Cultura

Así es el capítulo contra la RAE censurado por Lara que casi arruina las ventas de navidad de Planeta

Ya está en la calle El cura y los mandarines (Akal), el libro de Gregorio Morán censurado por José Manuel Lara y en el que el periodista arremete contra el ex director de la RAE, Víctor García de la Concha, así como contra otros miembros de la institución -jugoso cliente del grupo Planeta- como Cebrián o Ansón. Además critica a mecenas como Endesa, BBVA, Telefónica y Santander...

La reina Leticia junto con Víctor García de la Concha, actual director de la RAE, contra quien Gregorio Morán arremete duramente en 'El cura y los mandarines'.
La reina Leticia junto con Víctor García de la Concha, actual director de la RAE, contra quien Gregorio Morán arremete duramente en 'El cura y los mandarines'. Gtres

"Son títeres puestos ahí por alguien más, así que tampoco es que tuviesen una cabeza propia que cortar"... deja caer el periodista y escritor Gregorio Morán en la presentación de El cura y los mandarines. Historia no oficial del bosque de los Letrados, un libro censurado por Planeta y que ahora publica el sello Akal. "Son los tipos como Víctor García de la Concha los que interesan en la Academia, hacen su papel de títeres... sin cabeza", dice Morán en alusión a un “mandarinato sin fisuras” representado también en académicos como Luis María Ansón o Juan Luis Cebrián.

Con estas palabras, resume el escritor la polémica detrás de un ensayo de más de ochocientas páginas en el que se hace un repaso de la cultura en España desde 1962 hasta 1996. La editorial Crítica hubiese publicado el volumen de no ser porque alguien –en su sano juicio- se tomó el trabajo de leer hasta el último folio. “Los editores, salvo algunas excepciones, no leen. Con éste, de no ser por el penúltimo capítulo, habrían apretado el botón para mandarlo a imprenta ”, dice su autor.

Morán se refiere a Víctor García de la Concha como "aldeano" y "mediocre"; a Ansón le llama periodista del franquismo

Alude Gregorio Morán a Todos académicos, el apartado número 33 del ensayo El cura y los mandarines, en el que carga tintas contra Víctor García de la Concha, cabeza actual del Instituto Cervantes y exdirector de la Real Academia, una institución que, justo este mes, ha publicado con Espasa (sello del grupo capitaneado por Lara) la edición 23 del diccionario de la lengua, libro que ha sido lanzado para la venta no sólo en España sino en todos los países de habla hispana. Publicar un libro en el que el director de tamaña institución durante doce años (1998-2010) es tildado de “aldeano” y “mediocre” no habría sido una buena idea.

Por esa razón,según ha explicado Morán varias veces, Crítica le exigió que retirara esas once páginas. Él, claro, no lo hizo. Y por eso se marchó con su ensayo a otra parte. "Hoy, la mayor censura no es política, es económica", dice Morán. Sin embargo, el problema no estaba sólo en ese trozo. El libro entero es una carnicería: la intelectualidad de la Transición aparece reflejada cual timorata, acomodaticia y conservadora capilla representada en un personaje: Jesús Aguirre, el que fuera duque consorte de la casa Alba, ex director de Taurus, ex funcionario de cultura del franquismo y, claro, miembro de número de la Academia y a quien Morán regaló esta perla: "Aguirre no era jesuita, era un cura de aldea. Entró en Taurus por ser el confesor de la señora de Urquijo, entonces dueños del sello".

“Me consta que el pulso con Planeta ha sido enorme”, dice Gregorio Morán. “Hay una prohibición en los grandes medios de papel para no publicar nada del libro. Claro, un elefante sólo tiene miedo de otro elefante”, afirma Morán al responder a la pregunta de una periodista que, inmediatamente, se identifica como de El País, medio del Grupo Prisa, conglomerado también aludido –ferozmente, valga decir- en el libro. “Por favor, no confunda a los trabajadores de un medio con sus directores”, apostilla otro de los periodistas presentes. Son las once de la mañana. El asunto se pone tenso. Pero Morán ni pestañea.

El capítulo en cuestión

La Real Academia es un búnker: pocos entran y nadie sale; al menos a juzgar por las palabras de Gregorio Morán. “Es un club como pudo serlo el Casino de Madrid. Entrar en ella supone una auténtica humillación. El aspirante debe ir a casa de los académicos, uno por uno, y solicitar benevolencia ante ellos. Aunque, tras conseguirlo, nadie ha visto que sacaran a ningún miembro de la Academia”, dice Morán en la presentación, que se hizo de El cura y los mandarines en el madrileño Café El Comercial, un sitio “underground” si se compara con lo que fue en la juventud de Gregorio Morán el Café Gijón –“el lugar del mandarinato de café con leche”, dice-.

"Hay una prohibición en los grandes medios. Un elefante (Planeta) sólo teme a otro elefante"

“Tras la muerte de Franco, que la tenía bien sujeta y atada –a la RAE, se refiere Morán en el texto- primero en las manos de Don Ramón Menéndez Pidal, luego a finales de 1968 pasó a su heredero natural, Dámaso Alonso, el que se había inventado la Generación del 27”. Para explicar el contenido de estas páginas, Gregorio Morán expresa la perplejidad que supuso para él ver cómo intelectuales combativos, una vez llegada la Transición, se volvieron locos por entrar en una institución que, según él, “concede una pátina de aristocracia cultural”.

“Los hijos de los vencedores habían vencido también, tras disculpar, amnistiar, justificar… a sus padres. Algunos se habían equivocado, y aún más los que perdieron la guerra, que sí eran muchos, porque no les consintieron el derecho a la equivocación, con jubilación incluida”, escribe. “La RAE, esas siglas que se convirtieron en un mantra –Real Academia Española- no sólo se fue soltando de los viejos poderes del Estado y del Gobierno, para cuya financiación les era imprescindible, sino que se ató con mayor rigor a los dueños. La fundación Pro-RAE fue contando entre sus principales benefactores a Telefónica, Endesa, BBVA, Grupo Santander, Prisa y Planeta”, afirma en el libro.

Hace un recorrido Morán por la historia de la institución: “putrefacta” para algunos como Valle Inclán -que cada vez que pasaba por allí orinaba-; un oasis para otros, incluido el mismísimo Jesús Aguirre. Sin embargo, según Morán, el asunto torna demencial a finales del siglo. “Pero cuando llegó en 1996-1998 el tándem de plumas ilustres, enemigosy cómplices al mismo tiempo, un condensado del más equívoco periodismo –Juan Luis Cebrián y Luis María Ansón, por más que como mal menor este último sabía escribir- la escena alcanzó el paroxismo: los directores de El País y el ABC se concedían el derecho a formar parte del mandarinato”.

"El País y el ABC se concedían el derecho a formar parte del mandarinato"

Víctor de la Concha… y Muñoz Molina, y Felipe González, y Zapatero

Tras arremeter contra el psiquiatra y ensayista Carlos Castilla del Pino –quien heredó el sillón del, también denostado en este libro, Camilo José Cela-, Morán se queda a gusto. “Luego vino la blanca esperanza blanca, el joven Muñoz Molina que escribía como si fuese un abuelo, sin edad ni mérito, mitad conservador y mitad moderno (…)”. Continúa Morán con su lista de aporreados hasta llegar a Víctor García de la Concha, actual director del Cervantes y cabeza de la RAE durante 12 años, a quien se refiere como responsable de prensa “con aires y responsabilidades propias de magistral de la Cátedra de Oviedo”.

“En apenas cinco años pasará de recién ingresado en la RAE (1992), a convertirse primero en secretario de la Academia y luego en jefe de la banda (1998). Un profesional de la cucaña y de las relaciones públicas con el poder, cualquiera que sea (…) Quien tenga la humorada de leer en Wikipedia el perfil biográfico de Víctor García de la Concha se encontrarácon uno de esos divertidos trampantojos que imitan fachadas dieciochescas, con la pretensión de que parezca antiguo a lo que no es más que pasado miserable”, escribe Morán, aludiendo a los inicios de García de la Concha como seminarista, época durante la cual le adjudica algunos devaneos franquistas.

“Zapatero cambiará los estatutos de la RAE y así Víctor García de la Concha pudo permanecer varios mandatos"

Sobre el presente de Víctor García de la Concha, asegura Gregorio Morán en el libro: “El Gobierno de Zapatero cambiará los estatutos de la RAE y así Víctor García de la Concha pudo permanecer varios mandatos como director, y conseguir el Toison de oro del Rey, la mayor distinción que otorga la Corona española. Tiene algo de simbólico el que se le fuera concedido al mismo tiempo que a Javier Solana, el representante político más adatado a los nuevos tiempos, o a los que le echaran, ya fuera en diversos ministerios o en la secretaría general de la OTAN. Eso sí, Víctor García de la Concha fue el primero en reconocer que la RAE cambió gracias ‘al gobierno de Felipe González… La Academia fue muy pobre en épocas anteriores’. Los gobiernos pasan, los hombres como él quedan. Son los representantes intelectuales de los nuevos tiempos. Se adaptan a todo y han ido borrando todos y cada uno de los recuerdos ominosos de otra época”.

Declaraciones contradictorias en el tiempo, una supuesta insolvencia intelectual y acomodaticio talante, según Gregorio Morán, son las cartas de presentación del ex director de la RAE. Pero no se queda ahí el asunto, aludiendo a la magra condición moral de muchos académicos, Morán remata: “Cuando en la década de los noventa ingresaron, se puede decir que de la mano, los dos periodistas adversarios que representaban al tiempo la prensa del franquismo y la de la Transición, y otro montón de cosas que no cabe añadir –me estoy refiriendo a Juan Luis Cebrián, director de El País, y Luis María Ansón, que lo había sido del ABC- para ese entonces ya todo estaba puesto para la consolidación de un mandarinato sin fisuras”.


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