Cultura

De cómo un hijo de la burguesía barcelonesa se convirtió en el asesino más conocido de la historia

Ramón Mercader, espía y brazo ejecutor de Stalin, tenía 27 años cuando mató a Trotsky. Su historia ha sido contada por la escritora Nuria Amat en Amor y Guerra, ganador del Premio Ramón Lull en 2011 y también por Leonardo Padura en su novela El hombre que amaba los perros. Su historia, asombrosa, continúa vigente.

Otra imagen de Mercader.
Otra imagen de Mercader.

Cómo un joven catalán de veintisiete años, hijo de la burguesía barcelonesa, consiguió convertirse en uno de los asesinos más conocidos de la historia, se pregunta Nuria Amat al reflexionar sobre Ramón Mercader, el hombre que se convirtió en mano derecha de Stalin y mató a León Trotsky en su casa de Coyoacán, en 1940, con un piolet.

“Para responder a esa pregunta escribí una novela (Amor y guerra) y, posteriormente a su publicación, dediqué tres años más a una investigación sobre la verdadera personalidad del asesino”, escribe ahora Nuria Amat, quien a pesar de estar emparentada con Mercader, jamás escuchó una palabra sobre él en su casa.

“En la familia jamás se hablaba de Ramón. Era una mácula tremenda en una familia catalanista de la Lliga, culta e ilustrada. Pero, ya se sabe, los niños leemos entre líneas”, dijo en una ocasión la autora, quien ahora, en la revista Eñe, el suplemento de cultura de Clarín, amplía detalles sobre los motivos del crimen (ordenado por Stalin) y el entramado de espionaje soviético en la que Mercader llegó a ser considerado el agente más valorado.

Se pregunta Amat: ¿Fue Ramón Mercader el único ejecutor del crimen? ¿En qué consistió la sucesión de órdenes para que fuese un catalán el responsable del asesinato? ¿Por qué con la ayuda de un objeto tan artesanal como un punzón? ¿Qué papel representa Mercader, hijo de un fabricante textil de Barcelona, en este escenario sombrío? “Nadie sabe ni quiere saber”, dice Amat quien agrega, además: “Nacido Ramón para ser industrial, Mercader se convierte, como bien contó Javier Rioyo en su película (Asaltar los cielos), en el único asesino español de las enciclopedias universales sobre criminales gloriosos”.

"Nacido Ramón para ser industrial, Mercader se convierte, en el único asesino español de las enciclopedias universales sobre criminales gloriosos".

Hijo de un fabricante textil y de Caridad Mercader, una mujer con un carácter entre frágil y expansivo, quien se separó de su esposo –intentó internarla en un psiquiátrico-, con la firme intención de hacer vida como activista marxista. Y a eso se dedicó. En Francia, conoció a a Alexander Orlov, Ernö Gero y Leonid Eitingon –con este último sostuvo una relación sentimental-, los tres agentes más importantes de la NKVD, quienes participaron en la matanza de los republicanos del POUM y la CNT. La adoración de Carmen Mercader por Stalin llegó a tal punto, que dormía con una foto suya bajo el colchón.

Muy pegado a su madre, una mujer, según Leonardo Padura posesiva y rencorosa, –con quien años después fundaría el Partit Socialista Unificat de Catalunya-, Ramón Mercader pasó parte de su vida en Francia. Aprendió de su entonces padrastro, Leonid Eitingon, tácticas de guerrilla, disciplina comunista y a desenvolverse como futuro agente del Kremlim. En 1931, tras la proclamación de la Segunda República española, vuelve a Barcelona. Ramón es ya un muchacho formado. Inteligente. Habla varios idiomas. Encuentra trabajo de maitre en el Hotel Ritz. Es también un comunista convencido.

A la vez que trabaja como maitre, Mercader forma parte de una peña clandestina que, bajo el nombre afortunado de Miguel de Cervantes, se reúne periódicamente en el barrio del Raval hasta que la noche del 12 de junio de 1935 es apresado junto a otros participantes, y encarcelado en la prisión Modelo de Valencia. Pierde su trabajo en el Ritz y comienza a ganarse la vida como profesor de catalán. Labra también una potente carrera como deportista de élite –fue capitán del equipo de equitación – y toma parte en el Comité Organizador de las Olimpiadas Populares de Barcelona, creada como protesta a los Juegos Olímpicos de Berlín en las que Hitler quería demostrar la supremacía de la raza aria.

La madre de Mercader era una mujer, según Leonardo Padura, posesiva y rencorosa. Ella y él participaron en la fundación del Partit Socialista Unificat de Catalunya.

De manera rocambolesca –como suele ocurrir casi todo en la vida de este hombre- , la víspera de la inauguración de los Juegos Olímpicos, con el golpe de Estado del 19 de julio de 1936, pasa Mercader a liderar las calles y se suma de inmediato al movimiento popular que en veinticuatro horas vence la revuelta. En medio de las protestas, roba un cañón a los rebeldes. Empieza así su carrera militar. Pasa de ser capitán de mando a Comandante del V Regimiento. Ese mismo año, Stalin da la orden de matar a Trozsky. Cuenta para ello con los policías secretos en activo de la guerra española Erno Gero y Leonid Eitingon, el padrastro de Ramón Mercader. En 1938, cuando los comunistas saben que la Guerra Civil está perdida, Ramón Mercader desaparece de España. Aparece en París convertido en un periodista belga, hijo de diplomático, nacido en Teherán, educado en La Sorbonne: Jacques Mornard. El encargado de matar a León Trozsky.

Una madre posesiva, una ideología obsesivamente fiel a los dictados de Stalin, y que sometía a sus principales adeptos y ejecutores a un total lavado de cerebro que incluía la destrucción de su alma, son algunos de los ingredientes que explican, según Leonardo Padura en El hombre que amaba a los perros, el perfil de Ramón Mercader. En las páginas de este libro, Leonardo Padura reconstruye la tensión de aquellos años: las disputas entre la izquierda española, los vaivenes que el apoyo de Stalin o su abandono definitivo y las consecuencias que tales afectos provocaban en el escenario político. Es justo allí cuando la misión de mercader se convierte, a su manera, en un desagravio.

“Lo más triste había sido ver cómo un país valiente, que tuvo la Revolución al alcance de sus dedos, había sido sacrificado por los dueños de la Revolución y el socialismo”, escribe Padura urdiendo en la prosa del libro buena parte de la malla de ideas que sostiene a Mercader, quien actúa con una intención de “drenar el odio que otros habían acumulado y, alevosamente, habían inoculado en su espíritu”, hasta el punto de que “el día que mataste a Trotski sabías por qué lo hacías, sabías que eras parte de una mentira, que luchabas por un sistema que dependía del miedo y de la muerte”.

Mercader se ganó la confianza de Trotsky, hasta que en la mañana del 20 de agosto de 1940 fue recibido a solas por el dirigente comunista.

En septiembre de 1939, Ramón Mercader entra en Estados Unidos por la ciudad de Nueva York con un pasaporte a nombre de un empresario canadiense, Frank Jackson. En octubre de ese año, se traslada a la Ciudad de México. Trotsky estaba muy custodiado. Sabía que Stalin buscaba su muerte y el 24 de mayo de 1940 había sufrido un ruidoso atentado dirigido por el famoso muralista David Alfaro Siqueiros. Al fracasar este atentado, Mercader entró en acción. Había conquistado a una de las secretarias privadas, Sylvia Agelof, y después de varios meses de relación logró acceder al círculo de confianza de Trotsky, llegando incluso a regalar bombones a la esposa de éste, Natalia Sedova.

Mercader se ganó la confianza de Trotsky, hasta que en la mañana del 20 de agosto de 1940 fue recibido a solas por el dirigente comunista. Mercader supuestamente le traía unos escritos. Trotsky se acercó a la ventana con el objeto de leer mejor y en ese instante Mercader le descargó un feroz golpe con un piolet. Trotsky no murió al instante. Sobrevivió durante unas 12 horas más antes de fallecer. Detenido por los guardias de Trotsky y las autoridades mexicanas, Mercader se identificó como Jacques Mornard. Fue condenado por asesinato a veinte años de prisión. Salió de la cárcel en 1960. Al llegar a la Unión Soviética fue recibido con todos los honores y condecorado con la más alta distinción de su país de asilo, la de Héroe de la URSS, y también la medalla de Stalin. Se hace llamar Ramón Paulovich López. Hizo carrera como espía y llegó a ser Coronel de la KGB. Pasó sus últimos años viviendo entre Moscú y La Habana, donde murió de cáncer en 1978.


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