El Día de las Librerías

Librería Los Portadores de sueños: “Si no ha estallado la burbuja editorial es porque los libros valen 20€ y no 200.000€”

Son valientes, muy valientes. En 2004, Félix González y Eva Cosculluela dejaron la consultoría informática para fundar la librería Los portadores de sueños, que este viernes celebra no sólo el día de las librerías sino también sus diez años. Una década por la que han pasado desde Vila-Matas o David Trueba hasta el mismísimo Pep Guardiola.

Félix González y Eva Cosculluela, fundadores de Los portadores de sueños, en Zaragoza.
Félix González y Eva Cosculluela, fundadores de Los portadores de sueños, en Zaragoza.

“Esta librería es el abismo”, dijo Enrique Vila-Matas cuando presentó su libro en ella. Los portadores de sueños cumple ahora diez años, una década entera cruzando el precipicio. En un momento en el que el sector no está para fiestas, la librería zaragozana celebra por partida doble: sus diez años y, claro, el Día de las Librerías, una efeméride libresca que se conmemora en España por cuarto año consecutivo. Y si de alzar la copa o de atravesar el vacío se trata, que sea en la mejor compañía. Por eso, Los portadores de sueños presenta este viernes, a partir de las 20.30, una muestra fotográfica -más de 40 retratos de escritores- con la que inauguran un nuevo espacio dedicado al arte.

Ubicada en el número cuatro de la calle Jerónimo Blancas, en pleno centro de Zaragoza, Los portadores de sueños abrió sus puertas en 2004. En aquel entonces los consultores informáticos Félix González y Eva Cosculluela dejaron un empleo fijo en una España que vivía sus años de vacas gordas; y lo hicieron para fundar una librería. Toca, claro, hacer balance. Y eso es justamente lo que ofrecen a Vozpópuli: una mirada en perspectiva. Reconocida en 2012 con el Premio Librería Cultural otorgado por CEGAL y el Ministerio de Cultura, Los portadores de sueños tiene una credencial mucho más importante que cualquier reconocimiento oficial: su eterno ajetreo de autores y lectores, esa idea de la literatura como actividad vital… eterno precipicio, por no llamarlo vértigo.

Félix González y Eva Cosculluela dejaron la consultoría informática para fundar una librería

La dicha, sin embargo, no puede darse el lujo de la ñoñez. España es el país con más librerías (por detrás de Alemania y Francia) pero en el que menos se compran libros. ¿En qué quedamos entonces? Al ser preguntados por tan paradójica situación, González y Cosculluela no se andan por las ramas: “Hay una burbuja editorial y si no ha estallado ya es porque los libros valen 20€ y no 200.000”. En el análisis que hacen de sus diez años frente a la librería, surgen algunas claves que funcionan como rasgos más o menos comunes en el sector y a las que valdría prestar atención, por ejemplo: la falta de una generación de relevo lectora; los aprietos que la burbuja editorial ejerce sobre algunos eslabones de la cadena; el impacto discreto del eBook en el negocio…

-10 años dan para mucho, incluyendo un Premio Nacional, que se dice pronto. Salta a la vista que estáis satisfechos (¿quién no? Que son diez años). La pregunta es: ¿qué echáis en falta, qué os gustaría o qué os queda por hacer?

-¡Muchas cosas! Lo que más echamos en falta es la estabilidad económica, aunque no sé si eso se puede conseguir con una librería. Ahora en serio, la crisis empezó fuerte cuando llevábamos cinco años de librería y eso frenó en seco nuestro crecimiento. Hemos seguido creciendo, claro, pero el ritmo ha sido otro y no es lo mismo que ese parón te coja cuando estás todavía consolidando el negocio a que lo haga cuando ya lleve veinte años de vida, que estás más asentado. Seguimos trabajando, para eso y para poner en marcha nuevos proyectos: este viernes inauguramos un nuevo espacio de la librería dedicado al arte, y tenemos muchas ideas en la cabeza esperando a que podamos ponerlas en práctica.

-¿De dónde venís ambos, Eva y Félix?

-Félix es estadístico y yo estudié ingeniería informática. Los dos trabajábamos en una consultora informática, Félix era uno de los socios y yo trabajaba como analista y desarrolladora. Era una profesión preciosa, pero muy exigente y muy poco agradecida: siempre hay un fallo de última hora o algo que deja de funcionar justo cuando se lo vas a enseñar al cliente...

"No hay menos lectores que antes, ni menos oferta editorial, pero la gente tiene menos dinero"

-¿Y qué pasó?

-Llegó un momento en que los dos sentimos que necesitábamos un cambio vital y los dos éramos lectores desde niños. A mí siempre me había rondado la idea de abrir una librería, y en un viaje a Guatemala me enamoré de Sophos y ya no me la pude quitar de la cabeza. Dejamos un trabajo indefinido (al menos, en ese momento) para montar la librería. Al principio, nuestra idea era montar un café librería pero nos encontramos con dos problemas grandes: el precio del alquiler de un local con los metros suficientes para eso era inasumible y en aquel momento, hace diez años, en Zaragoza era muy complicado pedir una licencia para dos actividades distintas en un mismo local. ¡Querían que pagáramos una licencia de drugstore, como la que paga Vips! Como no podíamos abordarlo, nos quedamos sólo con la parte de librería y diez años después, no nos arrepentimos de la decisión.

-Vosotros sois divulgadores pero también prescriptores. Intervenís en la vida cultural -también fuera de la librería , por ejemplo en los medios-. Sois tejido y tejedores. ¿Cómo habéis percibido la influencia de la crisis en el papel del librero? ¿Es sólo una crisis de libreros o de lectores?

-Yo creo que fundamentalmente es una crisis económica. No hay menos lectores que antes, ni menos oferta editorial (¡al contrario!). Pero ahora la gente tiene menos dinero y, por desgracia, reduce el gasto en libros (cuando no lo elimina). Sí que hay algo preocupante, y es que desde la librería observamos que hay poco relevo generacional: hay pocos jóvenes que consideren la lectura como una de las principales ofertas de ocio. ¡El "perfil" de cliente habitual es de cuarenta para arriba! Por otro lado, la aparición de móviles inteligentes y de tabletas también contribuye a que dediquemos menos tiempo a la lectura. Ofrecen un entretenimiento mucho menos exigente: no hay que estar tan concentrado y puedes utilizarlas mientras ves la tele o haces otras cosas. No necesitas dedicarte a ello por completo, como pasa con los libros, y eso también influye. Vivimos acelerados, cada vez con más cosas que hacer y menos tiempo, y para leer se necesita tiempo y cierto sosiego, tener la cabeza un poco despejada.

-Hay una sensación de apocalipsis alrededor del sector: editores y libreros por igual. Si vosotros habéis cumplido diez años es por algo, es porque habéis tocado una tecla distinta, ¿cuál?

-Lo primero que hay que decir es que el sector del libro es muy apocalíptico en general: desde que abrimos hemos estado oyendo a compañeros quejarse de lo mal que van las ventas y decir que el año anterior sí que fue bueno... ¡año tras año! al margen de esto, yo creo que los clientes que vienen a la librería lo hacen porque saben que van a encontrar una selección "exquisita". Y ojo, que eso no quiere decir elitista ni complicada. Nos gustan los buenos libros, bien hechos y bien escritos. Elegimos cada libro que entra a la librería y prestamos mucha atención a las editoriales independientes. También damos un trato muy personal a nuestros clientes: con muchos de ellos tenemos grandes ratos de conversación y muchas veces, cuando hacemos los pedidos de novedades, tienen "nombre": sabemos quiénes de nuestros clientes van a interesarse por ellas. Y por último, ha sido fundamental en el crecimiento de la librería la implicación con la vida cultural de la ciudad. Desde el principio tuvimos claro que no queríamos que la librería fuera sólo un lugar donde se vendieran libros, sin más. Creemos que una librería debe ser un lugar vivo, con actividad permanente, y desde que abrimos organizamos presentaciones y encuentros al menos una vez por semana.

"Hay una burbuja editorial y si no ha estallado ya es porque los libros valen 20€ y no 200.000€"

-¿Podemos pensar en una burbuja editorial? Este sistema de colocación de libros, que funciona para los editores como un crédito, ¿no expande excesivamente la oferta?

-Hay una burbuja editorial y si no ha estallado ya es porque los libros valen 20€ y no 200.000€, como los pisos. Se publica mucho más de lo que se vende, en una proporción exagerada. Publicamos más que en Francia o en Alemania, pero nuestros índices de lectura son mucho más bajos que los suyos. ¿Cómo es posible? Este ritmo frenético es una huida hacia adelante, habría que ser mucho más selectivo a la hora de publicar: no puede ser que un editor pretenda amortizar un libro vendiendo 100 ejemplares. Eso hace que sea más caro y, por tanto, penaliza a quien lo compra, justo lo contrario de lo que debería ser. Por otro lado, ese ritmo castiga al propio libro, que no va a estar en la mesa de novedades más de tres meses (en el mejor de los casos). Cada día hay más editoriales (no pasa una semana sin que demos de alta una o dos nuevas) y, se publican más títulos (a ver si hay suerte y alguno funciona) y con tiradas más cortas. Se ajustan tanto las tiradas que las novedades se distribuyen casi en su totalidad.

-En una cadena autor-editor-distribuidor-librero... ¿cuál es el eslabón más débil?

-Todo lo anterior penaliza a las pequeñas librerías, que no podemos hacer pedidos tan grandes como los de las grandes superficies. Si uno de esos títulos obtiene relevancia, buenas críticas, visibilidad en los medios, ya no se puede reponer porque no hay stock, mientras que los grandes almacenes tienen pilas de ellos en unas condiciones mucho mejores que las nuestras -mejores precios de compra, plazos más largos para las devoluciones y para el vencimiento de los recibos... Además, los libreros somos "clientes cautivos" de los distribuidores. Esto quiere decir que cada editorial tiene una distribución exclusiva para cada zona, y sólo puedes comprar sus libros ahí. Da igual que trabaje bien o mal, que te ofrezca unas condiciones que no te permita dar un buen servicio al cliente. Por último, ese ritmo frenético del que hablábamos nos obliga a comprar mucho, a invertir mucho dinero en novedades. Y no olvidemos que una librería necesita tener mucho dinero inmovilizado en el fondo. Para ser competitivo debemos seguir comprando, aunque no vendamos. Todo esto da una idea de la fragilidad de nuestro oficio. Junto con los autores, somos los eslabones más débiles de la cadena.

-¿Cuál es el impacto real del libro electrónico en el negocio de las librerías?

-De momento, todavía muy poco. En España la lectura digital no termina de arrancar igual que lo hizo en otros países (y hablo en pasado porque las estadísticas de países en los que arrancó con fuerza, como EEUU, hablan de un parón en el crecimiento). Creo que es pronto para saber cuál va a ser la evolución real.

"En Zaragoza pasó algo muy importante, más bien alguien: Félix Romeo"

-Hacéis algo más que vender libros: sois un punto de encuentro, reunís personas de todos los lugares alrededor de la lectura. ¿Qué escritores de los que han pasado por vuestras estanterías habéis visto despegar o descalabrarse como autores?

-Por suerte, no hemos visto "descalabrarse" a ninguno de los autores que han pasado por la librería (y cruzamos los dedos para que siga siendo así). Al contrario, algunos de los autores que han pasado han ido creciendo como escritores: es el caso de Daniel Gascón, Sergio del Molino o Julio José Ordovás, por ejemplo, que han publicado sus novelas más recientes en sellos nacionales como Penguin Random House o Anagrama. Hay una presentación de la bromeamos diciendo que fuimos talismanes: David Trueba presentó Saber Perder en Zaragoza, antes que en ninguna otra ciudad. Lo hizo acompañado de Daniel Gascón y de Luis Alegre, pero además vino con él Pep Guardiola para presentarla. Pep era en ese momento entrenador del Barça B. David ganó, con esa novela, el Premio de la Crítica; y Guardiola, una semana después de la presentación, fue nombrado entrenador del Barcelona. También nos acordamos con mucho cariño de la presentación de Tiempo de Vida, de Marcos Giralt Torrente, con la que ganó el Premio Nacional de Literatura.

-Ismael Grasa, Martínez de Pisón, Felix Romeo, Labordeta, Antón Castro, Daniel Gascón, Aloma Rodríguez, Eva Puyó, Cristina Grande... (y todos los que me falta por citar) ¿Hacemos una denominación de origen literaria de Aragón? ¿Qué ocurre: el aire, el agua? ¿Qué es?

-En Zaragoza pasó algo muy importante, más bien alguien: Félix Romeo. Félix era capaz de transmitir su pasión por la literatura y por Zaragoza allá donde iba. Félix puso a Zaragoza en el mapa de las ciudades vivas y activas: trataba de que todos los escritores que conocía vinieran aquí a presentar sus libros, invitaba permanentemente a editores, con cualquier excusa, a la ciudad... Pero no sólo por eso: Félix hacía que muchos jóvenes que aún no sabían que iban a ser escritores, creyeran en sí mismos y se atrevieran a publicar. Más allá de Félix, Zaragoza es una ciudad con mucha vida cultural. Si hablamos sólo de libros, hay actos a los que acudir todos los días. Aquí hay muchas librerías, editoriales y escritores, y creo que ese entorno favorece que siga siendo así. Zaragoza es una ciudad cómoda en la que es fácil vivir y moverse. Para alguien que sienta el impulso de escribir, resulta fácil conocer a otros escritores y a editores, no sentirse extraño.


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