Cultura

Pablo d'Ors: "Mis libros no son catequesis disfrazada de literatura"

'Contra la juventud' es la más reciente novela de Pablo d'Ors, sacerdote, teólogo y escritor, quien regresa tras el éxito de la 'Trilogía del silencio'. En esta ocasión, el autor de 'Andanzas del impresor Zollinger' y 'Biografía del silencio' desmitifica una edad en la que la inexperiencia siembra la devastación.

Pablo d'Ors.
Pablo d'Ors.

La juventud está sobrevalorada. Ningún joven es él mismo, ni siquiera aquello que desea, sino aquello que le gustaría ser. En esa larga estepa, la inexperiencia siembra la devastación.El escritor y sacerdote Pablo d'Ors se propone demostrarlo en su más reciente novela, Contra la juventud (Galaxia Gutenberg), una historia sobre la iniciación, una exploración literaria sobre la formación de la identidad.

En las páginas de este libro, Pablo d’Ors cuenta la historia de Eugen Salmann, un joven de 26 años que viaja de Berlín a Praga -justo tras la caída del muro de Berlín- con la intención de abrir una sucursal de la agencia de publicidad para la que trabaja y, claro, cumplir su sueño de hacerse escritor en la tierra de sus admirados Kafka y Milan Kundera.

A veces ñoño y necio, en otras acaso exagerado y gracioso esperpento, Eugene Salmann se da de bruces contra al muro de la realidad. Aunque lo desea, ni trabaja ni escribe. Se inicia torpemente en el amor –siempre con mujeres mayores- y se deja colar por el del desagüe del desencanto y el sufrimiento casi adolescente con el que ensombrece sus días. Eso sí: no sin humor.

Se trata, en palabras del propio autor, de una novela sobre la épica del individuo que desmitifica la juventud. Con "ironía y compasión", asegura D’Ors, ha escrito una historia sobre el joven que todos somos o hemos sido, un libro que es espejo y ventana al mismo tiempo. Sacerdote y fundador de la asociación Amigos del Desierto, dedicada a la profundización y difusión de la meditación y del silencio y, D’Ors fue expresamente nombrado por el papa Francisco como consejero cultural del Vaticano.

"Contra la juventud, pero no contra los jóvenes. La juventud es una época de la vida mitificada e idealizada"

Su obra literaria está conformada por la Trilogía del silencio, que incluye El amigo del desierto (2009), la Biografía del silencio (2012), que en dos años alcanzó diez ediciones con 25.000 volúmenes vendidos, y El olvido de sí (2013). Previamente publicó la Trilogía de la ilusión, con Andanzas del impresor Zollinger (2003 y 2013), traducida a varias lenguas y adaptada al teatro en Italia, El estupor y la maravilla (2007), y Lecciones de Ilusión (2008); así como la Trilogía del fracaso, con El estreno (2000), Las ideas puras (2000) y Contra la juventud (2015).

-La juventud tiene algo de mito, pero la vejez tampoco mejora las cosas. ¿Con qué nos quedamos?

-Contra la juventud, pero no contra los jóvenes. La juventud es una época de la vida mitificada e idealizada. En la vida adulta nos sentimos más plenos y mejores que cuando éramos jóvenes. No sabemos qué queremos ser. Todo se basa en el ensayo y en el error. Pero no es la plenitud.

-Este aspirante a escritor, Eugene Salmann, se mueve entre la excesiva candidez y la todavía más exagerada inexperiencia. ¿Realmente su protagonista tiene 26 años?

-Hay gente que con cuarenta todavía es más cándida -risas-. Eugene es un adolescente tardío, alguien que está aprendiendo a decir tú, aunque en realidad dice yo permanentemente. Es un personaje que vive en un micromundo, asfixiado en sus pequeños problemas.

"Este personaje no puede escribir porque todavía no ha vivido. No tiene nada que decir"

-Bueno, lo de creerse Kafka no es nada sencillo.

-Este personaje no puede escribir porque todavía no ha vivido. No tiene nada que decir. La literatura no nace de la vida sino de la literatura misma. La verdadera literatura nace del silencio y se aboca a él. Es necesaria la convivencia con uno mismo. Eso permite que la palabra esté preñada.

-Después de la Trilogía del silencio, ¿qué significa esta novela?

-Yo soy autor de una sola obra, que se despliega en varios libros. Me considero un escritor de la luz. La mayoría de los escritores se quedan en la existencia como drama, muy pocos hablan de que la vida puede ser hermosa y constructiva. Me obsesiona como narrador la claridad. La simplicidad es una necesidad básica del ser humano.

-Sin embargo, en sus libros nunca llega usted a actuar como el predicador de una vida hermosa.

-Mis novelas son de ideas pero no son ideológicas. Se convertirían en catequesis disfrazada de literatura. Así como la filosofía pretende entender la realidad, la novela se centra en la incertidumbre. Por eso Kafka sobrevuela toda la ficción. Kafka me interesa como arquetipo de escritor, porque él vivió la literatura como una religión: se sacrificó a sí mismo en el altar de las letras. Eso significa que él identifica escritura y vida interior.

"Mis novelas son de ideas pero no son ideológicas. Se convertirían en catequesis disfrazada de literatura"

-¿Qué piensa del predominio de la autoficción?

-Entiendo la novela como una exploración en la identidad a partir de un ejercicio imaginario. La novela es típica del individuo, nace con la modernidad y supone afirmación del sujeto. Lo que es capital es el personaje, el protagonista. Teresa de Ávila hizo autoficción, habla de manera descarada de sí misma. Porque esa cosa tan personal viene a ser universal.

-En su caso, ¿qué vino primero: la vocación literaria o la religiosa?

-Primero quise ser escritor y luego sacerdote. En un comienzo vivía ambas vocaciones de manera más conflictiva, ahora las vivo de manera armónica. La veo como la vocación a la palabra y la vocación al silencio. La literatura apela a lo místico, al silencio, pero está hermanada con la poética.

"Primero quise ser escritor y luego sacerdote. En un comienzo vivíambas vocaciones de manera más conflictiva"

-Qué se parece más la oración… ¿la lectura o la escritura?

-Hay afinidad en ambas. En el fondo no son actividades  contrapuestas, el lector se transforma en autor. Teresa de Ávila decía que no acudía nunca a orar sin un libro en las manos, la lectura derivaba en oración y eso en contemplación. Ambas son actividades purgativas. Nos permiten depurar nuestra propia sombra.

-Hay un cierto humor en las desgracias del protagonista. Aunque no excesivo.

-La novela nace con el sentido del humor: Boccaccio o Cervantes parten de la capacidad de reírse de uno mismo. Kundera es el humor, Hesse también. La novela es dura pero también es compasiva y eso me parece algo como para subrayar. Hay muy pocos escritores compasivos. Parece que la lucidez y lo despiadado tienen que ir de la mano, que no se puede ser lúcido y compasivo a la vez.

"Hay muy pocos escritores compasivos. Parece que la lucidez y lo despiadado tienen que ir de la mano"

-Uno de los rasgos de Eugene sufre una especie de insatisfacción permanente. En ese aspecto, la juventud no se cura nunca.

-La aspiración del ser humano es la unidad. Nuestro problema es la fractura: estamos divididos dentro de nosotros y con respecto a los demás. La novela siempre es un canto a la fractura y a la nostalgia de esa unidad a la que aspiramos unidad. Por eso este libro tiene tres temas: la poética, la erótica y la mística. caminos para llegar a la unidad. La unidad de los cuerpos en la erótica es la que se busca en las almas en el misticismo.

-Usted fue nombrado, a petición del propio papa Francisco, consejero del Pontificio Consejo de la Cultura. ¿Le conoce?

-Le he conocido hace cuatro días.

-¿Qué piensa de él?

-El Papa Francisco es un padre en un mundo sin padres. Con todo lo que eso comprar de autoridad, de acogida, de comprensión, de tutela, por fin surge alguien que vive la paternidad sin complejos-. Es una persona que irradia credibilidad, convicción, franqueza, coherencia entre su decir, su hacer.


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