Cultura

Virginia Yagüe, guionista de La Señora, presenta novela: “La narrativa compleja se ha pasado a la televisión”

La última princesa del pacífico, de Virginia Yagüe, guionista de exitazos televisivos como La señora y Amar en tiempos revueltos, entra a competir en la carrera del bestseller junto a María Dueñas y Julia Navarro: historias de época, protagonizadas por mujeres y con trama de amor incluida. Uno más uno, bestseller; y sin acomplejarse por eso, asegura.

Virginia Yagüe, guionista de La Señora y Amar en tiempos revueltos, presenta novela
Virginia Yagüe, guionista de La Señora y Amar en tiempos revueltos, presenta novela EFE.

Filipinas, 1898. España está a punto de perder una de sus colonias más lejanas, que se separa de la metrópoli a sangre y fuego. En aquellas tierras exuberantes, exóticas a la vez que remotas, Carlota Díaz de la Fuente es solo una niña cuando, a finales del siglo XIX, su familia se traslada a una sociedad que ella terminará sintiendo suya. Será allí, en aquel lugar torrencial, donde habrá de vivir su propio quiebre y el paso a la primera juventud. Ese es el argumento de La última princesa del pacífico, la tercera novela de Virginia Yagüe, guionista de exitazos televisivos como La señora y Amar en tiempos revueltos.

Revolución, descolonización y una mujer que debe enfrentarse a sus conflictos. Como pegamento, claro, una historia de amor. Uno más uno, igual superventas. Algo que no le molesta en lo más mínimo a Virginia Yagüe. "Que se conozca lo que significó Filipinas y entrar en la atmósfera de 1898, en la que se gestó un movimiento revolucionario con sus propios ilustrados y distintas facciones, es importante y valioso. Además, respeto el entretenimiento y me parece necesario", asegura la joven escritora de pesado y brillante flequillo.

"No tengo pudor por el bestseller. Además, respeto el entretenimiento y me parece necesario"

Acaso porque la brega del guionista radica en contar historias con protagonistas sometidos al vaivén de que el acto que los interpreta pueda ser despedido, quebrarse una pierna o enfermarse –el resultado, a veces, es literatura bajo presión-, Virginia Yagüe no siente ningún pudor en el ejercicio compartido de una escritura televisiva e incluso de una novela de consumo masivo. Para ella, las evidencias saltan a la vista. “La narrativa compleja se ha pasado a la televisión”, asegura Yagüe en alusión al fenómeno de series televisivas que rebrota con fuerza la literatura.

- Novela ambientada en otro tiempo, protagonizada por una mujer y una historia de amor de por medio. La última princesa… tiene una vocación masiva como la de Julio Navarro a María Dueñas, la pregunta es: ¿nada usted a contracorriente de esta tendencia o se deja llevar?

Es cierto, existe este pudor con respecto a que algo sea un bestseller. A mí me ayudó a rebajar esa resistencia un catedrático de historia que trabajaba conmigo en La señora y que revisaba alguna posible imprecisión histórica en el guion. Él estaba fascinado con la serie. Yo le preguntaba, también sorprendida, por qué le gustaba tanto algo que podía ser demasiado masivo y popular para alguien como él. Nos dio a entender que lo que conseguíamos con un capítulo de La señora, valía mucho más que miles de tratados de historia. Hay espacio para todo y valoro que ese consumo masivo nos lleve a tener datos y vínculos con historias desconocidas. Que se conozca lo que significó Filipinas y entrar en la atmósfera de 1898, en la que se gestó un movimiento revolucionario con sus propios ilustrados y distintas facciones, es importante y valioso. Además, respeto el entretenimiento y me parece necesario.

-La última princesa del pacífico es una historia ambientada en un momento de crisis, tanto humano como histórico: la pérdida de las colonias y la pérdida de la inocencia. ¿Es una novela acaso sobre la pérdida?

-El recorrido de Carlota hacia la madurez va en paralelo con el proceso de cambio en Filipinas. Es la revolución de una mujer y la revolución de una sociedad. La historia de una colonia casi olvidada, mucho más lejana que Cuba por ejemplo, y con la que no existía un vínculo comercial ni razones sentimentales. La cultura filipina era muy lejana. Ese fue un buen punto de partida. Daba muchísimo juego. Había una historia que contar. El periodo de colonización había sido largo y particular y había quedado poco rastro, justamente porque la colonización norteamericana permitió una implantación muy rápida y profunda de su cultura, cosa que España no había conseguido.

"Lo que conseguíamos con un capítulo de La señora, valía mucho más que miles de tratados de historia, nos dijo un historiador".

-Filipinas fue, de las colonias españolas, acaso de las más periféricas; Carlota, su protagonista, es mujer, y por tanto en aquel momento ocupaba una posición a su manera periférica.

-Carlota tiene muchos rasgos y se puede decir que es triplemente periférica: es mujer; es mujer en fin de siglo, es decir, tiene que enfrentarse a muchísimos cambios que ocurren en esos años; y además es una española que se siente filipina

-Historias protagonizadas por mujeres, escritas por mujeres, para un público lector femenino. ¿Cómo ve esto: como una reparación dentro de las industrias culturales o como una estrategia de venta?

-Lo que queremos trabajar, y desde luego en lo audiovisual tenemos que asegurar, es trabajar con los conflictos. Los conflictos garantizan una historia. No hay mayores conflictos que los conflictos femeninos, sobre todo en una época determinada. Además, en mi caso, me siento vinculada al desarrollo de personajes y entiendo de una manera más natural los conflictos femeninos.

"Ahora hay un asalto de los guionistas de televisión en la narrativa"

-La pregunta es necia, pero debo hacérsela: ¿Guionista o novelista?

-Soy escritora. Domino algo tan específico como el guion pero tengo una tendencia natural hacia la narrativa así como no la tengo hacia la dirección, que sería una opción para los guionistas. Me siento a gusto narrando. Quizá lo más complicado es enfrentarse a la forma. El guion puede que sea más descarnado, y la narrativa es algo completamente distinto. Cambia la forma en la que contamos, y en este caso es decisivo. En la narrativa nos centramos en el tono y la forma, cosa que jamás hacemos en los guiones, que son más funcionales. En la novela no tenemos la secuencia, esa unidad tan acotada en un único espacio físico y temporal.

-Los guionistas hacen literatura bajo presión. Lo curioso es el rebrote y la fuerza que han cobrado las series como producto audiovisual, sí, pero también literario.

-Ahora hay un asalto de los guionistas de televisión en la narrativa, estamos habituados a corregir la trama, a generar conflictos. La narrativa compleja, incluso disfrazada de algo muy consumible, se ha pasado a la televisión. Yo no tengo complejo con ser guionista, eso es un reto, te permite ir más allá del incidente y de la anécdota, conseguiremos riqueza narrativa.


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