Cultura

Eleanor Catton: "Don Quijote pertenece a la mejor narrativa contemporánea ,¡y fue escrito hace 400 años!"

La escritora neozelandesa Eleanor Catton, la más joven en ganar el Man Book Price en 2013 con Las Luminarias, ha visitado España para hablar de esta novela de misterio ambientada en la fiebre del oro de finales del siglo XIX y que ahora publica en España la editorial Siruela.

Eleanor Catton.
Eleanor Catton. Robert Catton.

La neozelandesa Eleanor Catton recibió el Man Book Price, el más prestigioso del Reino Unido, con tan sólo 28 años. No sólo ha sido la escritora más joven en ganarlo, sino que el libro con que lo obtuvo, Las luminarias, ha sido el más largo en la historia del premio: más de 800 páginas. A pesar de eso, Catton ha podido sobreponerse a semejante éxito. O al menos eso podría pensar quien la escucha.

De conversación relajada y sin militancias ni estridencias, tampoco posiciones juradas, Catton mantiene sin embargo sus ideas muy claras. Está convencida de que la auto ficción no es lo suyo y que si le preguntaran por un libro totalmente contemporáneo respondería sin dudar el Quijote. Catton ha visitado Madrid esta semana para presentar Las luminarias, una historia de misterio ambientada en la Nueva Zelanda de 1886, en plena fiebre del oro y que ahora llega a España traducida y editada por Siruela.

Fue la escritora más joven en ganar el Man Book Price, scon el libro más voluminoso en la historia del premio.

Una trama de asesinatos por descubrir pone en marcha una estructura ciclópea en la que tanto el zodíaco como la astrología juegan un papel fundamental al momento de hilar hechos que parecen fortuitos. Una prostituta es arrestada en enero de 1866. Ese mismo día se descubre una fortuna en la casa de un borracho indigente, un hombre rico desaparece y un capitán de navío leva anclas. Los doce hombres más poderosos de la ciudad se reúnen para analizar estos hechos pero son interrumpidos por la llegada de un extraño, un joven que también guarda su propio secreto.

Con una "tremenda vocación literaria" pero sin perder de vista la necesidad de entretener al lector -aseguró la prensa británica- Catton consiguió con esta novela lo que más le gusta: explorar la forma, trabajar la estructura, sin perder de vista que la lectura debe capturar a quien la inicia. "Quería escribir de misterio, porque en ese tipo de historias ocurre buena parte de la esencia de leer un libro: querer avanzar y conocer qué va a ocurrir", explica Catton.

-Ha sido la escritora más joven en ganar el Man Book Price. Ha dicho que Las luminarias tuvo una acogida no del todo entusiasta justamente por eso. ¿Sobrevivió usted al bullying literario?

-Cuando generalizas siempre ocurren estas cosas. Es cierto que en algunas reseñas noté rechazo por ser joven, de la misma forma que hubo unas muy buenas y estimulantes. Visto en perspectiva creo que fueron más las de apoyo que las de rechazo.

No tengo ningún interés en mí misma. No soy una escritora autorreferencial.

-Pero, espere, ganar el Man Book con un segundo libro tiene un efecto paralizante. La pregunta es … ¿cuánto le ha durado?

-Sí, sin duda esa sensación existe. En términos de éxito voy a tener que familiarizarme con el hecho de que, sea lo que sea lo próximo que escriba va a ser comparado con Las Luminarias, pero eso me parece interesante. Tampoco creo que un escritor deba escribir para ganar premios. Debe hacerlo porque lo ama y le interesa, y le ayuda a reponerse preguntas.

-Una historia de misterios con crímenes sin resolver ambientada en el siglo XIX. Resulta curioso, y gratificante, que rehúya usted de la autoficción.

-No tengo ningún interés en mí misma. No soy una escritora autorreferencial. Me parece aburrido. Utilizarse a uno mismo como tema literario puede estar bien, pero es tan aburrido. Además, te estás limitando a una pequeñísimas parte de lo que puedes hacer con una novela: originalidad, posibilidades narrativas.

-¿Y su interés en la estructura decimonónica, de dónde proviene?

-Quería escribir de misterio, porque en ese tipo de historias ocurre buena parte de la esencia de leer un libro: querer avanzar y conocer qué va a ocurrir. Me preguntaba si sería capaz de hacer algo así. Pero me di cuenta de que la novela de misterio contemporánea es extremadamente difícil de hacer. La tecnología ha hecho el mundo muy poco misterioso para nosotros.

"La tecnología ha hecho el mundo muy poco misterioso para nosotros".

-O no…

-Es muy difícil que alguien pueda desaparecer hoy en día o robar la identidad de otro tal y como entendemos que eso ocurre. Hay novelas de crímenes, pero no son libros de misterio. Por eso me di cuenta de que tenía que echar atrás en el tiempo. Escogí Nueva Zelanda porque es el lugar que mejor conozco en el mundo. Y si hay una etapa de la historia que me interesa es justamente la que aparece en libro: la fiebre. Es una idea romántica: la promesa de que habrás de convertirte en una persona distinta. Es una ilusión, claro…

-Espere, pero hay en la novela una paradoja. Detrás de este inmenso andamiaje de sospechosos hay una idea de fondo: los personajes intentan controlar su vida, pero se enfrentan a la idea de que el destino se impone.

-Esa contradicción existe también en nuestra vida. Quise jugar con esa duplicidad y cuestionar la idea de que, como personas, no estamos predestinadas o hechas completamente de voluntad, sino ambas. Una se relaciona con la otra, una determina y completa a la otra. Aquellas personas que desprecian los puntos del universo que no son del todo explicables no me parecen de fiar. Todo lo que vemos es un resultado de lo que decidimos, pero también de lo que no ocurre. Un niño que no habla y que todo el mundo le repute, una y otra vez que es tímido, será tímido.

-¿Qué tanto ha cambiado desde su primera novela, El ensayo general, hasta Las luminarias?

-Puede que parezcan dos libros completamente distintos, pero creo que hay similitudes también. Estoy muy interesada en la forma de la novela, también en la idea de la duplicidad: las personas como arquetipo o como personaje. La ficción permite ahondar en eso. En el primer libro eran personajes que actuaban como actores de un personaje más. En este hay personas que se comportan, a su vez, como arquetipos. Eso es algo que comparten ambos.

"A veces pienso que en el siglo XX la novela se propuso innovar o ser entretenida, pero eso sí: por separado".

-No es por insistir pero, justamente, la novela decimonónica se sostiene sobre arquetipos; grandes ideas y categorías volcadas en un personaje.

-Sí, es cierto. A veces pienso que en el siglo XX la novela se propuso innovar o ser entretenida, pero eso sí: por separado. Es una pena. La literatura del siglo XX se obsesionó con crear una alta literatura y una literatura popular. Si lees a Shakespeare, verás que hay ambas cosas. Es tonto crear esos compartimentos. Puedes tener ambos y debes tener ambos. Don Quijote hace lo mismo: es gracioso, es ágil, es moderno. Don Quijote forma parte de la mejor narrativa contemporánea , ¡y fue escrito hace 400 años!


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