Cultura

Los diarios de guerra de Orwell: cuando los balazos son los de una máquina de escribir

Una nueva edición de los conocidos Diarios de guerra del escritor inglés incluye una selección de su correspondencia entre 1937 y 1943 –algunas cartas permanecían inéditas en castellano-. Se trata de un libro que amplía el retrato de un personaje que vivió –y contó- los años decisivos de la Europa del siglo XX.

Geroge Orwell mientras escribe en su remington.
Geroge Orwell mientras escribe en su remington.

Las palabras de George Orwell, aseguran algunos, hacen con la memoria lo que los disparos en  la piel: marcarla, imprimir sobre ella una cicatriz que podrá remitir pero no desaparecer. Acaso porque mirar es también una forma de violencia, de arrojar repentina y ruidosa luz sobre el blando pellejo de la realidad, ésa es la sensación que queda al completar la lectura de Escritor en guerra. Correspondencia y diarios (1936-1943), un volumen publicado por Debate que reúne los diarios y la correspondencia del escritor y periodista durante los años de la Guerra Civil Española así como la segunda guerra mundial.

Destacan en la selección del libro los conocidos Diarios de guerra, un dietario escrito entre 1939 y 1942 y que abarca los años en los que Orwellpermaneció en el Londres bombardeado por los nazis, pero también la larga década que queda cubierta en sus cartas -algunas permanecían hasta ahora inéditas en castellano-. En ellas, Orwell da cuenta de su paso por España, el curso de su vocación literaria y periodística así como el peso vital de la guerra, un elemento que actúa no como paisaje, sino como sustancia–Orwell vivió las tres guerras fundamentales de la primera mitad del siglo XX: la de 1914; la de 1936 y la de 1939- . Porque en Orwell, la guerra actúa como una especie de motor que aprieta la necesidad de vivir y contar, de tomar partido y despeñarse  si es preciso- en el intento. Y es justamente el orden que adquieren los materiales en este libro –las cartas primero, los diarios después- lo que refuerza y aclara esa idea.

“Me alegro de haber recibido un balazo, porque creo que a todos nos ocurrirá en un futuro”

Organizadas cronológicamente, las cartas anteceden a los Diarios de guerra y aunque deberían hacer las veces de camino preparatorio para entender la madurez del Orwell que se expresará más adelante, hay en ellas furiosasidas y venidas, acaso forcejeos de la voluntad y el entusiasmo, que en él nunca cesan. Eso es posible confirmarlo al comparar, por ejemplo, una carta que escribe Orwell al novelista inglés Rayner Heppenstall en 1937 –en la que dice sentirse dichoso de haber recibido un balazo- y una entrada de su diario, redactada tres años después, en 1940, cuando –ya instalado en Londres- se lamenta por no poder entrar en combate. Un Orwell enfático que se completa con otro todavía más.

“Me alegro de haber recibido un balazo, porque creo que a todos nos ocurrirá en un futuro no muy lejano y me gusta saber que no es doloroso. Lo que vi en España no me ha convertido en un cínico, pero sí me ha convencido de que nos espera un futuro bastante sombrío. Es evidente que se puede engañar a la gente con cuentos antifascistas igual que se la engañó con el cuento de la pequeña y valerosa Bélgica, y cuando llegue la guerra es lo primero que harán”, escribe el autor Homenaje a Cataluña (1938).

Su experiencia de combate contra el fascismo –que reposó durante años en su ánimo y cristalizó en 1945 en las páginas de Rebelión en la granja-, voluntariosa a más no poder, completa giro en el siguiente párrafo que escribe a Heppenstall: “Creo que hay que combatir por el socialismo y contra el fascismo, y me refiero a combatir físicamente, con las armas en la mano, aunque antes habrá que distinguir lo uno de lo otro. Estoy deseando ver a Holdaway (maestro de escuela y teórico marxista) para ver qué opina de lo de España. Es el único comunista más o menos ortodoxo que conozco que me merece cierto respeto. Me asquearía descubrir que se dedica a repetir los mismos tópicos sobre la defensa de la democracia y el trotskismo-fascismo que los demás”.

“Tal vez como propaganda la propia muerte consiga más que emigrar y vivir”

Acaso como una versión reverberada de quien entiende al acto de vivir como una constante toma de partido, las entradas que cubren sus años en Londres muestran la angustia que siente Orwell por la lucha contra los nazis que bombardean Gran Bretaña. Intervenir, intervenir, intervenir, intervenir, aunque en ello se le escurra –literalmente- la vida: “Me siento muy deprimido por el cauce que están tomando las cosas. Esta mañana he ido a pasar el examen médico y me han rechazado, tengo el grado C, con el que no aceptan a nadie en ningún cuerpo”, escribe refiriéndose al reclutamiento de voluntarios, el 18 de junio de 1940.

Apenas cuatro días antes,  se descerraja Orwell en la siguiente anotación: “Tanto E. (Eileen Blair) y G. (Gwen O’Shaughnessy) insisten en que debería emigrar a Canadá si ocurre lo peor, para seguir vivo y dedicarme a la propaganda. Iré si tengo alguna función, por ejemplo, si el gobierno se trasladara a Canadá y yo tuviese algún trabajo, pero no como refugiado, ni como periodista expatriado que grita desde la seguridad de la distancia. Ya tenemos demasiados de esos ‘antifascistas’ exiliados. Es mejor morir, en caso necesario, y tal vez como propaganda la propia muerte consiga más que emigrar y vivir de la caridad ajena”.

Escritor en guerra. Correspondencia y diarios (1936-1943)revela la experiencia de un Orwell que se arranca de una vida burguesa –hijo de una familia de clase media en la india Británica, los años en Eton- y camina decidido a convertir su propia vida en una toma de posición: su experiencia como Policía en Ultramar -que retrata en Los días de Birmania-; la vuelta a Europa y su paso por París y Londres –allí cristaliza su visión de la clase obrera inglesa y la explotación de Que no muera la aspidistra- ; sus años en España durante la Guerra Civil Española...

En el caso de Orwell, el compromiso personal se articuló en obra literaria.

Porque en Orwell el compromiso personal se articuló en obra literaria. Quizá sea por eso, porque la vida se consumió como los fogonazos -rápida e intensamente-, que su temprana muerte a los 47 años sorprende todavía muchos: en muy corto tiempo dejó una vasta obra alimentada por los años de la demolición. Y es en ese matiz -el del compromiso y la acción; la escritura y la vida-  donde estos diarios y cartas iluminan, claramente, un hecho: Orwell parecía guiado por la intuición de que debía dejarlo todo, bien sujeto, en una escritura sólida, que soportara lo que no pudo la sociedad europea de entonces.  

“No es difícil comprender cómo las vivencias de Orwell en Birmania, París y las zonas deprimidas inglesas contribuyeron a dar forma a sus respuestas sociales y críticas al mundo y cómo éstas influenciaron directamente su escritura”,  escribe Peter Davidson, el responsable de la edición de las obras completas del inglés, en la presentación del libro. Calificado como laconciencia invernal de una generación, Orwelll lo fue todo: “fugitivo de los campos victoriosos, tory anarquista, socialista enamorado de la época eduardiana, etoniano entre proletarios” pero también un “idealista con medios limitados, armado de un coraje intelectual” que le hizo coherente, como afirma  Miquel Berga en el prólogo.

En las páginas de este volumen George Orwell se revela, sí, como el hombre que empuñaba un fusil anacrónico en Aragón, el mismo que se sentía dichoso de su balazo en el cuello y que ahora nos devuelve el estruendo de los disparos y nos enseña a leer, entre cicatrices, el raro lenguaje del tiempo.

Escritor en guerra. Correspondencia y diarios (1936-1943), de George Orwell. Debate. Traducción de Miguel Temprano García. A la venta el 2 de octubre. 464 páginas. 31,90 euros.


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