La inmensa ciudad de Sao Paulo es lienzo y hogar de Eduardo Kobra, un joven pintor de grafiti de 36 años en las calles atestadas de Brasil, que con pinceles y aerosoles reconstruye de color el gris inerte de los muros de la ciudad.

"La verdad es que me siento un privilegiado por pintar en la calle. El mayor museo es la calle, a cielo abierto, para que accedan al arte que todas las personas, pobres o ricos", cuenta Kobra durante una entrevista con Efe en su taller en Sao Paulo.

Brasil es hogar de nuevas voces del arte, enmarcado en una segunda generación de “grafiteros”, que son convocados a grandes galerías nacionales e internacionales y ya no sufren el acoso por parte de los vecinos conservadores al realizar un mural. La policía ahora incluso encarga a Kobra pintar en sus salas, cuando hace años le detenían, hasta tres veces, por pintar en las calles.

El cambio en la mentalidad respecto al grafiti es un proceso en gran parte avanzado por el grafitero inglés Bansky, cuyas obras han saltado a la escena internacional del arte, convirtiéndose en uno de los artistas más cotizados. Kobra se declara seguidor del artista inglés, que es el gran inspirador de la generación de brasileños que se dedican a hacer murales en la ciudad.

Desde las referencias fotográficas de vagones del metro de Nueva York en los ochenta a la situación actual de la calle, el artista brasileño observa el cambio, sobre todo para él; ahora recibe encargos de todo el mundo. Pero también comprende que no todos están en su situación.

Existen tres grupos a la hora de realizar grafiti en las calles de Sao Paulo. El primero es el llamado “pichador”, que equivale al que “taggea” en España, que supone usar el aerosol para escribir su nombre; el “grafitero”, que realiza piezas elaboradas que requieren más tiempo, normalmente sin permiso, y el muralista, que tiene una autorización para trabajar su arte urbano y realiza pintadas muy elaboradas.

En su ciudad, donde rige la ley de la ciudad limpia, que impide grandes carteles publicitarios en los edificios, sus obras de arte consiguen aliviar la dictadura del cemento listo de Sao Paulo, pero Kobra no está solo en Brasil; sus murales y dibujos 3D se pueden ver en paredes de Estados Unidos, Inglaterra, Francia, México y Grecia y con pedidos de más de una decena de naciones.

Entré a una galería cuando tenía 28 años”, cuenta en su taller ubicado en Vila Madalena, barrio bohemio de Sao Paulo cuyas paredes forman parte de ese gran museo que del que Kobra forma parte, y es que su relación con el arte tiene que ver con la calle.

La presencia de Kobra también incluye murales que apelan a la memoria de Sao Paulo con dibujos y pinturas de inicios del siglo XX en base a fotografías de la época y al movimiento ambientalista, como el bautizado como “Green Pincel”, donde objeta sobre las corridas de rotos, las matanzas de ballenas en Japón y Dinamarca y las obras en la selva amazónica.

En uno de los extremos de la Avenida Paulista, Kobra dejó un mural para el cual gastó 5.000 dólares en pinturas durante un mes un homenaje a Oscar Niemeyer, el mayor arquitecto brasileño famoso por sus curvas y diseñador de la capital, Brasilia.

Este brasileño que incluye figuras geométricas de colores en medio de los rostros de sus homenajeados no lo ha hecho, no obstante, en el mural de la Avenida Helio Pellegrino de Sao Paulo, donde el homenajeado es "El Divino" Paulo Roberto Falcao, gritando su gol en España 1982 en la derrota 2-3 y eliminación ante Italia.

El artista se abre camino en una ciudad colmada por el tránsito: en caso de atasco mientras se está en el automóvil o en el autobús, nada mejor que buscar en los murales el nuevo pulso artístico de la metrópoli.


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