Cultura

Gabriela Montero y el arte de improvisar lo bello: la pianista llega a Madrid

Considerada una de las mejores pianistas en la actualidad, la intérprete y compositora venezolana ofrece lo mejor de sí en el arte de la improvisación clásica, una disciplina en la que Bach, Liszt o Mozart fueron consumados maestros y que renace gracias a ella. Estará este jueves 25, a las 19.30, en el Auditorio Nacional.

La pianista Gabriela Montero, en Madrid, esta semana.
La pianista Gabriela Montero, en Madrid, esta semana. KSB

Es capaz de interpretar un concierto de Rachmaninov al estilo de Bach; de parafrasear a Litz o extraer la versión en fuga de un tango. Solo necesita una clave, una nota o un silbido en medio de un teatro abarrotado, solo eso. Porque si alguien conoce bien el olvidado arte de la improvisación clásica que cultivaron Bach, Liszt o Mozart, esa es ella: la pianista y compositora Gabriela Montero, quien se presenta este jueves 25 de septiembre, a las 19.30, en el Auditorio Nacional de Música, en Madrid.

Es la primera vez que la pianista ofrece un recital en España, y lo hará como parte del ciclo Grandes Clásicos, organizado por la Fundación Excelentia. Montero interpretará el Concierto para Piano Nº 2 de Rakhmaninov y dedicará, por supuesto, un espacio a sus esperados bis de improvisación. Nacida en Caracas en 1970, Gabriela Montero comenzó, con apenas cinco, una carrera musical que suma ya casi cuarenta años. En 2009, tocó ante cientos de millones de personas en la ceremonia de investidura deBarack Obama. Junto al violonchelista chino Yo-Yo Ma y el violinista Itzhak Perlman, interpretó una pieza de John Williams compuesta para celebrar al primer presidente afroamericano de la historia de los Estados Unidos.

En 2009, la pianista Gabriela Montero tocó en la investidura de Barack Obama, ante millones de personas

Su carrera no para, su agenda tampoco. Tan solo este verano, Gabriela Montero ha hecho frente a una apretada agenda: se presentó en junio en el Festival de Lugano, también en Alemania, con la Filarmónica de Dresde y hace apenas unos días estuvo en Leipzig. En enero de este año puso de pie al recatado público suizo del KKL, el imponente Palacio de Congresos y Conciertos de Lucerna, cuando pidió, micrófono en mano, que por favor cantaran o silbaran una melodía. Ella haría el resto con el piano. Y así fue: desde Beethoven hasta el clásico Moliendo Café interpretado como una fuga. En Colonia, un teatro entero coreó la misma canción. Ella la pescó al vuelo y convirtió en melodía el entusiasmo de su público. La imagen de esa velada desarma incluso a quien la mira en YouTube.

Además de su don para la improvisación, Gabriela Montero compone. Y lo hace con el compromiso y el sentimiento que sujeta los sonidos –y las palabras- para que no hagan lo que los relatos contados por necios, para que no sean ese “cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y furia, que nada significa”, como decía el Rey de Escocia en el Macbeth de Shakespeare. Porque el compromiso y la honestidad son también una armonía. Así lo demostró la pianista en 2011, cuando escribió ExPatria, una pieza para piano y orquesta de 15 minutos que le valió los aplausos a la vez que una rabiosa censura política.

Además de su don para la improvisación, Gabriela Montero compone. Y lo hace con el compromiso y el sentimiento que sujeta los sonidos

Especialmente crítica con los desmanes del gobierno de Hugo Chávez y del actual presidente Nicolás Maduro, Gabriela Montero intentó con esa pieza “dar una voz a Venezuela y al dolor que los venezolanos han sufrido por tanto tiempo; a la frustración y a la sensación terrible de la pérdida de un país; a la violencia, a increíbles niveles de corrupción, ausencia de democracia y la violación de derechos humanos”. Sobre este y otros temas conversa Gabriela Montero con Vozpópuli.

-Si la improvisación ha existido tradicionalmente como género musical, ¿por qué ha quedado relegada?

-La improvisación es una habilidad, un código, una forma de tener una conversación utilizando el dialecto musical. En los siglos XVIII y XIX era parte de la vida de los músicos. Sin embargo, todo eso cambió. Comenzamos a preocuparnos más por el resultado que por el proceso.

-Usted ha convertido la improvisación en su sello, aquello que la distingue y la hace especial.

-Es algo que forma parte de mí, desde niña.

-Pero hubo un momento en que se planteó dejar el piano. ¿Una profesora y sus críticas contra la improvisación fue la causa, cierto?

-Esta persona de la que habla fue mi profesora de piano desde los 8 a los 18 años en Estados Unidos. Y no solo fue por su postura ante la improvisación (decía que eso no valía nada) sino que además, tuvo una influencia muy negativa. Tenía casi 18 años cuando la dejé. Cerré la tapa del piano durante dos años y no quise volver a tocar hasta los 20 cuando, ya en Caracas, apliqué a una beca para estudiar en la Real Academia de Música de Londres. Fui aceptada y me fui a Inglaterra. Allí retomé el piano desde un ángulo personal, donde yo era la que dictaba y decidía musicalmente; con una libertad total.

"En los siglos XVIII y XIX, la improvisación era parte de la vida de los músicos. Sin embargo, todo eso cambió"

-Cada presentación suya es única, no hay una igual a la otra.

-Es ciertos que existen ciertos estilos en común. Pero la improvisación, musicalmente hablando, siempre es distinta.

-En determinados públicos, acaso los menos efusivos, debe descolocar que la pianista coja el micrófono, se dirija al público y les pida que canten una canción.

-La primera persona que se levanta o participa es la que se encuentra con ese vacío. No es algo muy común, porque el público nunca habla con el artista. Es él quien a veces habla con el público. Romper esa pared de hielo no solo es bonito, es enriquecedor.

-¿Para la música, para la función, para usted?

-Para todos. Al aportar la semilla, que es la melodía sobre la que se hará la improvisación, la interpretación termina siendo una creación conjunta. Eso sí… hay que esperar al primer valiente; después, una vez que alguien tuvo valor, todos quieren cantar. Me ocurrió en una ocasión, en Colonia, en un teatro: 3.000 personas cantaban a la vez una misma canción.

-La improvisación tiene un punto de arrebato; un componente emocional ¿Escucha sus improvisaciones, se reconoce en esos raptos?

-Sí, las escucho para saber qué fue lo que pasó en ese momento. Tratamos de grabarlas porque, de lo contrario, desaparecerían. Después de eso, las dejo ir. Hago cientos de improvisaciones al año. Lo que más me gusta es esa propiedad renovadora que tiene la música sobre la marcha. Se encuentran personajes, colores, estilos. La imaginación hace que las posibilidades sean ilimitadas. Hay días en los que la musa está más presente, especialmente en los recitales, donde suelo tener en la segunda parte unos 50 minutos para improvisar. 

-¿No le resulta agotador?

-Para nada. Es un soplo de aire fresco. Después de improvisar me siento renovada, porque entro y salgo de un mundo con total libertad.

-Gabriela Montero no es sólo una intérprete. Es una compositora contrarreloj.

-Esa es la definición de la improvisación: composiciones en el momento. No se deberían de llamar improvisaciones sino justamente así, composiciones.

"Después de improvisar me siento renovada, porque entro y salgo de un mundo con total libertad"

-¿Ha hecho toda su vida musical fuera de Venezuela?

-No toda. Tuve que marcharme a estudiar a los Estados Unidos con ocho años. Me costó mucho separarme de mi país y de mi familia. Al comienzo me fui con mis padres y mis hermanos. Económicamente, tras la devaluación del Bolívar frente al dólar, que Venezuela se conoce como Viernes Negro, fue imposible quedarnos como núcleo familiar. Se regresaron mi padre y mi hermano a Venezuela. Me quedé con mi mamá. A los 18 volví a Venezuela. De ahí me fui a Europa. He pasado temporadas en mi país, a veces de meses en otras ocasiones de años. Del 2003 al 2006 viví en Caracas y pude presenciar y vivir la angustia y la frustración de un país que se desmorona minuto a minuto.

-¿Usted no se formó en el sistema de Orquestas Juveniles, cierto?

- La prensa tiende a confundirse. A veces me anuncian como un gran producto del Sistema Nacional de Orquestas y me toca aclararlo: yo he tocado con el Sistema, pero soy solista. No tengo nada que ver con José Antonio Abreu. No soy su discípula.

-Y es cierto que ha marcado distancia con él y con el director de orquesta Gustavo Dudamel. Usted se ha convertido en una voz a contracorriente para explicar el grave proceso político que atraviesa Venezuela. Lo ha hecho con sus palabras y su música. 

-Tratamos de informar, educar y sacar a la luz lo que realmente ocurre en Venezuela. Poco a poco el mito de Hugo Chávez, lo que él le vendió al mundo, se está desmoronando. La gente puede ver los resultados de un gobierno fracasado, un narco estado, una cleptocracia… La realidad es muy dura: 29 millones de personas que no consiguen insumos, alimentos, medicinas.

"Como hicieron Prokofiev y Shostakovich, Ex Patria es una obra que intenta plasmar musicalmente la demolición de un país"

-¿A qué suena Venezuela?

-A Ex patria.

-Y si le pido que me diga un sonido.

-Un grito turbio e intolerable. No hay ningún tipo de armonía en ese tono.

-Usted no solo fue invitada a participar como músico en eventos como la investidura de Barack Obama, también ha sido invitada a Davos para hablar de su música y de su activo papel como artista.

-Sí, participé en la investidura de Barack Obama. A Davos fui dos veces, la primera para hablar de mi música; de la composición y la parte creativa. La segunda fue para hablar sobre Ex Patria, que ya había nacido. Me invitaron a explicar por qué una pianista del siglo XXI escribe, como Prokofiev y Shostakovich, una obra con la que intenta plasmar musicalmente la demolición de un país. Hablé sobre el rol del artista y la necesidad de que este se involucre en la realidad social y política del país no sólo en su quehacer, también denunciando las injusticias.

Gabriela Montero participará en Mentes Brillantes 2014 organizado por El Ser Creativo.


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