Cultura

Adiós a Ana María Matute: “Vivía un genio entre nosotros y muchos ni se enteraron”

La muerte de la escritora catalana Ana María Matute este miércoles ha sacudido al mundo cultural español, que reconoce el inmenso vacío que su partida ha dejado. El escritor Enrique Vila-Matas ha sido el más directo: “Vivía un genio entre nosotros y muchos ni se enteraron”.

Ana María Matute.
Ana María Matute.

Tenía 88 años, de los cuales no dejó de escribir ni un solo día. "Es una mala madre la literatura, pero es única", dijo en una ocasión al ser preguntada por su vocación. Razón no le faltaba, ni le faltó jamás, a Ana María Matute, cuya muerte este miércoles en Barcelona ha sido recibida con pesar, acaso nostalgia, pero también lucidez por parte de aquellos que la admiraron y leyeron. Quizá el más agudo fue Enrique Vila-Matas. "Vivía un genio entre nosotros y muchos no habían querido ni enterarse", dijo el autor de El mal de Montano, no sin su -siempre afilada y discreta- ironía.

“Lo suyo no fue vocación, sino destino, porque ella siempre supo, como los grandes, que ese era su camino", dijo el barcelonés Vila-Matas. Igual de directo fue el editor de Anagrama, Jorge Herralde, quien reconoció que la literatura española estuvo presidida por dos mujeres: Matute y Carmen Martín Gaite. “Eran las reinas del mambo" de la literatura española, dijo el editor al referirse a una época en la que el quehacer literario estaba mucho más restringido.

"Vivía un genio entre nosotros y muchos no habían querido ni enterarse"

Han coincidido casi todos –Vila-Matas, Herralde, Juan Marsé, Lara…- en señalar su libro Primera memoria, como aquel con el que Matute se reveló ante ellos como la voz potente y sonora de la literatura barcelonesa en castellano. El director de la agencia literaria Carmen Balcells, Guillem d'Efak Fullana-Ferré, destacó, sin embargo, la universalidad de los temas de Ana María Matute, “que ella trató con una maestría impresionante a lo largo de su carrera".

No fueron años fáciles para una mujer que quisiera abrirse camino; y eso lo saben muy bien quienes como Rosa Regàs vivieron esos años. "Ana María Matute estuvo siempre en el camino de la libertad; fue una persona libre que hizo lo que quiso hacer y no lo que le decían que tenía que hacer", dijo Regàs sobre una mujer que se sobrepuso a las limitantes de la época –la pérdida de la custodia de su hijo tras el divorcio, por ejemplo- y se abrió paso con una prosa que la hizo única.

"Fue una persona libre que hizo lo que quiso hacer y no lo que le decían que tenía que hacer"

El editor y presidente del Grupo Planeta, José Manuel Lara, que comenzó a leer a Ana María Matute con Pequeño teatro –obra que le hizo merecedora de Premio Planeta en 1954, con 29 años de edad, y Primera memoria, que publicó Ediciones Destino tras ganar el Premio Nadal. Justo también ese libro ha sido el que ha evocado Juan Marsé para referirse a aquellos libros que marcaron sus inicios en la literatura, que en aquellos años (1959) comenzaba su andadura con Encerrados con un solo juguete.

La escritora y académica Soledad Puértolas fue más allá que el resto. No sólo la recordó, sino que señaló el que muchos consideran fue el único reconocimiento que, siendo merecido, no recibió:  "Su mundo literario tan rico y singular merecía la categoría de ganadora del Nobel. Siempre lo he pensado y sé que estuvo cerca de ello", dijo.

La capilla ardiente de la escritora Ana María Matute se abrirá este jueves a partir de las 15:00 horas en el tanatorio barcelonés del barrio de Les Corts. Para al viernes está previsto que en el mismo tanatorio se celebre una ceremonia religiosa a las 13:00 horas. Los restos mortales de la escritora serán incinerados.

Una vida, una obra

Con 17 años escribió su primera novela, Pequeño Teatro, que no publicó hasta once años después y con la que obtuvo el Premio Planeta en 1954, aunque antes había llegado Los Abel, una novela inspirada en la historia bíblica de los hijos de Adán y Eva, en la cual reflejó la atmósfera española inmediatamente posterior a la contienda civil desde el punto de vista de la percepción infantil y con la que fue finalista del Nadal en 1947.

En 1952 ganó el Premio Café Gijón por Fiesta al noroeste, galardón al que siguieron los Premios Nacional de Literatura Miguel de Cervantes y de la Crítica por Los hijos muertos en 1959, mismo año en que consiguió el Nadal por Primera memoria. Ese fue el primer título de una trilogía titulada Los mercaderes y que continuaría con Los soldados lloran de noche (1963) y La trampa (1969). Galardonada con el Premio Nacional de las Letras Españolas en 2007 -un año después de ingresar a la Real Academia de Lengua, en 2006- tres años más tarde -en 2010- recibió el galardón culminante de su carrera, el Premio Miguel de Cervantes, uno de los reconocimientos que más deseó y esperó y que le llegó a sus 84.


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