Cultura

Las baratijas de Miró: ¿qué tienen en común el genio, un alfiler oxidado y un caganer?

El fotógrafo Jean Marie del Moral ha fotografiado todos los objetos que el pintor Joan Miró conservaba en los talleres de Son Abrines y Son Boter: juguetes de colores, vegetales, figurillas de arte popular, piedras… ecos de un imaginario que se reúne en el libro 'El ojo de Miró' (La Fábrica).

Una de la simágenes incuidas en el libro El ojo de Miró, publicado por La Fábrica.
Una de la simágenes incuidas en el libro El ojo de Miró, publicado por La Fábrica. © Jean Marie del Moral

Un salero, unos guijarros de colores, un caganer, un ejemplar de las cartas de Van Gogh a su hermano Teo editadas por Gallimard, un bote lleno de alfileres oxidados… todos esos objetos interesaron al pintor Joan Miró, que los acumulaba ya fuese por su forma o su color, incluyéndolos en un bestiario inanimado que toma forma en El ojo de Miró, un libro de más de 300 páginas que recoge por primera vez todos los objetos que inspiraron al pintor, fotografiados por el francés Jean Marie del Moral y acompañados por un texto de Joan Punyet Miró, nieto del artista.

Durante todo un año, todos los lunes, y durante tres horas, Jean Marie del Moral visitaba la Fundació Pilar i Joan Miró, en Mallorca. Abría las vitrinas y sacaba los objetos para fotografiarlos sobre fondo blanco. De igual manera, deambuló por los dos talleres del artista en Palma de Mallorca y el de la casa de campo mallorquina de Son Boter, uno junto al otro, ambos diseñados por su amigo Josep Luís Sert.

Jean Marie del Moral lo fotografió todo: la arquitectura, el mobiliario, las herramientas, la luz, las tarjetas postales pinchadas en las paredes, los grafitos dejados por el pintor o su colección de "curritos", las marionetas populares que parecen salidas de sus cuadros. De todo ello resultó un conjunto excepcional de fotografías de objetos que, radiantes de energía, remiten a los cuadros de Miró: un círculo negro que es el ojo de un ratón de cartón, los colores verdes lisos que decoran los siurells, el punto rojo de la cabeza de un alfiler…

"Es bien sabido que Miró encontraba inspiración en cualquier cosa, algunas de lo más imprevisibles: piedras, maderas, hierros, una llave, una rama de árbol desprendido, un clavo bien grande y oxidado, guijarros de colores y formas sugerentes, serían algunos buenos ejemplos que se iban tropezando en sus andanzas por la zona de La Bonanova palmesana, piedras y diversos restos del naufragio que recogía cuando se iba a caminar por el campo o al lado del mar, ya fuera de sus vagabundeos desde la masía familiar de Mont-Roig, en Tarragona, ya por la playa de Cala Major de Palma, por ejemplo, a escasos minutos a pie desde su casa y taller de Son Abrines", cuenta su nieto, Joan Punyet Miró como quien evoca e ilumina un acertijo.

El fotógrafo Jean Marie del Moral convirtió los cachivaches de Miró en una obsesión

Porque toda esta historia comienza ahí, entre cachivaches. En 1978, Jean Marie del Moral, entonces un jovencísimo fotógrafo, enviado especial del diario L’Humanité, entró por primera vez en el taller de Miró... La limpidez de la luz, los lienzos amontonados sin terminar y los muebles tradicionales, combinados con las elegantes vitrinas de madera clara en las que se alineaba todo tipo de objetos recolectados por Miró en paseos y viajes, paralizó al fotógrafo. A partir de ese momento no sólo no dejaría de fotografiar a pintores y escultores, sino que convertiría los cachivaches de Miró en una obsesión. Por eso, asegura Joan Punyet Miró, los objetos contenidos en "El ojo de Miró" solo podían ser fotografiados por Jean Marie del Moral.

Estas fotografías revelan los fulgores de Miró, aseguran sus editores. El trozo de madera gastada, la pluma de ave, la baratija de plástico y el juguete multicolor eran para él interlocutores privilegiados. De un vistazo a cualquiera de ellos, sacaba la primera pincelada de un cuadro o la clave para terminar otro.

En el libro las fotografías no llevan pie, intencionadamente

En este libro publicado por la Fábrica, las fotografías de esos objetos no llevan pie, intencionadamente. La descripción de lo fotografiado no es importante.“Miró no eligió esos objetos por su origen. Lo que lo empujó a llevarlos consigo fue su magnetismo, su singularidad, su libertad, su poética”.

Y justamente entre esa montaña de objetos, estaba inscrita la suerte que tendrían. En uno de los cuadernitos del pintor, fechado en 1941, Jean Marie del Moral encontró una frase premonitoria, la que dio lugar a este libro: “Editar un libro con bellas fotos de objetos encontrados por mí, y para enriquecerlo añadir un grabado o una lito en color con un texto poético o un poema, o incluso un poema mío, si encuentro uno”. Las fotografías de Jean Marie del Moral no solo responden a este deseo del pintor sino que además realizan una excelente y exhaustiva semblanza de los talleres de Miró.


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