Cultura

Fernando Marías y 'La isla del padre': cuando las novelas se vuelven tierra firme en el océano del duelo

A mitad de camino entre la memoria y la fantasía, el libro de viaje y el homenaje al padre, esta novela surgió tras la muerte de Leonardo Marías, el padre del escritor bilbaíno Fernando Marías, quien se deja llevar por la escritura como alternativa al duelo y se adentra sin miedo en cada rincón de sí mismo. 'La isla del padre' fue la novela ganadora del Biblioteca Breve de 2015.

Un detalle de la imagen d el aportada de 'La isla del padre' (Seix Barral), de Fernando Marías.
Un detalle de la imagen d el aportada de 'La isla del padre' (Seix Barral), de Fernando Marías.

Leonardo Marías era jefe de máquinas de un barco con el que cruzó el mundo varias veces.Por eso cuando apareció en la puertade la casa familiar de Bilbao –con ese porte de silueta inmensa que sólo tienen los padres, los marineros y los recuerdos-, su hijo sintió el vértigo que se desata en los oleajes.¿Quién era ese sujeto que venía a conquistar su imperio infantil;a arrebatarle, quizá, la exclusividad de los mimos maternos? Entonces el pequeño sintió miedo, Leonardo también.

La figura del padre ha generado no pocos naufragios en la literatura. Ha servido para construir islas, archipiélagos a donde van a parar los agravios y los afectos como buques hundidos: el Kafka de la carta iracunda; el Jorge Manrique de aquellas coplas; el Miguel Delibes de La mortaja o el Philip Roth de Patrimonio. Ésta, sin embargo, es una historia que -siendo la misma-no busca lo que las anteriores. Ni redención ni reproche, tampoco elegía o épica. No es nada de eso porque lo es todo. Es, en verdad, la historia de todos los hijos y de todos los padres.

El padre como lugar al cual volver, como tierra firme en el océano del duelo.

Se trata de La isla del Padre, la novela con la que Fernando Marías –el hijo del marino, el hijo de Leonardo Marías- recupera el oleaje del recuerdo. Es el libro con el que cruza los muchos mares que su padre dejó a su paso y que él navega empujado por el viento de la memoria. Ganadora del Premio Biblioteca Breve de Novela 2015, La isla del padre comenzó a pergeñarse mucho antes del hecho definitivo que la produjo: la muerte, en el año 2013, de Leonardo Marías, padre del autor y protagonista, junto a él, de un viaje afectivo y literario. El padre como lugar al cual volver, como tierra firme en el océano del duelo.

-A diferencia de la mayoría de los libros sobre el padre, este no es un ajuste de cuentas. Parece haberlo escrito para volver a conocerlo. La isla del padre no pertenece a la literatura del duelo, ¿o sí?

-La novela comienza hablando del hecho de la muerte, pero va transformándose después en un libro acerca de la alegría de vivir, a pesar de partir de ese punto. No es un libro escrito desde la tristeza. Tuve tiempo para elaborar el duelo.

-Su padre estuvo gravemente enfermo en 2009, pero se recuperó. ¿Ese fue el detonante para comenzar a escribirlo?

-Comencé a pensarlo a raíz de su enfermedad. A partir de ahí comencé a fantasear con escribir algo. Me di cuenta de que aquello que iba anotando y sacando de mi memoria formaba parte de la relación de amistad y cariño que nos unía. Cuando mi padre murió, cuatro años después, decidí escribirlo. Tuve tiempo de sobra para prepararme para su desaparición.

-¿De qué está hecha esta historia? ¿Qué buscaba en ella?

-Hubo dos cosas muy claras que me planteé cuando me senté a escribir: que tenía que contar la verdad y que tenía que ser impúdico. No podía esconder o dejar de contar cosas por el hecho de que no me gustaran.

- Hay una idea fuerte: el miedo mutuo. Ambos, su padre y usted, sentíantemor el uno del otro. ¿Por qué?

- El miedo mutuo es la columna vertebral de esta novela. Nací y crecí en Bilbao... Viví en un ático enorme, con mi madre y mi abuela dedicadas a la tarea exclusiva de mimarme, lo cual no es my recomendable para la educación de un niño. Cuando, un día, se abre la puerta...  aparece una grandísima presencia que llega para quedarse. Me dicen ‘él es papá’. ¿Y cuándo se va?, respondí yo. Era natural, intuía una gran amenaza para mi imperio.

"Me dicen ‘él es papá’. ¿Y cuándo se va?, respondí yo. Era natural, intuía una gran amenaza para mi imperio".

-Pero, ¿por qué  mutuo? ¿qué temía su padre de usted?

- Con el paso de los años, entendí que mi padre temía algo mucho más grande que lo que yo temí con su llegada: la comprensión... 

-¿De qué?

-De que su primogénito y sus otros dos hijos, los que vinieron después, pudiesenno quererlo.

-¿Por qué?

-Mi padre era marino, viajaba todo el tiempo ypermanecía ajeno al día a día. Esa fue su obsesión. Por eso surge el libro, porque de ahí surge la relación. Poco a poco fue limándose ese temor. Recuerdo haber sentido celos de él en un comienzo, celos que fueron remitiendo. Él comenzó a contarme películas, a hablarme de historia…

- Hay poesía pero también humor, incluso una cierta distancia del narrador hacia la historia ¿Hay una separación intencional entre el vive y el que cuenta?

-Aunque es cierto que el libro está escrito desde los recuerdos y la vivencia, hay un leve toque humorístico intencionado. Hay pasajes humorísticos en este libro y momentos que se cuentan de una manera específica, por ejemplo: mi adolescencia. Cómo alguien sale al mundo, cómo conoce el amor o la primera relación con los delirios de grandeza... en el fondo es bastante cómico. Los humanos somos ridículos, a veces. Y con respecto a lo que dice, es cierto: una cosa es el personaje Fernando Marías que aparece en el libro, y otra es el escritor Fernando Marías que lo escribe. Quizá lo adopté de forma inconsciente.

"Una cosa es el personaje Fernando Marías que aparece en el libro, y otra es el escritor Fernando Marías que lo escribe".

- Todo el que recuerda... levanta –a su manera- una ficción.¿No será la memoria una novela?

-La memoria, sobre la que he trabajado tanto en este tiempo, me ha permitido ver cómo cada quien cuenta algo de manera distinta, aunque sea el mismo hecho. ¿Cuál es la verdadera?La memoria no es objetiva. Este, que es un libro de memorias, sólo tiene un aspecto objetivo: el itinerario de mi padre, su vida, sus viajes. El resto es lo que interpreto, lo que me hubiese gustado que fuese de una forma u otra. Todos los seres humanos ponemos la memoria a nuestro servicio.

-Hay varias ideas recurrentes: el naufragio, las isla perdida. El padre marinero, el hijo que retrocede en el tiempo. Si todo libro supone un viaje, este lo es doblemente.

-La idea del viaje es muy amplia. También la de la isla, que además tiene un eco especial. Cuando yo era niño, pensaba que las islas eran espacios de piedra que estaban en el mar para que los marinos pudieran refugiarse ahí, algo tiene que tiene que ver con el hogar, con la casa a la que se vuelve. Es curioso, mi padre dio mil vueltas al mundo, pero una vez que se jubiló no hizo ningún viaje más, ni siquiera un autobús para ir a un pueblo que está a 50 kilómetros.

-Sin embargo usted también cruza algunos cuantos  mares en este libro.

-Sí. También el viaje está, en parte, el que yo hago: el que hago hacia mi pasado... para encontrarme a mí y a mi padre; el que hago ahora, reflexionando y conociéndolo más. El viaje está dentro de todos los libros. En este caso, es un tránsito. Así como mis hermanos se quedaron en Bilbao, yo no lo hice. Fui el aventurero. El que, siendo adolescente, se fue a buscar la vida y tuvo la suerte de encontrarla. Mi padre eligió un oficio no para hacerse rico, sino para moverse y conocer el mundo.

-Marinero y escritor, ¿no? Desde Homero, el viaje ha sido el alma de la literatura: la propia escritura como tránsito.

-Sí... Decidí encerrarme a escribir el libro en la casa familiar. Una casa en la que ya no vivía nadie...

"Fui el aventurero. El que, siendo adolescente, se fue a buscar la vida y tuvo la suerte de encontrarla".

-¿Y qué pasó?

-Al tercer día, me di cuenta de que yo sería el último inquilino de aquella casa. Mis hermanos y yo habíamos decidido venderla y por lo tanto, nadie más viviría allí. La comprensión de ser el último inquilino supone también un viaje peculiar: estás acompañando a la que ha sido la casa familiar (durante cien años) a su final. Escribí el libro en el lugar del pasado, liberando los espectros que la habitaban, entre ellos... el mío  de niño, de joven…Los espectros también deben irse, como si fuesen inquilinos que se desahucian. Porque vendrá un nuevo inquilino, que generará sus propios espectros.

-La ficción literaria -como el cine- es  un artefacto -como el cine-, cuya presencia resulta poderosísima en este libro, como sujeto, como método, como deseo…

-Y como protagonista y motor de la historia. Siempre que hablo de este libro subrayode qué forma en esta novela el cine tiene mucha más importancia que la literatura. Hay más referentes cinematográficos que literarios. Aunque soy escritor, el cine fue siempre para mí algo que me movilizó. Yo no me habría ido de Bilbao hacia Madrid para ser escritor, pero sí para estudiar cine, como hice.

-Quiso ser usted cineasta antes que novelista entonces...

-En los años setenta viví en una ciudad gris y triste como Bilbao, una ciudad franquista, llena de contaminación, una ciudad industrial y sucia, donde las esperanzas creativas para alguien como yo era ser ingeniero, abogado, matemático o nada más… El cine era la iglesia que una o dos o tres o cinco veces a la semana se abría en el rectángulo blanco tras la cortina. Comprendí que era ahí donde aguardaba mi futuro, porque esa pantalla blanca era el mundo. Y yo en ese mundo quise estar.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba