Cultura

La poquísima cultura de Cristina Cifuentes… en el gobierno de la Comunidad de Madrid

La política popular ya lo había adelantado en la campaña electoral: Cultura dependería directamente de la presidencia de la Comunidad de Madrid. La intención era convertirla en un aspecto transversal. Sin embargo, todo apunta a una concepción de lo cultural sólo como reclamo turístico.

La nueva presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, durante el discurso que pronunció tras la toma de posesión de su cargo.
La nueva presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, durante el discurso que pronunció tras la toma de posesión de su cargo. EFE.

Cultura dependerá directamente de la presidenta del gobierno de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. La intención, aseguró la política popular, es que ésta “atraviese transversalmente la acción de todo el Gobierno para desarrollar su verdadera dimensión educativa, industrial y exterior”. Y así ha quedado confirmado en el diseño de su equipo de gobierno, presentado esta semana.

Los platos fuertes de lo que el equipo popular pretende hacer en materia de cultura dentro de la Comunidad de Madrid atiende a cuestiones específicas, que se solapan entre el interés turístico y la explotación comercial de lo cultural. La mayor prueba de ello pasa por el hecho de que cultura quedará supeditada a una Oficina de Cultura y Turismo, que se encargará de coordinar las actuaciones en ambas materias.

La cultura pasa a ser un reclamo turístico y no un eje desde donde trazar una política pública. Desde la reforma de Ley de Espectáculos Públicos y del Hospedaje hasta el 400 aniversario de la muerte de Cervantes

Casi todas las medidas alusivas a lo "cultural", desde la reforma de Ley de Espectáculos Públicos y del Hospedaje para contribuir a la dinamización del sector hasta la creación de una Comisión Conmemorativa del 400 aniversario de la muerte de Cervantes, están teñidas de una concepción más práctica y monetaria que de una idea de sensibilización e impulso de instituciones que fomenten la creación en sus distintas manifestaciones. Es decir: la cultura pasa a ser un reclamo turístico y no una política pública.

Existen sin embargo –al menos a juzgar por su programa electoral- otras medidas como un Plan de Fomento de la Lectura, el apoyo a editores y libreros, así como medidas concretas en lo que a Bibliotecas se refiere, una de las áreas más afectadas . No hay que olvidar que cerca del 80% de la red de bibliotecas públicas de España depende de los ayuntamientos y comunidades autónomas. Todo el peso recae prácticamente en ellas: las diputaciones, ayuntamientos y cabildos aportan 54% del presupuesto; el 20,8% proviene de las administraciones autonómicas y el 10,5% del Estado. Los sucesivos recortes han agravado la situación de las bibliotecas. Desde 2010 se observa un descenso generalizado en las adquisiciones, lo que provoca que las colecciones se encuentren desactualizadas. En 2012 las bibliotecas públicas registraron 3,5 millones de volúmenes, un 31,2% menos que en 2010.

Valga decir, que aunque el programa incluía 124 puntos en lo que a cultura respecta, algunos de ellos aludían a conceptos vagos y generalidades, que al no tener una representación específica en su equipo, podrían quedar en el camino como palabras puestas de relleno en un programa. A pesar de las medidas como la creación de un cheque cultural de cien euros para las personas menores de 30 y los ciudadanos de la tercera edad, persiste la vaguedad en lo que apoyo del “emprendimiento artístico” supone. La promoción exterior y el diseño de rutas turísticas ganan terreno frente al silencio con respecto a problemas específicos que la cultura vive en la Comunidad de Madrid como, por ejemplo, la desaparición de la Madrid Film Comission hace ya más de un año, por falta de fondos.

El punto de partida

Hasta ahora, los temas en la materia dependían de una Viceconsejería de Turismo y Cultura, dividida en cinco áreas: una Dirección General de Turismo, la Dirección General de Bellas Artes, la de Artes Escénicas, Música y Audiovisual y una Dirección General de Patrimonio Histórico. Ahora, ese diseño de gobierno pasaría a ser sustituido por una Oficina de Cultura y Turismo, que se encargará de coordinar las actuaciones en ambas materias.

Hasta 2011, el año de las elecciones generales en las que Mariano Rajoy fue electo, Madrid concentraba un 22,5% del total de las empresas culturales en España: es decir 23.190, por delante de Cataluña (20%). Durante ese año, la Comunidad de Madrid acogió el 30% de las representaciones escénicas de todo el país (18.000 de las 60.000 nacionales) y registró más de 4 millones de espectadores de los casi 15 millones que se dieron en todo el país (el 28% del total) y obtuvo una taquilla que superaba los 107 millones, es decir, casi el 50% del total. El balance era relativamente satisfactorio. Sin embargo, el otoño siguiente los teatros madrileños presentaron 500 obras con casi 6.000 funciones, menos del 50% que en el mismo periodo anterior. Las razones de semejante bajón saltaban a la vista: la falta de mecanismos para hacer posible la financiación privada, además de los recortes presupuestarios en la materia.


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