Cultura

Natalio Grueso: "No podemos juzgar a las personas, porque no siempre conocemos todos los datos"

El ex director del Centro Niemeyer y, hasta junio, director de Artes Escénicas del Ayuntamiento de Madrid, abandona la gestión cultural para dedicarse de lleno a escribir. Grueso, quien debuta con la novela Las soledades, sorprende con este giro.

El ex director del Niemeyer, Natalio Grueso
El ex director del Niemeyer, Natalio Grueso Ricardo Martín.

En la planta siete de un edificio del centro de Madrid, Natalio Grueso aguarda sentado ante una línea de botellines de agua sin abrir y una torre de ejemplares apilados de La soledad, su primera novela, que ahora presenta dela mano de la editorial Planeta. El ex director del Centro Niemeyer y actual director de Artes Escénicas del Ayuntamiento de Madrid –cargo que abandonará en junio- tiene sus días contados… como gestor cultural. Decidido a llevar adelante su vocación literaria, el hombre cultura –el que llevó a Woody Allen y Kevin Spacey a Avilés- lo deja todo para dedicarse a escribir.

En este primer libro, sorprendentemente bien escrito aunque con algunos arrebatos de excesiva sentimentalidad, Grueso traza un atlas humano: Horacio Ricott, un argentino que receta libros como otros recetan fármacos; Ricardo Kublait, un periodista que decide narrar un partido de fútbol no como ocurrió sino como debería de haber ocurrido; Lucas, el adolescente que se las arregla para contrabandear palabras de un lenguaje cuyos derechos han sido adquiridos por una trasnacional; un cazador de sueños y un hombre que anheló su vida entera poseer una pitillera de plata; Khaled, un niño aspirante a futbolista a quien su pierna izquierda o un pianista que jamás ha fallado una nota y que lo hará, un noche, embelesado por un mujer… Todo ocurre además, en distintos lugares: Buenos Aires, Ginebra, Moscú, Centroamérica…

Un personaje se mantiene a lo largo de todo el libro: Bruno Labastide, un hombre que comenzó como camarero en un lujoso hotel y que decide recorrer el mundo en busca del dinero o la buena vida. A veces canalla y embaucador –en otras un errante-, Labastide se dedica a contrabandear caviar en Rusia, a robar a magnates o turistas norteamericanas. Alguien que, sin embargo, querrá dejarlo todo cuando conozca a Keiko, una prostituta japonesa que solo accede dormir con aquel hombre que logre conmoverla con un verso o una historia. Urdido con el mecanismo de la fábula –cada historia tiene una moraleja-, en La soledad Grueso acomete un primer libro que confunde, despista. No sabe uno si Grueso habla de sí …o no. Lo que sí es cierto es que a lo largo de la conversación, en dos ocasiones, Grueso repite la misma frase: “No se puede juzgar a nadie sin tener todos los datos”.

"En este primer libro, sorprendentemente bien escrito aunque con algunosarrebatos de sentimentalidad, Grueso traza un atlas humano".

Grueso, quien ha sido imputado por el juzgado de Primera Instancia e Instrucción Número 2 de Avilés por un supuesto delito societario durante su gestión frente al Centro Niemeyer, tiene una cosa muy clara: abandonar la gestión cultural y encerrarse a escribir. Sobre eso, su vocación, habla en esta entrevista.

-Sabíamos que era un hombre con muchas aptitudes: bien relacionado, con experiencia diplomática y cultural. Pero no que se le diese la ficción, al menos literaria. A muchos nos cogió por sorpresa su vocación. ¿A usted también?

-En absoluto. Esta vocación la he tenido siempre, solo que en esta vida hay que buscar el momento adecuado para dar el paso para cumplir con un destino.

-En el último folio explica: todo en este libro es ficción, menos la primera frase: “Nadie sabe tanto de la soledad como yo”. Cuesta pensar que a Natalio Grueso le persiga la soledad.

-No es una persecución. La soledad es algo que llevamos todos con nosotros. Hay formas muy diferentes de sentirse solo. No se trata de estar o no acompañado. La enfermedad del siglo XXI, estoy seguro, es la soledad. Tenemos más información que nunca, más redes sociales, más Facebook, más amigos y sin embargo los seres humanos nunca habíamos estado tan solos como ahora. De todas formas, el título es engañoso. Más que un libro sobre la soledad es un libro sobre la gratitud, hay, por ejemplo, varias historias de amor. La soledad es la excusa.

"Esta vocación la he tenido siempre, solo que en esta vida hay que buscar el momento adecuado para dar el paso para cumplir con un destino".

-¿Se siente usted solo?

-No sabría qué decirte. Depende del momento del día.

-¿No le parece que la literatura, en su caso, vino a corregir la realidad?

-La literatura es eso. La capacidad de imaginar una realidad alternativa.La fabulación es el primer arte incluso antes que la pintura. Es lo último que nadie nos puede quitar.

-El libro está escrito a través de episodios. Es cierto que Bruno Labastide actúa como un hilo conductor. Sin embargo, su libro se comporta a la vez como una novela y como una colección de relatos.

-Es una novela, sin ninguna duda. Tiene una arquitectura y una carpintería interna diferente a lo que estamos acostumbrados. Te aseguro que todas las historias tienen una ligazón interna que no funcionaría de otra manera. Es un árbol del que van saliendo ramas y en cada una encuentras historias distintas, pero todas salen del mismo tronco.

"Si existiera esa profesión, a mí me gustaría ser recetador de libros".

-Con quién se siente más afín… ¿con el narrador, con el embaucador, con el fabulador? ¿O acaso es usted del bando de los más desguarecidos?

- Todos los personajes son aristas de una misma cosa. Revelan distintos aspectos. Personalmente, me siento muy cercano con el recetador de libros. Es maravilloso recomendar a los amigos libros que puedan ayudarles. Si existiera esa profesión, a mí me gustaría ser recetador de libros.

-Bruno es a su manera un personaje sin escrúpulos: roba, miente, se contradice, vende caviar falso como real… todo un impostor.

-Todos somos como Bruno. Nadie es completamente bueno o malo. La gente tiene matices. Él es encantador y maravilloso y tiene un lado canalla, cobarde, manipulador. No podemos juzgar a las personas, porque no siempre cocemos todos los datos.

"No podemos juzgar a las personas, porque no siempre cocemos todos los datos"

-Sorprenden muchas cosas en su libro. Tiene una muy buena estructura y sin embargo usted ha abusado un poco con la sentimentalidad. Asumo que fue deliberado.

-Los personajes no se rebelan contra uno, ni escriben lo que ellos quieren. Todo es deliberado y tiene un por qué, un sentido.

-Sus editores le comparan con Baricco, pero… ¿cuál es su equipaje literario?

-Por encima de todo soy un lector. Desde las novelas de Julio Verne hasta la novela latinoamericana del Boom, Vargas Llosa por ejemplo, hasta llegar a la literatura anglosajona: Norman Mailer, Jack London… o también autores como Stefan Zweig. Al final todo escritor es un lector.

-No hay tiempo en su novela. No sabemos si esto ocurre en el siglo XX o XXI o XIX.

-Porque no es importante. Esta es una novela sobre sentimientos. Y son los mismos que hace cuatro siglos. Es deliberado también que ocurra en varias ciudades, porque lo verdaderamente importante es lo que ocurre a los personajes.

"Todos tenemos matices y muchas veces no es inteligentejuzgar a la gente sin tener todos los datos".

-Todas las historias tienen una moraleja.

-Lo que trata de contar este libro es que nada es blanco o negro. Todos tenemos matices y muchas veces no es inteligentejuzgar a la gente sin tener todos los datos.

-Sin embargo, le seré sincera. Teniendo una estructura bastante buena, usted de pronto se pierde en una cierta prosa de autoayuda…

-Yo no lo veo así.

-Hay un exceso de sentimentalidad, a veces uno piensa que lee a Paulo Coelho, quien además le ha elogiado mucho.

-Es una percepción como cualquier otra. Hay una cierta tendencia a encasillarlo todo y creo que esto es distinto. Ni mejor ni peor. Solo diferente.

"Si quieres escribir, al menos seriamente, tienes que dedicarte al 100%".

-Escribió este libro en el 2012, un año complicado para usted. ¿Qué le movió a escribir? ¿Evadirse? ¿Buscar oxígeno?

-Esta novela estaba madurada. Llega un momento en que te das cuenta de que tienes que tomar decisiones. La creación literaria, creo, es completamente incompatible con cualquier otra actividad. Si quieres escribir, al menos seriamente, tienes que dedicarte al 100%.

-Su salida del Ayuntamiento tiene algo que ver con esto, ¿o hay algo más?

-He tomado esa decisión para desarrollar mi carrera literaria.

-Bueno, eso. Que deja todo para escribir

-Absolutamente.

-¿En serio?

-Es una apuesta decisiva, puede salir muy bien como puede salir muy mal.

"La gestión cultural ha sido un ciclo que comienza antes del Niemeyer. Ha llegado otro punto. No hay que darle más vueltas".

-Pero, ¿qué le llevó a tomar esa decisión?

-Lo he dicho. Llega un momento en la vida en que uno siente que debe hacer realidad aquello que cree que le va a hacer más feliz. Mi vocación siempre ha sido crear. He estado muy cerca de los creadores todos estos años y siento que me ha tocado el momento.

- Usted fue el hombre cultura. Botella le fichó justamente buscando el efecto Niemeyer. Y sin embargo, está sometido usted a una investigación por presuntos delitos en su administración del Niemeyer… ¿Cómo se siente de su paso por el quehacer de la gestión cultural?

-Son actividades diferentes. La gestión cultural ha sido un ciclo que comenzó antes del Niemeyer. Ha llegado otro punto. No hay que darle más vueltas.

-De todas formas nunca se puede decir: de esta agua no beberé.

-Seguramente no. Pero de momento quiero llevar yo el control de mi vida y mi actividad, que es la literatura.

"De momento quiero llevar yo el control de mi vida y mi actividad, que es la literatura".

-¿Cuándo se marcha del Ayuntamiento?

-En junio.

-¿Algún otro proyecto?

-Sí, hay teatro, cine, narrativa…

-Usted, que al frente del Teatro Español impulsó la programación de la dramaturgia de Vargas Llosa, ha recibido elogiosdel Premio Nobel con este primer libro.

-Eso demuestra lo generoso que es.

-¿Cómo quiere que le vea la prensa de ahora en adelante? ¿Como un autor, como un personaje público?

-Siempre me ha gustado estar en un segundo plano.

-Dos veces me ha dicho que no podemos juzgar a nadie sin datos suficientes. ¿Se siente usted juzgado?

-Creo que todos somos sometidos permanentemente a un juicio. Nuestros vecinos, tus jefes, tus amigos, tú mismo te juzgas… Al salir de esta entrevista, tú me juzgarás y yo te juzgaré a ti. A todos nos juzgan a todas horas y creo que es un error.

"El 95% de las cosas que habéis publicado, todos los medios, sobre el Niemeyer es pura invención y falsedad".

-Hace unos meses, a la salida de su comparencia ante la imputación en Avilés, se publicaron una declaraciones en la que usted decía sentirse solo.

- El 95% de las cosas que habéis publicado, todos los medios, sobre ese tema es pura invención y falsedad.

-Voy a aprovechar entonces que todavía es director de Artes Escénicas del Ayuntamiento. ¿Se privatizan o no se privatizan los teatros en el Ayuntamiento?

-Eso tienes que preguntárselo a los responsables del Ayuntamiento. Yo lo que te puedo decir es que ningún teatro está privatizado. Y mi opinión personal es que sería un error terrible privatizar los teatros de la ciudad. Esas son confusiones que se generan en los medios de comunicación.

-Usted no nos quiere nada.

-Es que hacéis titulares que no son tales. Habéis dicho que se privatizaban los teatros y un año después no ha pasado tal cosa.

-Por eso se lo pregunto.

-Le digo que no…en tal caso eso no ha ocurrido. Y en el caso de que así fuese, sería un total error.

Toca apagar la aplicación de grabar sonidos. También agradecer a Grueso su tiempo. Acaso reiterar la sorpresa que genera esta decisión y, por supuesto, hurgar algo más en elaffaire Niemeyer.

Calmado y parco, como ha estado casi toda la entrevista, Grueso quita hierro al asunto no sin desaprovechar la oportunidad para dejar caer: “La prensa no ha sido rigurosa. Los titulares que ha publicado, por ejemplo,el medio en el que tú trabajas no so ciertos. Si yo me hubiese gastado 180.000 euros en café, no tendría hígado. Mi abogado me lo dijo: podría haberme hinchado a demandar. Pero… no vale la pena”.

Apretón de manos de por medio, Grueso se marcha a otra entrevista, esta vez telefónica. Sobre la mesa, la línea de botellines de agua sin abrir permanece intacta. También la torre de libros todavía envueltos con su faja promocional. A lo lejos pueden leerse, entre comillas, dos frases: “Un libro en el que cada nueva página espera al lector una revelación todavía más sorprendente que la anterior”, de Vargas Llosa, y “Una novela delicada, hermosa y conmovedora cuya lectura me ha llegado al corazón”, de Paulo Coelho.


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