Cultura

Ricardo Piglia presenta un híbrido entre biografía y ficción en 'El camino de Ida'

El escritor argentino, de 71 años, autor de las novelas Plata quemada y Blanco nocturno (Premio Rómulo Gallegos y de la Crítica, en España), profundiza en sus investigaciones entre realidad y ficción en una novela de intriga que se desarrolla en un campus en Estados Unidos.

El escritor argentino Ricardo Piglia.
El escritor argentino Ricardo Piglia.

El escritor Ricardo Piglia estuvo de paso por España para presentar su última novela El camino de Ida(Anagrama, 2013), una historia en la que el argentino recupera la figura de Emilio Renzi, ese investigador que ya utilizó en Respiración artificial, y que en esta oportunidad introduce en una historia de intriga ambientada en un campus norteamericano, contexto que ilustra y recoge las experiencias de Piglia como profesor de literatura en Harvard y Princeton, donde imparte clases desde hace 15 años.

La acción narrativa echa a andar con la muerte de la profesora Ida Brown, una atractiva y resuelta mujer que aparece sin vida y con la mano quemada. Será justo ese detalle el que conectará su muerte con una serie de atentados contra figuras del mundo académico. Cuando finalmente se descubre al responsable de los atentados, el asombro es mayúsculo. Se trata de Thomas Munk, profesor de matemáticas en Berkeley y autor de un radical Manifiesto sobre el capitalismo tecnológico.

En la presentación pública que hizo Piglia de El camino de Ida, primero en Barcelona y luego en la Casa de América de Madrid, el autor reconoció que inicialmente pensó en el relato como una autobiografía -en ella incluye fragmentos de sus diarios personales- y que también se inspira libremente en el caso del Unabomber, Theodore John Kaczynski, un filósofo y matemático que envió un total de 16 cartas bombas a diferentes objetivos como universidades y aerolíneas, acabando con la vida de tres personas entre 1978 y 1995. Piglia se encontraba en Estados Unidos cuando ocurrieron los hechos e incluso los consignó en su diario.

"En mis libros siempre intento plantear problemas que no entiendo muy bien, en este caso el de la violencia"

"En mis libros siempre intento plantear problemas que no entiendo muy bien, en este caso el de la violencia, siendo por eso un libro muy de Argentina, donde estamos tratando de descifrar el enigma de lo que ocurrió en los años setenta", dice Piglia con esa conversación culta e inteligente en la que muchos han encontrado modales Borgianos, debido a su agudo y afilado ingenio, distante del de autor de Ficciones, en las formas menos lapidarias.

En esta novela, el autor de Respiración artificial (1980), La ciudad ausente (1992) y Plata quemada (1997) retoma la imbricada relación entre realidad y ficción y la construcción imaginaria del híbrido resultante, un artefacto filtrado por los relatos y narraciones que forman parte de nuestra realidad y que Piglia utiliza para reflexionar sobre lo que le rodea. De ahí que Piglia eligiese narrar esta historia desde un campus universitario, un lugar que conoce bien y que le permite la coincidencia entre Renzi e Ida Brown. "Los campus son lugares con personajes muy interesantes y que permiten incorporar cuestiones que siempre me han interesado, llevando la narración hacia la reflexión", dijo.

"Hay alusiones a escritores como Joseph Conrad o W.H Hudson así como una trama de género negro con policías"

En la novela se suceden diferentes situaciones e incluso géneros literarios: se describe una relación amorosa, hay alusiones a escritores como Joseph Conrad o W.H Hudson así como una trama de género negro con policías, agentes del FBI y un detective privado de Nueva York que ayuda a Renzi y le da pistas sobre la violencia en Estados Unidos, una violencia que, según el propio escritor, “no se percibe a primera vista y tiene muchos registros". En las distintas comparecencias públicas de Ricardo Piglia tanto en Barcelona como en Madrid, comentó otra particularidad que distingue a este libro de otras obras suyas: la escribió de un tirón, sin interrupciones. Normalmente, entre una novela y otra, suele tardar unos cinco años, excepto entre Blanco nocturno y esta, que se demoró tres años.


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