Cultura

Doménico Chiappe: "Escribir este libro fue como si golpeara a un gigante en el hígado"

Una mujer espera, encerrada en una casa, a que ocurran dos cosas: que nazca su hijo y que se haga efectiva la orden de desahucio que la echará de su hogar, del que ha decidido no volver a salir. Se trata de Tiempo de encierro (Lengua de Trapo, 2013), una novela con la que el escritor Doménico Chiappe habla no sólo de la crisis, sino del derecho a decidir sobre la vida, la supervivencia, la libertad de hacerse preguntas.

El escritor Doménico Chiappe.
El escritor Doménico Chiappe. EFE.

Igrid Vucú  y Maelo Lavoce son una pareja joven. Ambos son profesionales: ella editora y él matemático. Esperan su primer hijo. Viven en una casa a las afueras de la ciudad. Es suya, o eso pensaron. Han pagado, puntuales, durante años, una hipoteca, pero el atraso de un mes hará llegar una orden de desahucio. Maelo decide lanzarse a la calle –tribunales, abogados, protestas, se hace okupa-, ella decidirá resistir a su manera: no volverá a poner un pie fuera de su casa. Mientras espera el parto y el desalojo, Igrid habla a la criatura que crece en su vientre, relata cada pensamiento y suceso de ese Tiempo de encierro (Lengua de Trapo, 2013) al que el lector asiste en las páginas de la novela que Doménico Chiappe escribe como si intentara golpear a un gigante en el hígado. "Claro, te rompes la mano y el gigante no siente", admite dejando que sea el tiempo el que diga si valió la pena. En un país como España, en el que llegaron a ejecutarse 216 desahucios al día en 2013, cada vez son más quienes se fracturan algo –la mano, la vida-.

"Más que una novela política, es una novela cívica", dice Chiappe. Narrada en dos ritmos, Tiempo de encierro ilustra las decisiones que no tienen vuelta de hoja. Las de quienes luchan; la de quienes emigran; la de los que dejan cosas atrás –un país, una profesión, unos planes-; la de quienes optan por la vida y quienes deciden quitársela. Doménico Chiappe, escritor y periodista venezolanonacido en Perú, vuelca en las páginas de esta historia trozos de su propia vida –Maelo Lavoce (sí, combinación de Ismael Rivera y Héctor Lavoe), el protagonista, abandona Caracas para venir a Madrid, donde comienza una nueva vida- pero también la de quienes constatan sus propias demoliciones en una historia que podría ser la de miles de personas en España.Es, de hecho, una novela basada en hechos reales, en un caso concreto: existió. Tiene nombres, dolientes, consecuencias.

En Tiempo de encierro, Chiappe retrata en la pareja protagonista dos Españas: la actual y la de hace diez años. Un abismo se abre entre ambas.

Sin querer hacer de estas páginas un pozo severo o, lo que sería peor, un panfleto, una historia excesiva o sentimental, Doménico Chiappe lidia con dos temas: la España actual -la de los seis millones de parados- y la que existía hace diez años atrás. Sin embargo, justamente en el retrato de la segunda, Chiappe se permite -sin dramas, sólo con enumeraciones- dibujar el itinerario del que abandona un país para llegar a otro. En ese doble tiempo, Maelo describe su partida de la Venezuela polarizada y violenta de los años 2000 al 2003, que Chiappe consigue ilustrar desde los zapatos del que espera algo mejor. Por eso el desahucio resulta en Maelo, justo en él, una estampa devastadora. Dejarlo todo atrás para volver a perderlotodo, otra vez. Este, sin embargo, no es un libro de derrotas; tampoco de entusiasmos. Tiempo de encierro es una historia que se propone la vida como aquello que ocurre en una sola dirección: hacia adelante, de ahí que sus protagonistas luchen, resistan, se rebelen.

En esta novela, Doménico Chiappe profundiza en una investigación literaria –y estética- en la que trabaja desde hace ya varios años: la expresión a través de distintos medios. Comenzó en 1996 con Tierra de extracción, una obra multimedia donde se utilizaban varios lenguajes para contar una historia. Después vino Entrevista a Mailer Daemon(2007), una novela editada por La Fábrica que tuvo su propio experimento con una puesta en escena dramatizada y música compuesta en paralelo a la obra literaria. Ahora continúa con un experimento visual para Tiempo de encierro, para la que preparó una especie de cortometraje basado en la historia y que puede verse aquí. También este año ha trabajado en el proyecto literario multimedia Basta con abrir las puertas de un hotel.

-Esta es una novela basada en el despojo. ¿Qué hay detrás de ella?

-El optimismo. Seguir a pesar de todo. Que las circunstancias no hagan que agaches la cabeza. Se puede negociar ciertos aspectos de una vida pero no renunciar a lo esencial. En esta novela se refleja un mundo como si fuera un enorme monstruo que se abalanza contra el individuo. Pero ninguno de los dos protagonistas, la pareja Igrid y Maelo, dejan de luchar, cada uno a su manera, contra ese depredador.

"En esta novela se refleja un mundo como si fuera un enorme monstruo que se abalanza contra el individuo"

-A los conceptos maternidad -casa- resguardo que forman juntas la metáfora de la madre gestante que espera (al mismo tiempo) el desalojo y el nacimiento, se opone constantemente al tema de la muerte: los suicidas, el aborto, la eutanasia.

-Es la paradoja de una mujer que permite que un ser humano la habite, su hijo, cuando al mismo tiempo se prepara para deshabitar el hogar que ha construido durante años. Pero también está el cuerpo y el derecho que tiene todo individuo a decidir qué hacer con él. Desde dejarse habitar, en el caso de la mujer embarazada, como no hacerlo, en caso de que decida abortar. También el derecho a la eutanasia o al suicidio. Son decisiones complejas que no pueden generalizarse ni banalizarse, ni a favor ni en contra, que es lo que escuchamos en el debate público. Ante dos opciones, como son permitir que una vida empiece a costa de la propia o decidir dejar de vivir, Igrid opta por la vida. Por otra parte, esos suicidios son la parte visible del ambiente opresivo que existe fuera de esa casa, donde está encerrada la protagonista.

-Hay en Igrid una cierta irracionalidad: no salir de casa, no dar su brazo a torcer. Es una metáfora, sí pero… ¿de qué?

-Es una rebelión individual, una manera de resistir. Su situación no es racional, el gobierno español no es racional, la ley que impera y que la aplasta no es racional. ¿Por qué tendría que ser racional su reacción? La pareja protagonista tiene trabajo; ninguno de los dos ha dejado de ser productivo y ambos están en sus mejores años. Y sin embargo, se acomete un proceso legal, en el que están en total indefensión, que los convertirá en parias económicos, en seres condenados. El sistema se ha asegurado una nueva forma de esclavitud. Es preferible cualquier cosa a dejar de pagar al banco. El fondo del sistema no es muy diferente al de la esclavitud encubierta de las plantaciones de caucho que retrata, por ejemplo, Quiroga. Ahora se utiliza un giro del lenguaje para culpar a una sola parte de la ecuación.

"Lo que hace Igrid es una rebelión individual, una manera de resistir. Su situación no es racional, el gobierno español no es racional, la ley que impera y que la aplasta no es racional"

-¿Por ejemplo...?

-Esa frase de “vivieron por encima de sus posibilidades”, con lo cual logran tres objetivos: uno, se acusa de irresponsables a los que no tienen, en un momento determinado, cómo hacer frente a su endeudamiento; dos, se exonera a las otras dos partes responsables, el gobierno y las instituciones financieras, y, tres, justifica el desamparo de las familias deudoras. Pero la acusación es falsa. En el momento en que adquirieron la deuda, podían asumirla. No estaba por encima de sus posibilidades porque estas personas, los hipotecados, que son legión, adquirieron una deuda con la certeza, alentada desde las instituciones del Estado, de que podrían pagarla. Y, seguramente, pasado el bache (un bache que no ha superado ninguna persona jurídica o natural sin una reestructuración, moratoria o nuevo endeudamiento) volverían a cumplir con sus obligaciones. Sin embargo, se privilegió, otra vez con la venia del gobierno, el gran negocio del embargo. Hasta que hay alarma social ante el salvajismo injustificado que hemos presenciado en estos años.

-Cuando se viven demoliciones colectivas hay dos registros: el de las historias íntimas y el que todas esas historias producen juntas. Para contar las primeras, la ficción; para contar las segundas, ¿acaso del periodismo? Se lo pregunto porque es periodista e imparte clases ¿Sirve de algo el periodismo que estamos haciendo?

-Creo en el lector inteligente, el que relaciona y suma distintas informaciones y contenidos para crear su propia historia y sacar sus propias conclusiones o desenlaces. La ficción, en este caso Tiempo de encierro, como el periodismo, se complementan. Aunque el paraje periodístico que consume la masa es desolador, hay un periodismo que busca la honestidad y la pluralidad y que se construye de una forma narrativa para combatir las imágenes vacías. La cuestión es que el lector tiene que ser cada día más inteligente, y esto solo es posible con una educación primaria de calidad.

"Escribir este libro fue como si golpeara a un gigante en el hígado"

-Y ahora, su contrario: ¿De qué nos sirve contar un mundo que se nos cae encima? ¿A quién vamos a proteger, a quién vamos a salvar con la ficción?

-Sirve para contradecir el discurso oficial, el triunfalismo de la alianza empresarial y gubernamental sustentado en cifras macroeconómicas, para abrir una grieta en la mirada de lo que se vive en estos tiempos. Escribir este libro fue como si golpeara a un gigante en el hígado. Claro, te rompes la mano y el gigante no siente nada. Pero solo el tiempo podrá decir si sirvió de algo.

-Me interesa el papel de Bi, esta artista plástico, una mujer autoritaria que entra en la vida de la protagonista. Ella es como un vampiro, una sanguijuela más.

-La artista Bi encarna el poder y, a través de sus acciones, se refleja el comportamiento que el poderoso tiene hacia los que no tienen la fuerza para enfrentarles. Pero el poder no solo avasalla, también seduce, subyuga. Avanza con el permiso y la docilidad de los demás, ya sea que tengan intereses económicos o que sientan fascinación por quien ejerce ese poder. Es lo que quería mostrar en esa relación que tiene Igrid con Bi.

"Los editores leen más sus hojas de excel que a sus autores, mientras que los autores temen el menor riesgo, y basta con que consoliden su nombre  para que se hagan dependientes"

-La limpieza de la biblioteca que hace Igrid tiene algo de parodia pero también de crítica contra la industria editorial, contra el propio papel que juegan los libros y los escritores en momentos de descalabro como este.

-Dentro del discurso de Igrid se hace la distinción entre literatura, que a mi juicio goza de buena salud, y el mercado editorial, que vive una crisis privada, provocada por el cambio tecnológico, dentro de una crisis general, producto de la usura y la corrupción. Así el mundo del libro es, en este momento, muy conservador. Los editores leen más sus hojas de excel que a sus autores, mientras que estos autores temen el menor riesgo, y basta con que consoliden su nombre como marca para que se hagan totalmente dependientes, por propia voluntad, de sus agentes o sus editores. No obstante, bajo esa gruesa corteza se sigue creando y se sigue llegando a un público lector. Y se seguirá haciendo porque, por fortuna, la literatura no depende del mercado editorial.

-La narración de Igrid es profusa en detalles, resulta incluso agobiante; la de Maelo es una enumeración, una lista de sucesos que ocurren como quien marca deberes en una lista. ¿Esta no es sólo una decisión formal,¿cierto?

-Las dos tramas, separadas por una década, necesitaban un cambio de ritmo. El punto de vista del narrador, en la trama de Igrid, y el tono, en la de Maelo, me tomaron mucho tiempo. Y una vez que encontré la forma que requería cada historia, pude concentrarme en la emoción y el sentimiento de la narración. Pero para decir solo lo que quieres decir, hace falta dominar la técnica. Al final, se trata de que en cada línea exista la poética, es decir, la exactitud.

"Por fortuna, la literatura no depende del mercado editorial"

-Para quienes la suerte está echada, para los que deciden no volver o no pueden hacerlo, para los que se marchan, Maelo es un personaje duro, doloroso, un luchador con las manos atadas.

-Sí, pero también es alguien que vive el presente, sin nostalgia. Mira hacia el futuro y está dispuesto a hacer lo que tiene que hacer, o lo que cree que tiene que hacer.

-Comparo esta novela con su anterior Entrevista a Mailer Daemon . Aunque ambas interpelan la realidad, Tiempo en encierro parece haber optado por una decisión formal más convencional, ¿o nos equivocamos al pensar esto?

-Pudiera parecerlo porque la experimentación es menos visible, pero existe igual. En la trama principal conviven dos voces, intercalándose, compitiendo. La del narrador, que solo registra lo que hace o dice la protagonista, sobre la que focaliza. Y la voz de la protagonista, cuando habla al feto. No tiene por qué notarse, no tiene por qué producir un salto en la lectura. Pero ahí están. La voz de Igrid contiene el tema, el fondo, que es la disertación sobre el mundo en que vive y del que toma conciencia una vez que estalla su burbuja. La del narrador, la trama, el desahucio, la vida de los desahuciados. Una voz intenta imponerse sobre la otra. Y es una tensión, además de la dramática, que coexiste durante todo el libro. Por otra parte, está el ritmo corto y deslavazado de la trama de Maelo, deudor de las redes sociales, de las intervenciones breves.

- “Una vez iniciada una vida no hay marcha atrás”, dice el padre de Maelo… ¿pero siempre nos queda la ficción para enmendar, cierto? ¿Será ese el verbo, enmendar...?

-La ficción es libertad.


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