Cultura

Sonsoles Ónega escribe una novela sobre el "timo de la mujer trabajadora"

En medio de la polémica sobre si es o no motivo de interés público el embarazo de la líder socialista Susana Díaz, la periodista Sonsoles Ónega presenta Nosotras que lo quisimos todo (Planeta), un libro definido por ella misma como una “novela sobre el timo de la mujer trabajadora”. ¿Fue la liberación femenina un engaño?

Soraya Saénz de Santamaría, Susana Díaz y Ana Patricia Botín.
Soraya Saénz de Santamaría, Susana Díaz y Ana Patricia Botín.

Son las nueve de una mañana que para ella ha comenzado hace ya rato. Maquillada a la perfección y calzada sobre unos altos botines, la periodista Sonsoles Ónega hace una pausa en su trabajo como reportera de Telecinco en el Congreso de los Diputados para hablar de Nosotras que lo quisimos todo (Planeta), una novela sobre “el timo de la mujer trabajadora”. Apenas el día anterior, estaba servida la polémica sobre si era o no objeto de interés periodístico la maternidad de la líder del PSOE andaluz, Susana Díaz. Eso no se lo preguntarían a un hombre, aseguraron muchos. Sin embargo, sobre el particular, Ónega se desmarca: “Aplaudo que mujeres con poder, como Susana Díaz o Soraya Sáenz de Santamaría, apuesten también por la maternidad”.

Casi como el bolero de Los Panchos, Nosotras que lo quisimos todoes una historia en la que Sonsoles Ónega ha decidido retratar la vida de miles de mujeres que intentan conciliar su profesión y su vida familiar. Y aunque su autora, como Beatriz, la protagonista de esta historia, lo quiere todo –y está convencida de que es posible conseguirlo-, para lograrlo habría que dejar algunas cosas muy claras. “No nos dijeron que esto sería así”, asegura. Nuestras madres y abuelas, explica Ónega, no tenían que ser varias mujeres en una. Sin victimismos pero clara en que hay que corregir algunas cosas en la carga que empujan –prácticamente solas- muchas mujeres en la actualidad, Sonsoles Ónega se plantea una novela que parece tener más que ver con la realidad que con la ficción.

"Aplaudo que mujeres con poder, como Susana Díaz o Soraya Sáenz de Santamaría, apuesten también por la maternidad".

-La novela no es un género desconocido para usted, ésta es ya la cuarta. Sin embargo, ¿qué le pasa a las periodistas con la ficción? ¿Por qué ese rebrote de reporteras que escriben y publican novelas?

-A todos los periodistas nos gusta escribir, tenemos un escritor dentro. Puede que lo que esté ocurriendo, quizá, es que ahora exista un interés editorial por dar voz a esos reporteros que se expresan en otros registros. Es verdad que ese no es mi caso, porque yo comencé primero a escribir novelas y luego buscar editoriales para publicarlas. Me he adentrado en el mundo de la ficción y de la literatura muy sola y saltando al vacío, sin saber qué resultado tendría.

-¿Por qué decide contar esta historia como ficción cuando prácticamente está construida como un reportaje?, ¿necesitaba en verdad plantearla como una novela?

-Nosotras que lo quisimos todo es una ficción: la protagonista es ficticia, aunque esté construida a través de realidades. La novela es un género en el que me siento muy cómoda. El periodismo te da la gasolina, implica estar en la calle, estar escuchando y viendo muchas situaciones. Pero a eso hay que unirle una circunstancia personal: el haberme descubierto a mí misma timada por el proyecto vital de nuestra generación. Todo eso, unido como un coctel, produjo el libro.

-¿Realmente cree que las generaciones anteriores de mujeres vivían mejor?

-Esa es una pregunta que Beatriz, la protagonista, se hace a lo largo de la novela. Es algo que escuchamos decir a muchas mujeres de nuestra generación, es decir, aquellas que tienen entre treinta y cuarenta. Pero si te das cuenta y ves las conquistas, dices: vivimos mucho mejor. Por encima de todo está la conquista de los derechos y las libertades.

"El timo se esconde en el hecho de que cuando nos hablaron de la liberación de la mujer, nunca se habló de liberarnos de las tareas de la casa".

-¿Entonces por qué, según usted, el timo?

-El timo se esconde en el hecho de que cuando nos hablaron de la liberación de la mujer, nunca se habló de liberarnos de las tareas de la casa. Y Hemos hecho todo lo que nos han dicho que teníamos que hacer: adaptarnos a las reglas del mercado, adaptarnos a las exigencias de la formación, a los horarios de trabajo y en cambio todo el peso del hogar se mantuvo igual.

-Gonzalo, el esposo de Beatriz, es incapaz de tender un puente para hacerle más fácil las cosas.

-Una socióloga con la que hablé mucho para escribir el libro, Teresa Torns, se planteaba: ¿pero por qué tiene Gonzalo que ceder los privilegios que culturalmente le han sido concedidos y que se heredan generación en generación? Pero la verdad es que la mujer no tiene por qué hacerse cargo de todo. Esa es la respuesta que la sociedad le debe a las mujeres. En nuestra mochila recae el peso del cuidado y la logística del hogar, pero también el quehacer profesional, la maternidad… y eso nos hace correr más despacio hacia la meta, porque la mochila pesa más.

 -Al hablar de la maternidad, dice usted: bienvenida al mundo de la gran renuncia. ¿Qué hacer: replanteársela, postergarla?

- El libro plantea hacerlo todo. No podemos postergar o descartar la maternidad. Hay algo intrínseco en la maternidad y que ocurre también a las mujeres que trabajan: el cansancio. Hay que decir las cosas claras: no nos dijeron que esto sería así. Y toca decirlo todo de una manera sencilla pero clara, eso nos hará vivir menos perplejas.

"Hay que decir las cosas claras: no nos dijeron que esto sería así".

-Resulta curiosa esta conversación, justamente cuando surge la polémica sobre si incumbe o no la opinión pública que Susana Díaz esté embarazada

-No podemos luchar contra imposibles... Que Susana Díaz esté embarazada es noticia, es una circunstancia en su vida. Aplaudo que mujeres con poder, Susana Díaz o Soraya Sáenz de Santamaría, apuesten también por la maternidad.

-Vamos, algo así como dar a luz e inmediatamente presidir el consejo de ministros. Echarse encima un país y una familia, ¿no le parece ciclópeo? ¿qué hace el resto de las mortales que no puede pagar una ayuda?

-No es un mandato universal lo de ser profesional y madre a la vez, pero la que quiera hacerlo, tiene que saber que es posible. La visibilidad de la maternidad en mujeres de éxito es buena. La Vicepresidenta Soraya Sáenz de Santa María lanzó un mensaje muy fuerte: yo puedo con todo. Pero para conseguirlo tenemos que cambiar ideas y prejuicios que nos han acompañado durante generaciones y generaciones. Eso implica renuncias, pero ahí entra la gestión del tiempo. No se puede criminalizar a la mujer que no a va a buscar a su hijo todos los días al colegio, ni la figura de la cuidadora, que a mí me parece fundamental en las familias en las que en los dos trabajan.

"La Vicepresidenta Soraya Sáenz de Santa María lanzó un mensaje muy fuerte: yo puedo con todo".

-¿Qué piensa de aquellas palabras del ex ministro Alberto Ruiz-Gallardón… aquello de que sólo la maternidad consagraba la feminidad?

-Cuando le escuché decir eso tuve muy claro, como lo tengo ahora, que la vida de una mujer, aquello que la completa o no, no depende de lo que diga un político. Faltaría más. De todas formas, no creo que todos los que redactan las leyes piensen todos como Gallardón.

-Con respecto al triángulo culpa-maternidad-profesión, plantea en el libro que son las propias mujeres las que se hacen sufrir mutuamente.

-Eso lo pensaba, pero lo confirmé al escuchar las palabras de la ex secretaria de Estado, Madeleine Albright, una mujer que además forma parte de otra generación, y que cuando decidió ser madre, las propias mujeres le preguntaron: “¿Qué? ¿no van a sufrir tus hijos porque tú no estás?”. Eso no se lo preguntarían a un hombre.

-Hablemos del sector periodismo, fuertemente dominado por mujeres, ¿no le parece que existe sin embargo una especie de machismo femenino?

-No coincido del todo. Esta profesión es muy femenina y somos muchísimas las mujeres que hacemos información y damos la cara como presentadoras…

"El día que Ana Patricia Botín instaure la jornada intensiva, habrá un mensaje potentísimo".

-Me explico mejor. Me refiero a periodistas y presentadoras que favorecen una visión sexista, de forma voluntaria.

-Si me pones en la tesitura de contestarte, pues, veamos: creo que la profesión debería, por ejemplo, valorar más a las mujeres mayores, no sólo a las más jóvenes. De eso se habla mucho menos. La experiencia y la edad pueden y deben de ser valoradas. Ana Rosa Quintana o María Teresa Campos han peleado lo suyo por estar ahí. Y eso tiene un valor.

-Entonces, ¿cuál es la dimensión de esta batalla?

-Queda mucho. Por ejemplo, equipararnos a los horarios europeos. Iberdrola ha diseñado una jornada intensiva. De implantarse eso, ninguna mujer tendría que coger, por ejemplo, una reducción de jornada, que es un verdadero problema en el desarrollo profesional y en parte de la brecha salarial. El día que Ana Patricia Botín instaure la jornada intensiva, habrá un mensaje potentísimo. Porque beneficia a todos: a hombres y mujeres. El periodismo es una excepción, porque las noticias no tienen horario. Pero en el resto de la sociedad sí se pueden hacer cosas.

El timo de la mujer trabajadora

Esta es su cuarta novela. En ella, Sonsoles Ónega relata la historia de Beatriz, la directora de compras en una multinacional textil, quien tendrá que replantearse seriamente su día a día tras recibir una oferta profesional: un ascenso para ocupar un puesto en Hong Kong. Casada y con dos hijos –sí, dos, como Ónega-, Beatriz vive agotada, debatiéndose entre trabajar en lo que le gusta y disfrutar de la vida familiar que desea. Dado que su marido no está dispuesto a seguirla a Hong Kong, Beatriz comienza una investigación sobre la conciliación de la vida personal y laboral como medio para ser capaz de tomar una decisión. Además de su carrera como periodista, su andadura literaria comenzó en 2004, cuando ganó el III Premio Letras de novela corta con su primera obra, Calle Habana. En 2007 publicó la segunda, Donde Dios no estuvo, inspirada en los atentados del 11 de marzo de Madrid. A ésa siguió Encuentros en Bonaval.


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