Cultura

Dolores Redondo: “Si escribo estas novelas es porque estos crímenes ocurren”

La llamada trilogía de Baztán –para algunos tan sólo un ejercicio de novela fantástica, para otros arrebato genial de la novela negra y el thriller navarro-, llega a su fin con Ofrenda a la tormenta, un novela publicada por Destino en la que Redondo cuenta los asesinatos de niños recién nacidos a manos de sus padres.

Dolores Redondo, esta semana en Elizondo.
Dolores Redondo, esta semana en Elizondo. Ondikol

Es agente de la Policía Foral de Navarra. No está divorciada, no es alcohólica ni abandonó a nadie; de hecho es madre, está casada y lleva su vida profesional con relativo buen tino.Se trata de Amaia Salazar, la protagonista de la llamada trilogía de Baztán, escrita por Dolores Redondo (San Sebastián, 1969), y que ahora llega a su fin con Ofrenda a la tormenta (Destino).

En las páginas de esta novela, la inspectora Amaia Salazar deberá resolver una serie crímenes de niños recién nacidos. Lo que parece tan sólo una “muerte de cuna”, es en verdad una trama de asesinatos cometidos por los propios padres, quienes ofrecen a sus tiernos querubines como sacrificio para honrar a una secta satánica. “Si escribo estas novelas es porque estos crímenes ocurren”, asegura Dolores Redondo al referirse a los homicidios ocurridos en Navarra en 2011.

“No puedo imaginar nada peor que ser víctima de quien debería amarte y darte protección”. Sin embargo, en la narrativa de Dolores Redondo las cosas tienen un pie en la realidad y otro en el mundo de la brujería. Todo cuanto ocurre en estas páginas ha sido provocado por una fuerza maligna extraída de la mitología navarra, que empuja a las personas a hacer cosas terribles.Ahí está el ingrediente de sus historias, convertidas desde 2013 en auténticos bestsellers.

“Yo hago novela mestiza”, asegura la donostiarra sentada ante el río que cruza Elizondo

¿Fenómeno editorial? ¿Policíaco travestido en saga fantástica? ¿Novela negra sonrojada en chapucero misterio? Aquí cada quien opina algo distinto; y así como hay quienes adoran la obra de Redondo hay quienes alzan la ceja con escepticismo. “Yo hago novela mestiza”, asegura la donostiarra, sentada ante el río que cruza Elizondo, pueblo del valle del Baztán, en Navarra, en el que se desarrolla la trilogía y del que es oriunda Amaia Salazar, la heroína en todo este asunto.

Maltratada de pequeña por una madre maligna, Amaia Salazar tuvo que volver al lugar del que huyó. Lo hizo en la primera entrega: El guardián invisible. Enfrentándose a los homicidios de las jóvenes que aparecían muertas en las orillas del río,la inspectora debió plantar cara ante una infancia dominada por el miedo que le metió en los huesos su madre, una figura que ahora recorre, cual espectro, la entrega final de la saga. Porque en estas páginas el mal siempre está cerca, empujando a hombres y mujeres a cometer atrocidades.

Si en El guardián invisible era el ser mitológico Basajaun el que centraba la trama y fueron los pasos de Tartalo, una especie de vorazcíclope de la mitología navarra, los que daban sentido a los asesinatos rituales de Legado en los huesos, en Ofrenda a la tormentala clave estará en Inguma, un demonio que asedia a los niños pequeños y entra en las casas para robarles el aliento hasta hacerles morir. Adorado por el culto de una secta satánica, Inguma recibe en su honor el sacrificio de niños recién nacidos. Será entonces Amaia Salazar, nuevamente, quien deba tirar del hilo en una historia que a ella le resulta familiar.

“Amaia ha sido atacada por su madre como una Inguma, se posiciona sobre ella e intenta robarle el aliento"

“Inguma es una de las figuras más tenebrosas. Se cuela dentro de las casas y se posa para arrebatar el aliento a los niños. Esta misma entidad está presente en muchas culturas: la católica, pero también la sumeria, la japonesa, la tailandesa”, plantea Dolores Redondo. “Amaia ha sido atacada por su madre como una Inguma, se posiciona sobre ella e intenta robarle el aliento. Lo que ella más temía, desde niña, es que su madre se acercara y llegara a tocarla”.

Incluso, asegura Redondo, es la condición de víctima de Amaia la que la convierte en la rueda que pone en marcha la trilogía. No en vano, esta tercera entrega ocurre exactamente un mes después del intento de asesinato de su hijo pequeño, quien casi muere en el volumen anterior: Legado en los huesos. “El que ella haya sido una víctima hace que esté más comprometida con ellas. Para Amaia nunca un caso está cerrado. Tiene que contestar preguntas que son para ella”.

En Elizondo, un pueblo de 3.500 habitantes perdido en los hondos valles del Baztán, cabe preguntarse si tienen arraigo, todavía, esas creencias de las que echa mano Dolores Redondo en sus libros. ¿Realmente lo tuvieron; lo tienen aún? “Es algo que podrás comprobar si paseas por las calles del pueblo. Si te asomas a algunas casas, verás cómo ponen en la puerta flores secas de cardo para evitar que entren las brujas. Muchas personas continúan usándolas. ¿Lo hacen porque aún creen en las brujas? Mal no hacen las flores en la puerta… El asunto es que en Elizondo han sabido preservar estas leyendas, mezclándolas con lo cotidiano”, dice Redondo.

Lo que sí es cierto es que quienes cometen los crímenes en sus libros, siempre están a un paso del enloquecimiento,algo que Redondo no quiere conceder como una licencia psicológica para justificar el mal. “En todos mis libros, y en este más,distingo la maldad de la enajenación. Se puede llegar a perder la salud mental y cometer un acto abominable, pero también hay quienes lo hacen a la inversa. Quien perpetra un crimen espantoso puede llegar a la locura después del mal. Eso tiene que destrozarse de alguna manera y de alguna manera tienes que pagarlo. Lo que no entiendo es cómo hay padres que son capaces de matar a sus propios hijos”. Y es entonces cuando uno se aclara la garganta y piensa -¿pero qué tendrá todo esto de literario?-, y en ese momento Dolores Redondo da un golpe –no se sabe si de efecto o de oratoria- y se va por las ramas de las sectas satánicas: “La crisis económica, la crisis de valores y la poca solvencia que ha tenido la fe tradicional para dar respuestas, hace que la gente se aferre a esto”.

Más allá de las brujas y los demonios, la verdad es que Dolores Redondo no puede quejarse. Ha vendido más de 400.000 ejemplares y goza de bastante aceptación incluso en países con una escuela ya establecida en lo que a novela negra respecta. La pregunta es por qué. ¿Qué tienen sus libros para propiciar, supuestamente, este revuelo? “Las novelas no tienen nada de especial que no se haya hecho antes. El personaje, Amaia, tiene sus aspectos; la trama, también. El paisaje es increíble pero hay otros libros que tienen esos atributos. Quiero pensar que es mi voz la que gusta. Porque soy una buena narradora, o eso quiero pensar”, dice, acaso precavida, al momento de proclamarse a sí misma como buena escritora.

De momento, todo parece bien para la escritora, quien verá pronto llevada su trilogía de Baztán a la gran pantalla. Los productores responsables de la versión europea de la saga Millenium de Stieg Larsson ya están trabajando en la adaptación de El guardián invisible, la primera entrega de la saga, que contará con la participación de ATresMedia. ¿Detalles? Poquísimos. Como pocas han sido las precisiones de Redondo en una jornada de prensa que no termina. No creerán en brujas en Elizondo, pero si vuelan éstas como las de Zugarramurdi, que no paren, dirán los habitantes del pequeño pueblo, en estos días revolucionado con el enjambre de periodistas que completa la Ruta de la trilogía del Baztán que la oficina de turismo ya ha puesto en marcha.


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