obsesionado con tener una opinión (en twitter)

Al autor de la Tabla de Flandes le bastan 140 caracteres para batirse con quien sea. No es el senador Anasagasti su única ficha. Tiene miles. Cuando aprobaron la ley antitabaco, la lió parda escribiendo que Ana Frank fumaba. En 2010, llamó a Moratinos "perfecto mierda", en el affaire Botsuana arremetió contra El Rey y hace poco definió Sevilla como ciudad de "maderos, yonquis, putas y gentuza".

Pérez-Reverte o el caso del escritor obsesionado con tener una opinión (en twitter)
Pérez-Reverte o el caso del escritor obsesionado con tener una opinión (en twitter)

Arturo Pérez Reverte está obsesionado con tener una opinión. Mejor dicho. Está obsesionado con tenerla  y… ¡divulgarla! No puede quejarse el creador del capitán Alatriste, los 140 caracteres del twitter le vienen de perla para mantenerse en forma en la gimnasia de los veredictos en la que presume de una estupenda condición. Para Pérez-Reverte, cualquier ocasión es propicia para soltar un juicio y si éste trae la polémica detrás, pues mucho mejor. O al menos eso parece.

En los últimos cuatro meses,  el autor de El puente de los asesinos, ha  levantado desde su cuenta de twitter al menos cuatro discusiones, es decir, una por mes. Casi todas han terminado con sus correspondientes noticias en prensa escrita.  La más reciente de ellas ocurrió justo ayer cuando el senador del PNV,  Iñaki Anasagasti,  le llamó "demagogo, oportunista, facha y poco democrático". La retahíla de Anasagasti  respondía a una frase de Reverte en la cual, en referencia a las medidas aprobadas por el Gobierno en el pasado consejo de Ministros,  el escritor  se preguntaba : “¿de qué sirven  390 senadores  (con la brillantez media y la eficacia política media de un Iñaki Anasagasti, por ejemplo)?".

Cuando la ley antitabaco escribió en su cuenta: "Anna Frank fumaba. La delató un vecino a la Gestapo cuando bajó a fumar al bar".

Sin embargo, de las perlas de Pérez-Reverte, ésta podría contarse como una variedad de río, un espécimen pequeño y discreto si se quiere. Otras más grandes y vistosas se han visto en su repertorio. Por ejemplo, “Anna Frank fumaba. La delató un vecino a la Gestapo cuando bajó a fumar al bar”. Con esta entrada en Twitter irrumpió el escritor en el debate sobre las denuncias de ciudadanos por las infracciones de la ley antitabaco, por allá, en enero de 2011, cuando la entonces ministra de Sanidad, Leire Pajín, alentaba a las personas a que denunciaran a aquellos que violasen la norma.

“El bonito deporte de apuntar con el dedo: te pones el mono de miliciano, la camisa de falangista o la vara de inquisidor, y te pones ciego”. En aquel momento, uno de los tuiteros que intervino en el debate, le preguntó por qué, ya que estaba tan incómodo aquí, por qué no se  iba de España, a lo que Pérez Reverte respondió: “¿Irme? Ni pagándome. Quiero estar presente. Quiero ver cómo termina esto”.

Reverte nunca gana ni pierde, protagoniza

Su estilo, si existe tal cosa en las redes sociales, tiene un efecto barrido. Los ataques y  menciones, por incluir en cada sacudón a varios personajes, siempre producen un aludido o, en su defecto, generan una respuesta en los medios. Por cada sacudón en el twitter, Pérez Reverte cosecha titulares en las cabeceras digitales y nunca se sabe si en la disputa, en el dijo y no dijo, Reverte gana o pierde la discusión, lo que sí es cierto es que la protagoniza.

En abril de este año, unos días después de la huelga general convocada para el 29 de Marzo,Pérez-Reverte fustigó por igual a sindicalistas y al gobierno, convirtiéndolos en blanco de sus proyectiles de 140 caracteres: "Tan culpables ellos como los sinvergüenzas, incompetentes y demagogos que nos dejaron en cueros. Contribuir al negocio de esos dos payasos que se pavonean como un partido político, sin otra fuerza que el chantaje violento de sus piquetes ".

A la audiencia twittera de Reverte –un grupo no sólo amplio sino permanentemente en línea- no le gustaron las opiniones del escritor, una circunstancia que favoreció  todavía más a Reverte, que encontró más miga para explayarse a sus anchas. "O sea, que no estar de acuerdo con la huelga general del otro día es de fachas" e incluso continuó: "En España, no. Aquí es obligatorio ser de derechas y tragarlo todo por ahí o ser de izquierdas y tragarlo todo por allá. Compartir algo de lo uno y algo de lo otro y ser consecuente con ello funde los plomos. Obliga a pensar. Y claro. De ahí nuestros eternos cainismo, vileza y mala leche. Y el adversario, ni vencido ni convencido: exterminado. O moros, o cristianos. Un país analfabeto siempre necesita etiquetas fáciles para creer que se aclara”.

Preguntado por el papel de los hombres de letras, Arcadi Espada dijo, con cierta sorna: Hoy sólo existen intelectuales de twitter.

Al ser preguntado recientemente en una conferencia  sobre la vigencia cívica de los llamados “hombres de letras” -¿necesita la gente a los hombres de letras, interesa lo que opinan sobre la política y la actualidad, necesita la ciudadanía sus juicios más allá de lo que escriben?-, el escritor Arcadi Espada se limitó a decir, muy brevemente, que la época de los Sartre ya había pasado y que habíamos llegado a los días de los “intelectuales de twitter” -la sorna en Arcadi se sobrentiende-. Podría ser Pérez-Reverte el mejor ejemplo del intelectual de twitter.

El académico, escritor y periodista ha hecho de su microblog una especie de columna de opinión a tiempo completo. Desde su cuenta  habla de todo, opina de todo: desde el gazpacho que ha tomado hasta los recortes del Gobierno. El suyo es un raro y omnívoro humanismo, que todo lo devora y todo lo deglute. El barrido es su método y la Red su público. Otra forma de multitud que es capaz de rebatir y pedir explicaciones. ¿Intelectuales de Twitter o acaso individuos obsesionados con tener una opinión?


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