Cultura

El desastre interminable de la SGAE: un organismo que debe desaparecer para sobrevivir

El pasado viernes, Vozpópuli reveló en exclusiva el informe jurídico que el presidente José Luis Acosta ocultó a la Junta Directiva de la SGAE. Con el nubarrón de unas elecciones adelantadas, las segundas en menos de tres años, la entidad de gestión de derechos de autor no levanta cabeza desde  que se destapara la investigación contra Teddy Bautista.

Teddy Bautista, ex presidente sometido a investigación judicial; Antón Reixa, desituido en 2012 y José Luis Acosta, ocupa el cargo de momento.
Teddy Bautista, ex presidente sometido a investigación judicial; Antón Reixa, desituido en 2012 y José Luis Acosta, ocupa el cargo de momento.

Todos los veranos ocurre algo en la SGAE. En julio de 2011 se destapó el escándalo de apropiación indebida, falsificación de documentos y desvío de fondos liderada por Eduardo Bautista, que había ocupado la presidencia del organismo desde 1995 y trabajado en la entidad durante 34 años; las apretadas elecciones de una institución que en 2012 intentaba lavar su imagen; la expulsión de Antón Reixa el pasado verano y ahora el rechazo de las cuentas y la convocatoria de elecciones anticipadas para 2015 –las segundas en menos de tres años-. Es subir la temperatura y con ella los tropiezos.¿Qué ocurre dentro de la SGAE, que parece abocada a la demolición? ¿Cuál es el motivo detrás del caos y el desgobierno?

Polémicas, muchas. Desaciertos, bastante más. La mayoría por desacuerdos internos y sospechas de una gestión irregular, además de la larga sombra de la quiebra que planea sobre la institución: la SGAE pasó de tener un activo consolidado de 500 millones de euros a -8,5 millones antes de impuestos. En el medio, una larga sangría de dinero -las fundaciones de Autor y Arteria- y una lucha interna sin cuartel. La asamblea general de socios celebrada el pasado 26 de junio votó en contra de las cuentas y el informe de gestión del actual presidente José Luis Acosta, quien todavía no ha cumplido un año al frente de la SGAE en sustitución del destituido Antón Reixay y sin embargo ya ve arder las barbas ajenas y propias.

"Un montón de sucesos hacen pensar que hay alguien muy interesado en que la SGAE pierda el poder que hasta ahora ha tenido”.

Amparado en la supuesta legalidad de un informe jurídico adelantado por Vozpópuli y que Acosta ocultó a la Junta Directiva del martes pasado, el presidente propuso convocar a una asamblea extraordinaria en enero de 2015 para votar de nuevo las cuentas rechazadas. En su contenido, el informe señala todo lo contrario: subraya la ilegalidad de la convocatoria y conmina a Acosta a dar una respuesta a los socios. De momento, la Junta Directiva ha convocado a unas nuevas elecciones y ha solicitado al Ministerio de Educación, Cultura y Deportes que intervenga para evitar la celebración de dicha asamblea.

“Esto es peor que lo de Teddy Bautista”

Según José de Eusebio las cuentas que pretendían aprobarse no guardan ninguna relación con la realidad. Son falsas y no reflejan los muchos compromisos e impagos, entre los que se incluyen por ejemplo las multas de Comisión Nacional de Competencia. “El origen de esta crisis es muy anterior –asegura de Eusebio,presidente de la Asociación de Compositores y Autores de la Música (ACAM)-. El 1 de julio de 2011 la Guardia Civil entró en la sede de la SGAE y tres años después, todavía desconocemos qué pasó realmente. A partir de allí comenzó la cuesta abajo: la actitud pasiva del Ministerio de Cultura, la eliminación del canon por copia privada (somos el único país de Europa que no lo cobra), la legislación que prepara España sobre Propiedad Intelectual, que aparta a la SGAE de su papel y se aleja además de la normativa europea…Un montón de sucesos que hacen pensar que hay alguien muy interesado en que la SGAE pierda el poder que hasta ahora ha tenido”.

Hay quienes, como el vicepresidente José Miguel Fernández Sastrón, ven en la actual SGAE un problema que parte de la propia naturaleza del organismo. “La SGAE no es más que un reflejo de la sociedad. Hay conflictos mucho más políticos que de gestión, la primera junta después de Teddy Bautista se parece al primer congreso en España, no hubo cohesión. Y todo lo que vemos es producto de una nueva etapa. Es una transición inevitable”, asegura Sastrón, quien incluso considera que lo ocurrido con Acosta es una continuación de gestiones anteriores.

“En la asamblea del año pasado ya estuvieron a punto de rechazar las cuentas. Las aprobaron por los pelos. Pero el problema no son las cuentas, el problema es el organismo entero. Toda la gestión que se ha rechazado ahora es en realidad la de los últimos diez años”, asegura a Vozpópuli Sastrón, quien junto a otros consejeros, firmó un escrito presentado anteMinisterio de Educación, Cultura y Deportes denunciando “los gravísimos incumplimientos legales y estatutarios” cometidos por José Luis Acosta y la actual junta directiva.

En ese mismo texto solicitan al ministerio que requiera “a los actuales órganos de SGAE para que cesen en la adopción de cuales quiera de tipo de acuerdos relacionados con la gestiónde los derechos que tiene encomendados”. Se refieren al hecho de que la actual Junta, sometida al veto por los socios, se limite solo a labores administrativas ordinarias y no a tomar decisiones, específicamente sobre dos de los temas –aparentemente- más urgentes: el primero, la desinversión de la red de teatros Artea –proyecto puesto en marcha por Teddy Bautista-, que pasaría por la ventade los teatros Coliseum y Lope de Vega y que, según reza el documento presentado “supondría un detrimento patrimonial para la Fundación SGAE calculado en 25 millones de euros respecto del precio de compra: casi 83 millones de euros en 2009”.

Sastrón: el problema no son las cuentas, el problema es el organismo entero.

El segundo asunto en el que se busca limitar la acción de una junta directiva deslegitimada tiene que ver con lo relativo a la recolocación de las franjas para ajustar las tarifas de derechos de autor para las televisiones, un punto especialmente sensible y delicado que trae consigo la presión y el lobby de los editores (los socios en la SGAE se agrupan en el Colegio de Gran Derecho, Colegio de Pequeño Derecho, Colegio Audiovisual y Colegio de Editores Musicales) acerca de la retribución que reciben los autores de determinadas piezas musicales en los programas nocturnos, que pasaría a quedar suspendida.

Tras la eliminación del canon por copia privada por el actual gobierno del Partido Popular, la mayor fuente de ingresos de la SGAE proviene de lo que pagan las televisoras y las radios.Según Sastrón estas retribuciones suponen el 50% de los ingresos. Otros, como el socio Fernando Bermúdez, aseguran que se trata de mucho más. “Casi el 70% de lo que ingresa la SGAE viene de allí. Hablamos de unos 140 millones”, aseguró Bermúdez, quien mira con bastante más preocupación la situación actual que la que se vivió en 2011. “Esto es peor que lo de Teddy Bautista, mucho peor”.

Sobre las tarifas de las franjas de televisión queda mucha tela que cortar. “No acabamos de entender la urgencia con el tema del cambio de franja, ni quién lo impulsa, como no entiendo a quién beneficia… bueno, sí, a las multinacionales”, asegura José de Eusebio, para quien la prisa por el cambio de las tarifas está impulsada por las grandes compañías agrupadas en el conglomerado de los editores , en el que quedan incluidas las principales empresas trasnacionales dedicadas al entretenimiento. “Ese cambio en las tarifas no va a beneficiar a los autores españoles que pagan impuestos en España, sino a las multinacionales que pagan en Miami”, sentenció Eusebio.

Para sobrevivir, la SGAE debe desaparecer

La institución cada vez goza de peor imagen. No solo por el revuelo de Teddy Bautista, bastante irritación produjo el cobro de derechos en conciertos con motivos benéficos a la vez que se dedicaba a atender asuntos que no pertenecían a su ámbito. ¿Debe una sociedad de este tipo hacer inversiones inmobiliarias? Su labor como sociedad privada de gestión de derechos, en qué medida está asociada a la compra de inmuebles, se preguntan muchos.

La pregunta de fondo está en el hecho de porqué la SGAE debe reunir y monopolizar el control de derechos de autor, cuando este podría repartirse entre otras entidades. A eso se suma la estructura interna del organismo y los mecanismos que tienden a la concentración de poder de unos colectivos de autores sobre otros. Ya la Comisión Nacional de la Competencia (CNC) advirtió que en la SGAE cerca de 600 titulares concentraban el 75% de todo lo repartido.

Aunque existía desde finales del siglo XIX, en 1995 la SGAE se refunda Sociedad General de Autores y Editores. Actualmente representa a más de 100.000 socios y gestiona un repertorio de más de cinco millones de obras registradas. Bajo el paraguas de la SGAE se cobijan los derechos de músicos, compositores, autores dramáticos, letristas, arreglistas, guionistas de cine, televisión y radio, autores de bandas sonoras, directores cinematográficos, realizadores audiovisuales, etc… Una mezcla para algunos demasiado amplia y heterogénea que ha generado lobbys y presiones, como ocurre con los editores, es decir, las trasnacionales agrupadas todas en un mismo bloque. Según datos del informe de gestión de 2012, de los 106.000 socios, 97.081son autores, 2.082 editores musicales y 7.579 herederos y sin embargo son los editores quienes han tendido a imponerse.

La Comisión Nacional de la Competencia (CNC) advirtió que en la SGAE 600 titulares concentran el 75% de todo lo repartido.

Para Fernando Bermúdez, la mejor forma de garantizar y hacer más eficaz la gestión de los derechos, pasa por separar y dividir la SGAE en organismos distitos para cada colectivo, como ya ocurrió en Francia. José de Eusebio no descarta la idea, pero considera que debe ser vista como la última opción. Sastrón, vicepresidente de la SGAE,  desestima por completo la opción. “Eso sería una pena. En Francia se hace así, pero en realidad el conflicto que se crea entre música y artes escénicas es artifical. Tener la capacidad de gestión conjunta lo hace más sencillo”.

De momento, la SGAE no levanta cabeza. La estrepitosa destitución de Antón Reixa –la misma junta directiva que le apoyaba fue la misma que le sacó- echó por tierra los intentos por lavar una imagen que empeora. La poca transparencia y excesiva concentración de atribuciones la han convertido en un caja negra de la que no paran de salir irregularidades. La Ley de Propiedad Intelectual que está en preparación contemplaría la disminución del poder de las sociedades de gestión, que pasarían a estar más sujetas al control del Gobierno, algo que a no todos parece convencer.


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