Cultura

Así resuena la voz de los españoles que pasaron por Mauthausen

Este lunes, el sello Libros del Asteroide publica la traducción en castellano de K. L. Reich (1963), la novela testimonial de Joaquim Amat-Piniella (1913-1974) sobre la experiencia de los republicanos españoles en los campos de concentración nazis.

Libros del Asteroide publica la traducción en castellano de K. L. Reich (1963), la novela testimonial de Joaquim Amat-Piniella (1913-1974) sobre la experiencia de los republicanos españoles en los campos de concentración nazis. El libro, que es un clásico de las letras catalanas y uno de los más importantes exponentes de la literatura concentracionaria europea, ha sido prologado por el escritor Ignacio Martínez de Pisón; la traducción revisada para esta edición, fue hecha por Baltasar Porcel y el propio autor en 1963 (no se había vuelto a publicar desde entonces).

En las páginas de K. L. Reich, Amat-Piniella sigue los pasos de un grupo de excombatientes republicanos españoles deportados al campo de concentración de Mauthausen. Allí empieza para ellos una experiencia terrible que los convierte en testigos y víctimas de la llamada «internacional del dolor». El relato se centra en Emili, quien logrará sobrevivir haciendo dibujos pornográficos para los SS. A través de él se nos muestra el funcionamiento de los campos: la corrupta red de Kapos, las distintas clases de reclusos, el terrible sistema de exterminio o la malnutrición.

Joaquim Amat-Piniella escribió basándose en su experiencia como prisionero durante casi cinco años en distintos campos de concentración nazis. El libro, escrito entre 1945 y 1946 –un año antes de que Primo Levi escribiera Si esto es un hombre-, no pudo ser publicado hasta 1963 debido a los problemas que tuvo con la censura franquista. El libro fue editado en castellano por Carlos Barral y en catalán por Joan Sales.

“Por Mauthausen pasaron alrededor de ocho mil españoles, de los que sobrevivieron menos de una tercera parte. La trayectoria de esos hombres responde casi siempre al mismo patrón: republicanos derrotados en 1939 que, tras ser encerrados en un campo de refugiados francés e incorporarse a una compañía de trabajadores extranjeros o directamente a la Resistencia, fueron deportados en bloque a ese campo de concentración en territorio austriaco”, escribe Ignacio Martínez de Pisónen el prólogo de K. L. Reich.

Precedido por el epígrafe de Goethe “¡Ay del asesino!”, en K. L. Reich pone en marcha una historia en la que reparación y memoria se sujetan de de la importancia del testimonio. “Nuestros cinco mil quinientos muertos de Mauthausen y los centenares o miles que hayan podido caer en otros campos constituyen un sangriento balance del sacrificio peninsular por la causa de la liberación de Europa. Con este libro nos hemos propuesto dar una idea de la vida y de la muerte de aquellos ciudadanos del mundo que, frente al nacionalsocialismo, crearon la internacional del dolor”, escribe Amat-Piniella en la nota introductoria del libro.

La vida, épica y trágica, se revela en la descripción del hacinamiento en los barracones, los trabajos a los que eran sometidos los presos, el juego perverso de la supervivencia como fuente de culpa. “Salir airosos de esta empresa tendría el doble valor de haber aportado nuestra voz en la requisitoria del mundo entero contra el nazismo y de tributar a los compañeros caídos el más ferviente de los homenajes y el más piadoso de los recuerdos. Millones de hombres fueron asesinados porque amaban la libertad”.


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