Cultura

Lorenzo Silva: "La novela negra se beneficia y crece en las épocas de crisis"

Es el más reciente en la historia de un Premio que ya lleva 61 ganadores. Lorenzo Silva, victorioso en la edición 2012 del Planeta, lo ha hecho con la novela negra La marca del meridiano, que narra de nuevo las pesquisas de sus ya conocidos Bevilacqua y Chamorro, la pareja de investigadores de la Guardia Civil,  quienes esta vez deben aclarar un asesinato cometido en Barcelona tras el que también se esconde la corrupción, dobleces morales y dilemas éticos.

Lorenzo Silva: "La novela negra se beneficia y crece en las épocas de crisis"
Lorenzo Silva: "La novela negra se beneficia y crece en las épocas de crisis"

Antes que escritor ha sido auditor de cuentas, asesor fiscal y abogado hasta el año 2002, de ahí quizás el aplomo ejecutivo de la americana azul marino que viste esta mañana o el aspecto de profesional liberal con el que sonríe a la cámara. Pero la verdad es que Lorenzo Silva escribe historias desde los 14 años.

No son todavía las ocho menos cuarto de la mañana en el Hotel Princesa Sofía de Barcelona cuando el 61 Premio Planeta ha contestado ya a tres entrevistas telefónicas y ha bebido dos tazas de café Lungo Forte. “En realidad estaba yo bastante lejos de la mesa como para decir si Mas y Wert hablaban mucho o poco.  Cuando estuve con ellos en el escenario me pareció que tuvieron un trato cordial”, responde a los periodistas de Punto Radio. “Lo que sí puedo decirte es que me sorprendió, y mucho, que el ministro Wert leyera a Bevilacqua”, remata luego, al teléfono, para la Cadena Cope. No para Lorenzo Silva de hablar y agradecer. Hoy, como buen día siguiente de un Planeta, todo son halagos.

Tras ser valorada por el jurado con cinco votos en la cuarta votación de la noche, La marca del meridiano –presentada con el falso título Te protegeré y el pseudónimo Bernie Ohls, personaje de la novela El sueño eterno de Raymond Chandler, autor favorito de Silva-, el madrileño  se impuso en la edición 61 del Premio. Una vez más, los personajes de su saga detectivesca, la pareja de guardias civiles Bevilacqua y Chamorro que comenzaron casi dos décadas atrás en El país de los estanques (1998) y ya le hicieron ganar el Nadal en el 2000, dieron un paso al frente en la narrativa de Silva, quien decidió hacer esta vez una entrega más contemporánea y teñida de realidad.

La historia, cual clásico del policial, comienza con un cadáver. Ocurre en Barcelona, en octubre de 2011.

La historia, cual clásico del negro y del policial, comienza con el hallazgo de un cadáver. Ocurre en Barcelona, en octubre de 2011. El mismo día en que ETA anuncia el cese definitivo de su actividad armada y Gadafi aparece muerto luego de caer en manos de una turba enfurecida que le aplasta y le golpea como a una fruta madura frente a una cámara de televisión.

El viaje de Bevilacqua para esclarecer el asesinato de una víctima que resulta ser su amigo pone en marcha una serie de dispositivos literarios. Bevilacqua, un hombre nacido en uruguay, que vive en Madrid y conserva un pasado en Barcelona, debe emprender un viaje en el espacio y el tiempo, lo que le hará toparse no sólo con el “meridiano”, el de Greenwich, que separa Madrid de Barcelona, como certifica el propio Silva –“cambia en el GPS” insiste- sino con las muchas otras rayas y límites imaginarios de otros personajes que han decidido romper las normas y la ética. “Esta es una historia de hombres que, por error, o por estupidez, se saltan un código, dice”.

-Bevilacqua y Chamorro están presentes en tu literatura desde hace 17 años, desde El país de los estanques.  ¿Ha querido hacer de ellos testigos de la vida de la sociedad española en las últimas dos décadas?

-Cuando escribí mi primera novela, quería hacer una novela policiaca que sucediera en España, que tuviera personajes españoles, que mirara la realidad española  sin complejos, por eso son guardias civiles también. Tampoco me planteaba mucho más en ese entonces. Pero han pasado 17 años. Lo que sí decidí en ese entonces, es que el reloj no se les pararía, ellos envejecerían también con el paso de esos años. Ellos han ido recorriendo la realidad española de los últimos 17 años y a mí me sirven como testigos, pero también como exploradores. Todos somos testigos, pero ellos son investigadores criminales. Ellos acceden al lado oculto de las personas, a la vida secreta, a ese espacio  donde las cosas no siempre son como parecen  en el lado visible y también yo los he convertido en una suerte de exploradores de la cara oculta de la realidad española.

"Bevilacqua y Chamorro no sólo son investigadores, son exploradores de la realidad española".

-¿Y qué ha encontrado en ella a lo largo de siete libros?

-Las contradicciones de este país. España es capaz de cosas extraordinarias y es capaz de cosas tremendamente decepcionantes, por su estupidez. A lo largo de sus investigaciones se encuentran a gente de mérito, que consigue grandes cosas pero también a gente que, además de saltarse las reglas, se comportan de forma estúpida y de forma profundamente equivocada.

-¿En qué sentido esa equivocación? ¿ética? ¿moral?

-En España hay una identificación excesiva del inconsciente colectivo entre el listo y el que hace trampas. Siempre he tenido la sensación de que la gente verdaderamente lista y verdaderamente inteligente  es capaz de prosperar sin hacer trampas, y ellos, Bevilacqua y Chamorro,  intentan hacer eso. Ellos investigan crímenes. La investigación criminal es un arte complicado y no siempre se puede hacer cumpliendo al 100% el reglamento pero ellos saben que si hacen trampas, al final aparecerá un abogado en un juicio y echará abajo la instrucción.

-Lo dice con conocimiento de causa, fue abogado hasta que se pasó al bando literario

-Lo he sido, he sido abogado y he visto instrucciones echadas abajo porque la policía no ha hecho bien su trabajo.

-Comenzó a escribir novela negra en un momento en el que no existía este Boom del género …

-¡Bueno, bueno! La novela negra era casi una leprosa en aquel entonces. Mi primera novela negra me la devolvieron seis editores, ¡seis!

-Y sin embargo ahora, la novela negra vive un momento de esplendor. En parte por la capacidad que tiene el género  para reflejar el malestar social y para poder hacer una crítica

-La novela negra es un género que convive muy bien con la crisis. La crisis es mala para casi todo pero hay determinadas actividades que se benefician de la crisis. Zara se beneficia de la crisis. McDonalds se beneficia de la crisis. La novela negra también se beneficia de la crisis porque no sólo se suministra más argumentos sino que esos argumentos tienen más fuerza y son más necesarios y es más necesario explorar la parte desagradable de ese descontento también para exorcizarlo. Yo creo que no es para nada casual que el gran boom de la novela negra norteamericana se produjera después de la Gran Depresión.

-En El marcador del meridiano, el viaje que se hace para resolver un crimen que ocurre en el pasado, en Barcelona, supone cruzar este paralelo pero también supone moverse en el tiempo y revisar la historia de personas que cruzaron una raya ética.

-Hay unos personajes que son muy evidentes, son policías corruptos y son muy peligrosos cuando los ciudadanos le dan una placa y una pistola y ellos la ponen al servicio de los delincuentes. En ese momento estos policías se convierten también en delincuentes. Esos son los personajes que claramente han cruzado la raya, pero yo quería huir de ese discurso que siempre dice qué mal lo hacen los otros y que es capaz de objetivar y situar el mal fuera, por eso a lo largo de la historia también hay una reflexión de los propios personajes sobre sus propios errores porque creo que cuando entramos en momentos de decepción colectiva como los que atravesamos ahora, lo que afloran son errores colectivos y sobre muchos pequeños errores individuales sobre los que a lo mejor  no estamos libres ninguno. Lo digo sin pretender culpar a los ciudadanos  y sobre todo a los más desprotegidos de la crisis, ese es el giro que se debe dar, quien ha tenido poder ha tenido más capacidad de influir. Y sin embargo debe existir una autocrítica.

No es para nada casual que el gran boom de la novela negra norteamericana se produjera después de la Gran Depresión.

Lorenzo Silva escribía novela negra cuando ésta era un género prácticamente ignorado y desconocido en España. Si bien es cierto su obra posee libros de narrativa juvenil, ensayo y teatro, de las veinte novelas que tiene publicadas, éste  es el género que predomina, justamente, con su serie dedicada a Bevilacqua,  integrada por El lejano país de los estanques, El alquimista impaciente, Nadie vale más que otro. Cuatro asuntos de Bevilacqua, La reina sin espejo y La estrategia del agua.

Silva, que vive a caballo entre Getafe y Viladecans (Barcelona, está considerado toda una autoridad en el universo de la novela policíaca, puesto que es comisario del Festival de novela policíaca de Madrid Getafe Negro, y en 2009 y 2011 comisario junto a Ramón Díaz Eterovic el certamen Santiago Negro, el festival de novela negra de Santiago de Chile.

Ahora, envuelto en el aura del Planeta, Lorenzo Silva se pierde entre periodistas, otra vez. Después de ésta, probablemente tenga la sexta o séptima entrevista de la mañana y no son todavía las diez. El día siguiente de un Planeta promete ser interminable y aún así, Lorenzo Silva sonríe, posa con la americana azul, perfecta y sin una arruga,  mitad escritor, mitad letrado, aunque ya la escritura le invada por completo. Probablemente ahora más que nunca.  


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