Cultura

Roberto Wong, ganador del I Premio de Novela Dos Passos: “No intento hablar por mi generación”

Se gana la vida en la jungla del marketing y la comunicación, pero lo que en realidad ansía es escribir. Se trata del mexicano Roberto Wong, quien se alzó como ganador del I Premio de Novela Dos Passos con París D.F, un libro iniciático que se desarrolla entre México y Francia.

El escritor mexicano Roberto Wong, ganador del Premio de novela Dos Passos.
El escritor mexicano Roberto Wong, ganador del Premio de novela Dos Passos. EFE/Fernando Alvarado

Roberto Wong tiene 33 años. Es mexicano, nieto de chinos desembarcados en Chiapas y de cubanos asentados en Veracruz. La mezcla, como su narrativa, promete. París D.F(Galaxia Gutenberg), su primera novela, tiene los excesos de toda iniciación y sin embargo se sostiene. Ganadora del I Premio Dos Passos a la Primera Novela, París D.F bombea una sangre empozada, la que corre por las venas de su protagonista, Arturo, un joven escritor -también de 33- que ansía ser poeta y vivir en París. Pero lo más cerca que está de la ciudad luz es, de momento, el nombre de la farmacia en la que trabaja como dependiente y en la que se ha salvado, por los pelos, de que un delincuente le desarrajara un tiro en la cabeza.

Ambientada entre México y París, la novela superpone los mapas (literarios, afectivos y geográficos) de ambas ciudades. París se convierte en el espacio soñado, el lugar de la redención en el que habrá de ocurrir todo lo extraordinario. El sexo, la frustración y la violencia actúan como revulsivos en un libro que deja claras dos cosas: que a su autor se le pusieron los dientes largos al momento de diseñarla –abundan las estructuras paralelas, los círculos borgianos e incluso hasta usa tres tiempos para un mismo narrador- y que Roberto Wong sobrevivió, como su personaje, a esa ruleta rusa que separa imaginar una historia de ejecutarla.

“No intento hablar por mi generación, intento hablar desde mis obsesiones y mis afectos”

Esta no es una novela generacional ni reivindicativa. "No intento hablar por mi generación, intento hablar desde mis obsesiones y mis afectos", asegura Wong, quien sin embargo logra verter de cada aspecto –el libresco y el biográfico- unas buenas cubetadas de insatisfacción que podrían hacer las veces de credo grupal. Su afición por el cómic lo llevó a la literatura, dice. Con Borges y Cortázar como referentes, comenzó a escribir en la universidad mientras estudiaba Comunicación, oficio al que se dedica en el ámbito del marketing. Ni plañidera de Bolaño ni heterodoxo, Roberto Wong habla en esta entrevista de aquello que más le interesa: la literatura.

-La estructura de mapas -literal y literariamente superpuesta-, ilumina la insatisfacción como idea fuerza. ¿Es ésta una historia sobre qué?

-París D.F es una novela melancólica, nostálgica. Hay una nostalgia no por lo que sucedió y se perdió, sino por aquello que nunca ocurrió. Arturo tiene una insatisfacción constante: no sólo por su trabajo, también por un ideal incumplido: lo que él hubiese querido que fuese su vida. Cuando él dice “quiero pagar a las putas con poemas” deja ver su anhelo por la literatura, por París como ciudad…

"París D.F es una novela melancólica, nostálgica por lo que no ocurrió"

-Ya: el poeta maldito, en París, muy decimonónico y romántico. Es una fijación muy latinoamericana. ¿No le parece algo manido? ¿Algo muy pringoso, que juega en su contra para una primera novela?

 -No me lo había planteado así. Lo que sí puedo decir que es que hay una intención consciente de unirme a esa tradición. París para los latinoamericanos representa la culminación de ser escritor desde Me moriré en París con lluvia hasta Rayuela. Es la idea de esa ciudad como una culminación. Llegar allí para convertirse en escritor. Desde la soledad y el hecho de ser un desconocido, la usé como metáfora para narrar ni propio viaje. Es una convergencia entre afectos y anhelos.

-Su Arturo a veces tiene algo de Arturo Belano. No sólo por la figura del poeta sino por México, por el DF, que Bolaño cartografió como nadie. ¿Cuál es su relación literaria con Bolaño?

-Me gusta mucho Bolaño. Su obra cuentística me parece espectacular. Bolaño es el Carver latinoamericano.

"Roberto Bolaño es el Raymond Carver latinoamericano".

-Espere, ¿con o sin Gordon Lish?

-(Risas) Sin.

-Perdone, volvamos a Bolaño.

-Desde el punto de vista de Los detectives salvajes, esa cartografía de México y esos vericuetos son fascinantes. La novela Paris DF, aunque tiene puntos de coincidencia, no está enfocada de esa forma. Arturo ejerce sus propios itinerarios y conoce a sus personajes sórdidos, en efecto, en el mapa de un DF que se antoja agresivo.

-México es agresivo. Sin duda.

-De ahí también que la violencia impregne varios aspectos de la historia. México está pasando por un momento delicado. A la luz de eventos como los 43, crece la sensación de que el horror está a la vuelta de la esquina…

"México está pasando por un momento delicado. Crece la sensación de que el horror está a la vuelta de la esquina…"

-De hecho, Arturo, sobrevive a un atraco. Y sin embargo, parece no entender que le ha sido concedida una segunda oportunidad.

-Arturo es un personaje que puede ser hasta chocante en el sentido, precisamente, de esa incapacidad de romper con el orden de las cosas. Hay que entender a Arturo desde su lógica, lo que le rodea no le interesa, sólo el ideal de la vida del poeta y de París como momento cúspide de eso. Por eso la ficción que se crea cobra más importancia que lo que le rodea, como puede ser Gema, o sus amigos.

-El DF es una ciudad afrancesada, esa impronta decimonónica porfirista, que ocurrió en muchas ciudades de América Latina. Aquellas ganas de parecer europeo. ¿Personaje y ciudad parecen aquejados por el mismo mal, no cree?

-Lo que me pareció impresionante y me sorprendió fue todas las intersecciones que conseguí. La manera de superponer un mapa sobre otro que usé yo, es la misma que utilizó Arturo, ahí aparecen esas coincidencias entre México y París: por ejemplo, el Bellas Artes con el Museo del Louvre. Esos detalles me desbordaban. Pero hay otras intersecciones que son un poco más sutiles y que tienen que ver con otros libros, con homenajes a otros escritores, cuando Arturo va a buscar a Noemí y la describe como ojerosa y pintada, ése es el título de una novela de Agustín Yánez y que viene de un verso de López Velarde.

-También le dio al delincuente asesinado el apellido de Velarde…

-Sí, por la misma razón: es intencional. Es un juego de ideales y en los que la poesía se entreteje: el asaltante es el poeta nacional mexicano.

"Aquí aparece mi obsesión con el hartazgo que genera lo cotidiano".

-Para entendernos, ¿cuál es la geografía literaria de este libro: un malestar generacional, personal...?

-No intento hablar por mi generación, intento hablar desde mis obsesiones y mis afectos. Los afectos se dan en esa línea y tiran hacia lecturas como Cortázar, Hemingway, todos aquellos que escribieron sobre París. Aquí aparece mi obsesión con el hartazgo que genera lo cotidiano. La respuesta está en la literatura, como lector y escritor. Decía Borges que uno llega a ser grande por lo que lee, no por lo que escribe. Esa es mi apuesta como escritor: ofrecer posibilidades de engrandecer lo que nos rodea.

-Una primera novela es, por defecto, ambiciosa. Pero a veces se escribe lo que se puede, no lo que se quiere. ¿Por qué eligió una estructura tan compleja? ¿Por qué dar tres tiempos a su voz narradora?

-Lo primero que vino a mi mente fue la premisa de las ciudades, después llegaron los personajes y al final vino la estructura. Algo de intuición me llevó a diseñarla así. Quería hablar de viajes, de itinerarios y recorridos. Los capítulos que tienen nombres de lugares en París estaban escritos al comienzo como fichas de viaje. Pero la propia estructura de la novela me obligó a cambiarlas y se transformó, terminé mezclándolo todo hasta conseguir esos tres tiempos y los capítulos cero.

-¿Qué es esta novela: un pulso consigo mismo o con sus lecturas?

-Yo creo que están tejidas las dos cosas en la novela. Es una especie de homenaje a esas lecturas de París. Un homenaje siempre es personal, por eso creo que coinciden. Están volcados mis afectos.

París D.F

Arturo trabaja como dependiente en la farmacia París, en el DF mexicano. Pero lo que él en verdad desea es ser poeta y vivir en Francia. Un atraco en la droguería en la que trabaja le cambia la vida, mejor dicho: se la trastorna todavía más. El delincuente, con quien algunos le encuentran un parecido físico, cae a sus pies salpicándolo con sus sesos. Desde entonces, el asaltante se convierte en una especie de incrustación. ¿Qué habría pasado si la bala le hubiese atravesado a él? Comienza así la cuesta abajo de este Vallejo irredento: la realidad y el delirio se confunden en su día a día de borracheras, prostitutas y poemas. La estructura fragmentaria convierte esta novela en la versión más o menos contemporánea del mito literario parisino que abordaron en el siglo pasado Julio Cortázar, Hemingway o César Vallejo. Con la intención de oponer la realidad a la ficción, Wong hace al joven Arturo moverse entre dos mapas, el del Distrito Federal de México, que recorre con la intención de conseguir ese otro: el de los 105 kilómetros cuadrados de París.


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