Cultura

"De los bloques continentales, la Unión Europea es la más débil y dependiente de China"

Los autores de 'La silenciosa conquista china', Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo, ofrecen ahora una nueva y ambiciosa investigación sobre la expansión asiática en Occidente. Se trata de 'La imparable conquista china' (Crítica). Sobre este reportaje conversa uno de sus autores, Juan Pablo Cardenal, con 'Vozpópuli'.

Un detalle de la portada del ensayo 'La conquista imparable de China', publicado por Crítica.
Un detalle de la portada del ensayo 'La conquista imparable de China', publicado por Crítica.

Es periodismo, cien por cien periodismo. Sus dos autores Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo no publican nada que no hayan visto con sus propios ojos. Y si hablan de China es porque la conocen de sobra –Cardenal fue corresponsal una década entera-. Esa es la sensación que se lleva el lector tras terminar La imparable conquista china (Crítica), un reportaje monumental que rastrea y busca las costuras de la expansión financiera de la que se erige como gran potencia mundial.

Detrás de este libro hay un viaje por 40 países y más de mil entrevistas con empresarios, diplomáticos y otros actores económicos

El recorrido comienza en Groenlandia, donde el gigante asiático acecha los recursos naturales del Ártico, y acaba con un grandísimo fraude en Wall Street. Entre ambos hitos, Cardenal y Araújo tratan temas tan diversos como las estrategias de los millonarios chinos para sacar sus fortunas del país, las miserias de la diplomacia británica, la construcción de enormes infraestructuras en Canadá, las difíciles relaciones de Pekín con el Vaticano, o el triunfo del ciberespionaje industrial chino.

Detrás de este libro hay un viaje por 40 países y más de mil entrevistas con empresarios, diplomáticos y otros actores económicos. Si en La silenciosa conquista china los autores se centraban en los países en desarrollo, en esta nueva obra, Juan Pablo y Heriberto ponen el foco en los países de occidente. Justamente sobre estos temas, conversa uno de sus autores, el periodista Juan Pablo Cardenal, con Vozpópuli.

-Hacer negocios con China supone, para muchos gobiernos, hacer la vista gorda en temas de derechos humanos. ¿Ha mejorado o empeorado la situación en los últimos años?

-En los gobernantes de todo el mundo ha calado la idea que es necesario un clima diplomático e institucional óptimo para que fueran posibles los negocios con China. Desde el año 2008, con el estallido de la crisis, eso se hace más evidente y cambia según cada país. Lo cierto es que, en materia de derechos humanos, China ha logrado convencer a los países de alejarse de un sistema diplomático de crítica pública para llevarlo al terreno de los diálogos bilaterales. Aquello fue un triunfo, sin duda. Con la promesa de que avanzarían y mejorarían en temas de derechos humanos, consiguieron desactivar la crítica y mantener un diálogo a puerta cerrada, con muy poca transparencia y del que países como Canadá se han apartado. En ese aspecto, de todos los bloques continentales, la UE es la más débil y dependiente de China.

"China ha logrado convencer a los países de llevar la diplomacia al terreno de los diálogos bilaterales"

-Un Estado no cotiza en bolsa, no es auditable, resulta opaco. ¿Es realmente rentable hacer negocios con el Estado chino?

-Esa es probablemente la cuestión más importante que aborda nuestra investigación. La mayoría de gobiernos occidentales, a excepción de Estados Unidos, no tienen en cuenta ese factor. Más del 85% de la inversión de China en el extranjero la llevan adelante empresas estatales y fondos soberanos chinos. En esos casos, los vínculos entre las empresas estatales y el Estado son estrechísimos. No hay un solo alto directivo de una empresa estatal que no sea un alto cargo del partido comunista. Incluso las empresas privadas que tienen unos niveles también estrechísimos la capacidad de influencia del gobierno sobre esas empresas privadas queda fuera de toda duda. Me parece inaudito que los gobiernes no tomen eso en consideración. Qué ocurre el día en que el gobierno chino tenga en sus manos un número significativo de archivos estratégicos.

-¿Realmente cree que detrás de esto exista algo como la candidez?

-Pero es que tampoco queda otra. A ver: China en este momento está haciendo lo que debe, ser agresiva e invertir lo mejor posible ese dinero que tiene (y que obtiene justamente de la represión financiera a su pueblo). Para ellos ir a buscar recursos naturales por todo el planeta es una necesidad estratégica. Quieren garantizarse su suministro futuro de materias primas: las fábricas y el proceso de urbanización son dos de los principales motores del país. China no crece al 7% porque por debajo del 7% o el 8% comienza a destruirse empleo. Muchas de las decisiones económicas del gobierno chino tienen un componente político y social altísimo. Ellos aprendieron la lección de Tiananmén, saben que hay mucho descontento en el país y que cualquier chispa puede terminar en un estallido. El contrato social que hay entre el gobierno chino y su población se trata de prosperidad a cambio de la cesión del monopolio del poder. Eso pasará, en tanto, el país siga creciendo. El gobierno no puede permitirse un estancamiento económico, las consecuencias de eso serían imprevisibles. De ahí que China no quiera hacer acopio de materias primas en el mercado, sino inversiones específicas.

"China aprendió la lección de Tiananmén, saben que hay mucho descontento en el país y que cualquier chispa puede terminar en un estallido"

-En lo que a crecimiento respecta, ¿es China realmente imparable?

-China ha sido históricamente la primera potencia de la historia. Esta carrera hacia la cima es una vuelta a la normalidad para ellos. En estos últimos 200 años han experimentado una decadencia (que ellos vinculan, entre otras razones, al colonialismo). Es lógico, por su peso económico y su población. El problema radica en quién está detrás del inversor chino, qué estándares tienen sus prácticas empresariales, si juegan o no con las reglas establecidas.

-La inversión acumulada de China en Europa superó los 60.000 millones de dólares en la última década. ¿Cuál es el país de Europa donde China está más interesada en invertir?

-Sin duda, Reino Unido. Además de ser el EEUU de Europa, tiene una economía complementaria de la china. A diferencia de Francia o Alemania, que son dos potencias productos al igual que China, Inglaterra es buena en el sector servicios, que es donde los chinos flaquean. Sus relaciones siempre han sido distantes pero ha habido un giro para crear el clima óptimo, entre otras cosas porque quieren que Londres se convierta en el centro de internacionalización del Yuán. Hay un segundo nivel de interés, que también es recíproco, y que causa no sé si miedo, pero tiene a la sociedad británica muy pendiente: el eventual papel de China como principal inversor y propulsor de centrales nucleares y del tren de alta velocidad. Hay que imaginar eso, con los estándares empresariales en China y la opacidad. Tienen un pack imbatible: el dinero, que nadie tiene; el conocimiento y la tecnología para las grandes sobras de infraestructura y la mano de obra.

-¿Y España? ¿Interesa a China?

-Si decíamos que Reino Unido tenía una economía complementaria de la china, en el caso de España es lo contrario. Competimos en algunos sectores y luego España tiene la desgracia de que en los sectores donde tienen empresas globales, por ejemplo el turismo, a los chinos no les interesa.


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