Cultura

Rafael Arráiz Lucca: "La cultura en Venezuela ha respondido con vigor ante el chavismo"

El ensayista y poeta venezolano publica por primera vez su poesía en España. Se trata de un volumen de Ediciones La Palma en el que se reúnen sus poemarios Pesadumbre en Bridgetown y Plexo Solar. Sobre literatura, pero también sobre política, conversa Arráiz Lucca en esta entrevista con Vozpópuli.

El escritor venezolano Rafael Arráiz Lucca.
El escritor venezolano Rafael Arráiz Lucca.

Es el integrante de una de las últimas generaciones agrupables de poetas venezolanos. Corrían entonces los ochenta, el FMI comenzaba a hacer estragos en América Latina y la poesía conversacional levantaba revuelo. A los jóvenes poetas les daba por unirse y firmar, con igual arrebato, versos y manifiestos. Tiempos dulces, tiempos viejos, acaso extintos. Él los conoce, de sobra. Historiador, poeta y ensayista, el Rafael Arráiz Lucca de aquellos años se transformó en un autor de voz firme, que hoy acumula una amplia obra que incluye poesía, antologías y compilaciones, además de ensayo literario e histórico.

Ocupó el cargo de director de la que fuera una de las editoriales más prestigiosas de América del Sur: la Monte Ávila Editores previa al descalabro y el saqueo. En aquel país donde todo fue, él sigue siendo una voz clara junto a otros poetas de su generación como Yolanda Pantin o Igor Barreto. Rafael Arráiz Lucca publica por primera vez en España dos de sus poemarios. Se trata de un volumen de Ediciones La Palma en el que reúne sus poemarios Pesadumbre en Bridgetowny Plexo Solar.

Rafael Arráiz Lucca publica por primera vez en España dos de sus poemarios.

-Es la primera vez que su poesía se publica en España. Sin embargo, es usted muy cercano a poetas españoles contemporáneos como Luis García Montero, a quien publicó hace unos años ya en Venezuela.

-Uno de mis más viejos amigos es Antonio Machado, a quien leí con fervor en mi adolescencia, y me ha acompañado toda la vida. También amigos han sido José Agustín Goytisolo y Jaime Gil de Biedma, cuyas obras he leído con embeleso, al igual que las de Ángel González, José Hierro y Luis Antonio de Villena. Para eso están las obras: para viajar en el tiempo y abrirse para desconocidos que terminan amándolas. A Luis García Montero lo conozco, es amigo y he leído su poesía con atención. Hace poco lo vi en Bogotá con Chus Visor, ambos personajes centrales de la cultura española y su complejísimo entramado.

-Han transcurrido más de veinte años desde Pesadumbre en Bridgetown y más de diez desde Plexo Solar, un tiempo suficiente para saber la solidez de unos poemas frente a otros. ¿Cómo fue el proceso de relectura?

-Estos libros los escogió el editor Nicolás Melini y me propuso publicarlos y, ciertamente, me pareció que se correspondían unos con otros, de modo que no fue mía la selección. De los dos, cuando releí las pruebas que mandó Melini, me siguió gustando Plexo solar, pero ninguno de los dos libros los había releído porque durante años no he leído poemas en recitales, no porque sea adverso a ellos, todo lo contrario, sino porque me entristecía leer mis poemas en voz alta, no sabría explicar por qué. No obstante, hace poco volví a leer en voz alta y me sentí bien, puede ser que ahora no sienta tanto apego a mis textos, puede ser.

"A Luis García Montero lo conozco, es amigo y he leído su poesía con atención"

-Permítame inmiscuir la política en la poesía, pero ambos libros fueron escritos, uno en 1992 y otro en 2002, años especialmente traumáticos en la vida venezolana. ¿Siente que ese malestar se filtró en su poética?

-Pesadumbre se publicó en 1992, pero lo escribí antes, con motivo de la guerra del golfo, que no sé por qué me afectó profundamente. Ha debido tocar algo en mi psique de entonces. Lo mismo ocurre con Plexo, se publicó en 2002 pero lo escribí entre 1997 y 2001 y, la verdad, no tiene ninguna relación con la política venezolana. El tema de la realidad lo dejo para mis libros de historia política venezolana, que ya son varios. La poesía es un universo de indagación interior, subconsciente, espiritual.

-De su generación, ha sido usted uno de los autores con vocación no solo divulgativa sino de análisis. Sus antologías han sido fundamentales para recorrer la poesía venezolana, ¿cómo ha cambiado la geografía poética venezolana?

-No sabría decirlo. El coro de las voces solitarias. Una historia de la poesía venezolana, se publicó en 2002 y la antología de Visor en 2005, y después le he perdido la pista a la poesía nacional.

-Hay quienes identifican una correspondencia entre usted con el premio Príncipe de Asturias Arturo Uslar Pietri, que ha estudiado a fondo, y que –como usted- tuvo vocación de intervenir y entender el país. ¿Cree que la Venezuela de hoy se deja entender, permite ser pensada, de la misma forma que la Venezuela que vivió Uslar Pietri?

-He trabajado la vida y obra de Uslar hasta agotarla, pero no advierto mayor correspondencia entre su trabajo y el mío. Ni siquiera cultivo el género narrativo que él tanto desarrolló. Ni siquiera coincidimos en los personajes que nos interesan: a él le fascinaba Simón Rodríguez, a mí me causa gracia y repugnancia a la vez. En lo político menos, mis impresiones sobre la historia de Venezuela coinciden poco con las del maestro Uslar Pietri. No obstante, que no coincidamos no quiere decir que no respete su trabajo, que me ha interesado muchísimo, y al que le consagré mucho tiempo de investigación y mucho respeto y fervor. En cuanto a la Venezuela de Uslar y la que padecemos hoy, la mirada de él ya serviría poco para entender la realidad actual. Las explicaciones que dio en su momento dieron en la diana, esas mismas explicaciones van perdiendo el círculo.

"La mirada de Arturo Úslar Pietri ya serviría poco para entender la realidad actual".

-Ha sido un año importante para los escritores venezolanos en España: usted, Antonio López Ortega y Yolanda Pantin han publicado con el sello Pre-textos. ¿Cómo es la visibilidad de la literatura venezolana en este momento?

-En España se ha despertado alguna curiosidad gracias a los escritores y periodistas venezolanos que viven allá, que entusiasman a los españoles con lo que hacemos de este lado del charco. Pero más allá de esta feliz coyuntura, no son muchos los autores leídos fuera del país. Pero eso tampoco tiene que entristecernos. Si te leen los de tu pueblo ya es bastante, si acaso te leen los del pueblo vecino, pues ya es mucho. Aclaro: estoy hablando de poesía, que la leen un puñado de gente en todas partes del mundo.

-Estuvo en Colombia tres años, en medio de un complejo proceso político en Venezuela que amenazó y perjudicó instituciones que usted dirigió y que fueron decisivas en el mecenazgo cultural venezolano. ¿Cómo se encuentra la salud del quehacer cultural en Venezuela?

-Muy bien. La reacción del mundo de la cultura venezolana a lo que hemos estado viviendo ha sido vigorosa, de trabajo, de seguir adelante con las creaciones, contra viento y marea. Pasamos por un momento luminoso. Se publican muchos libros, hay nuevas editoriales. Hay exposiciones notables. La cartelera de teatro está muy nutrida. En suma, la respuesta de los creadores ante lo que nos ha tocado vivir es maravillosa. No encuentro otro vocablo. También son notables las actitudes de las academias, de las universidades, de los científicos. Al día de hoy siento un enorme orgullo de ser venezolano y un respeto formidable por mi gentilicio. Por supuesto, “la procesión va por dentro”. Vivir en Venezuela no es “miel sobre hojuelas”, pero seguimos remando.


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