Cultura

Jorge Eduardo Benavides se quita el sambenito del escritor político

El autor peruano abandona el tono de novelas como Los años inútiles o El año que rompí contigo, en las que hablaba del Perú aprista o el de Fujimori, para dedicarse a un libro que mezcla la literatura de viaje con una trama de amor.

Jorge Eduardo Benavides se quita el sambenito del escritor político
Jorge Eduardo Benavides se quita el sambenito del escritor político

Se dio a conocer con tres novelas políticas, todas ellas acogidas con entusiasmo por la crítica. Pero ya es suficiente, dice. Por esa razón el peruano Jorge Benavides (Arequipa, Perú, 1964) ha tomado la decisión de dejar atrás la Lima aprista deLos años inútiles y el Perú de Fujimori de El año que rompí contigo, para zambullirse en Un asunto sentimental (Algafuara, 2013), una historia de amor en la que cada capítulo ocurre en una ciudad distinta.

“Hace mucho que quería quitarme ese sambenito de escritor político y quería escribir una novela de amor. El reto estaba en escribir una novela verosímil, no demasiado empalagosa, y a la vez escribir un libro de viajes. Entonces decidí conciliar ambas y escribir una historia de amor que ocurriera en otras ciudades”, dice el narrador peruano.

A pesar de lo que podría lucir como un corte brusco en la obra de Benavides, Un asunto sentimental no llega a ser tal cosa. Ya el escritor había ido abonando el terreno de una narrativa más personal en novelas como La paz de los vencidos (Alfaguara, 2009), un trasunto de su experiencia como inmigrante.

Venecia, Berlín, Damasco, Barcelona, Estambul, Madrid, Nueva York, Tenerife, Ginebra, París, Lima y Cuzco han sido las ciudades escogidas por Jorge Benavides para contar el enamoramiento entre la misteriosa Tina y el escritor catalán Albert Cremades, así como sus propios escarceos –los de este escritor-personaje- con Dinorah Mansur.

“Venecia es una ciudad perfecta para empezar o para terminar una historia de amor”

Dos hombres que se lanzan tras la búsqueda de dos misteriosas mujeres. Un punto de partida que le permite a Benavides, como él afirma, reflexionar sobre la “elusividad” de las identidades y “los juegos de la ficción” en los que él mismo entra como juez y parte, al convertirse en fabulador y objeto de la ficción; protagonista y narrador. Aprovechándose de esa (ventajosa) posición, Benavides mezcla realidad con ficción a expensas, incluso, de sus propios amigos.

“La identidad es elusiva. Hay un desmoronamiento constante de la identidad de los personajes, que son distintos cuando aman y además se vuelven distintos ante sus amigos, que son reales, son mis amigos. Cada capítulo va alterando la versión anterior de la historia que Albert Cremades le cuenta a Jorge Benavides, mi personaje”, describe el autor al dibujar la línea de una trama que avanza desdibujándose y tendiendo trampas al espectador. “Por eso no se puede contar el final”, insiste, riéndose, Benavides.

Un asunto sentimental comienza y acaba en Venecia. “Una ciudad perfecta para empezar o para terminar una historia de amor”, dice Benavides, entre algodones literarios, para pasar luego, casi irrevocable, a hablar de sus afectos limeños. “Nada en la literatura es una certidumbre, sino uno escribiría con la terrible conciencia de que es así. Escribir también implica conocer cosas de ti y los demás. Yo he descubierto, por ejemplo, mi relación con la ciudades”

-¿Ah, sí? ¿Y cómo es su relación con Lima.

- (Risas) “Estamos en trámite de divorcio pero nos queremos mucho. Lima es esa compañera con la que has vivido tanto tiempo que sabemos que no va a más. Pero llevo 22 años fuera, cuando voy me siento un guiri”.


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