Cultura

"Mucha gente venía a verme, no por los chistes, sino por lo colocado que estaba"

De libros como este solo se puede esperar lo peor. Pero este echa por tierra esa idea. Sorprendentemente bien escrito, Diario de un cocainómano retrata no sólo cómo el humorista Gustavo Biosca superó su adicción a la cocaína, sino que hace un retrato de la España estupefaciente de los noventa. Sobre este tema, ha conversado Biosca –el cómico suicida que acompañó a Santiago Segura- que ahora relata junto a Rafa Millán, su experiencia.

Gustavo Biosca, monologuista y humorista, colaboró en 2007 con Santiago Segura en 'Sabías a lo que venías'.
Gustavo Biosca, monologuista y humorista, colaboró en 2007 con Santiago Segura en 'Sabías a lo que venías'.

"Supongo que más de media botella de JB y 7 gramos de coca hacen vomitar a cualquiera. Pero yo no soy cualquiera. Y a mí vomitar me parece una paletada. Resistiré, por mis cojones”. Cuesta pensar en esa cantidad. Si un gramo de cocaína da para 15 rayas, siete supondrían 105 “tiros”. Sólo Tony Montana atrincherado con una ametralladora frente a una mesa llena de montañas de polvo blanco sería capaz de cumplir con semejante ración. Pero sí. Ocurrió. Al menos es lo que asegura Gustavo Biosca en Diario de un cocainómano (Temas de hoy).

De libros como este sólo puede esperarse lo peor. Truculencia. Autocompasión. Tufillo de autoayuda. O lo que es peor, el moralismo del converso. Desde James Ellroy es poco ya lo que puedan contarnos sobre los viajes ida y vuelta al infierno. Pero este no es el caso. Sorprendentemente -auqnue irregularmente- bien escrito, esta especie de crónica consigue relatar no sólo cómo el humorista Gustavo Biosca -conocido en una época como el cómico suicida, por su participación en el programa Sabías a lo que venías, con Santiago Segura- tocó fondo y resurgió. No es sólo eso. Es un viaje por la España -de las drogas- de los noventa hasta nuestros días.

Al hablar con Biosca algo, sin embargo, no cuadra. Y es entonces cuando uno entiende: Biosca puso la vida, Rafa Millán la prosa. “Sin Rafa no habría podido”, dice Biosca tras reconocer que existen partes del libro que no ha leído siquiera. Con el libro recién publicado sobre la mesa, la frase cae como una pedrada. Pero bueno, a lo que vamos. Lo peor de Diario de un cocainómano es el título, acaso demasiado truculento y navajero, como de quien quiere vender a toda costa. Dentro es todo lo contrario: el estilo, a su manera elegante pero tremendamente ácido, consigue conjugar testimonio y humor. Un raro experimento que no descubre el agua tibia pero tampoco la enfría. Sobre ese tema hemos conversado con Gustavo Biosca, protagonista de esta historia. 

De libros como este sólo puede esperarse lo peor. Pero este no es el caso, no del todo. Está sorprendete e irregularmente bien escrito.

-Vamos a ver, ¿quién escribió este libro?

-Rafa Millán y yo empezamos a escribir un libro sobre cocaína, que al final fue un coñazo. Era el típico libro científico. En aquel entonces yo todavía consumía. Toqué fondo. Me fui a Perú, a la selva, a desintoxicarme. Al volver a España comencé el blog donde relataba mi experiencia y Rafa y yo terminamos el libro. Lo llevamos a Planeta. Les gustó mi historia, pero no el libro de la cocaína. Como Rafa escribe muy bien, lo adaptamos y utilizamos el trozo que contaba mi experiencia. Hay partes del libro que yo no podría haber escrito solo. Incluso hay partes del libro que no me he leído.

- Siete gramos de cocaína es demasiado. Demasiada coca, demasiado dinero. Haciendo un cálculo, debió costarle cerca de 400 euros.

-350.

-Pero si cada día consumía esa cantidad, que perdone, me parece improbable, habría gastado 12.000 euros en un mes.

-¡No hombre, pero no fue todos los días! Fue en un episodio autodestructivo. Tampoco me lo metí todo en una raya. Fue a lo largo de siete horas.

-Usted lo de suicida lo llevó más allá del humor, ¿no?

-Tampoco fue un intento de suicidio, sino un intento autodestructivo.

-¿Me explica la diferencia, por favor?

-Fue decir venga ya estoy harto. Hasta aquí he llegado.

En un momento de su vida, Biosca era como un Sid Vicious del stand up comedy.

-Es decir, que era usted como un Syd Vicious del Standup comedy.

-Mucha gente venía a verme, no por los chistes, sino por lo colocado que estaba.

-Según se desprende de la lectura del libro, su vida gira alrededor de lo ilusorio, la puesta en escena: la magia, el humor. ¿La cocaína era parte del espectáculo?

-Subirte a un escenario es una experiencia muy fuerte y meterse cocaína también. Imagínate las dos a la vez.

-¿Se sentía mejor performer cuando estaba colocado?

-No sé si mejor, pero sí más espabilado. Me metía una raya antes de cada actuación. Y si no conseguía coca, el show no salía igual.

"Me metía una raya antes de cada actuación. Y si no conseguía coca, el show no salía igual".

-La cocaína, en ese caso, debería ser una droga que infunde confianza, que potencia el amor propio.

-No. La coca te hace quererte menos y tener muchos complejos y muchos miedos. El éxtasis sí es una droga que te hace quererte más. Te ves más guapo. Más guay. Eso pasa con la coca sólo al principio. Con el tiempo, a medida que vas consumiendo, comienzas a darte asco, incluso físicamente. Es devastadora. Pero en el escenario no. Llegó un momento en que me drogaba todas las noches, en cada actuación. Me levantaba con unas resacas impresionantes. Pero si no me colocaba no podía actuar.

-Dice usted que empezó con las drogas duras tarde, a los 16. No parece sin embargo mucha edad esa.

-En España no. En la España de los 90, la gente comenzaba a drogarse y a beber alcohol a los 16 años. Al experimentar con las drogas, vas probando varias cosas. Al comienzo no me gustó la coca. Me pareció una mariconada. Me gustaban el éxtasis, el LSD. Pero con el tiempo, te das cuenta de que no es así. Que todo cuanto haces colocado es más intenso: desde la euforia hasta el bajón. La coca potencia lo que eres.

"Estoy convencido. Freud sería un plomazo de tío. Convencidísimo"

-Lo dice el libro, incluso crea una tipología de consumidor: el que calla, el que se torna agresivo, el pesado… que según Rafa Millán y usted, si Freud hubiese sido un adicto, habría sido un cocainómano del tipo pesado.

-Estoy convencido. Sería un plomazo de tío. Convencidísimo.

-Piense en políticos, compañeros de trabajo, dependientes… ¿Cuántos de los que nos hablan a diario están colocados y no lo sabemos?

-Más de los que creemos. Pero hay que verlo con perspectiva. Los políticos, por ejemplo. Si estás cuatro horas en el congreso de los diputados, dudo mucho que vayas drogado. No podrían estar cuatro horas, se notaría: las pupilas grandes, la velocidad al hablar. Aunque también creo que la droga está en todas partes: desde el reponedor del supermercado hasta los políticos. ¿Gente que está colocada y no lo sabemos? Un montón.

"Porque eso es lo que te da la coca: miedos".

-¿Cómo ha cambiado la España de la droga?

-Ha cambiado a la cocaína. Antes existía la heroína. Veías a los heroinómanos como zombies por la calle. Y  no gente marginal. Eran personas de familias de pasta. La cocaína existía, pero era cara, parecía algo inaccesible. Lo que ha cambiado, es que el yonqui no está tirado por la calle, sino que es alguien que se levanta por la mañana, tiene sus hijos, trabajo, hace vida normal. Hay gente que la utiliza para trabajar y que se acostumbra a funcionar con coca.

-¿Coincidió su popularidad con su momento más alto de consumo?

-Ya yo había comenzado a consumir mucho un par de años antes de salir en la tele. Pero de pronto me hice famoso, entre comillas. Y buena parte de mi público estaba loco como yo. Entonces, las drogas que llevaban ellos más las drogas que llevaba yo, la hecatombe. De todas formas, ya cuando estaba en la tele no salía por la noche. Estaba en una fase en la que, cada vez que me metía, me entraba paranoia. Porque eso es lo que te da la coca: miedos.


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